Y una última apreciación antes de comenzar: aunque las distintas formas de representación de los personajes serán variopintas, sí hemos observado que los emblemas que se insertan en un losange (rombo) y que, muchas veces, está adornado con lóbulos (semicírculos), representan siempre a un rey o a una reina.
Interpretación de la iconografía heráldica de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara en Salamanca.
miércoles, 8 de marzo de 2023
Lo que nos cuenta la techumbre
Berenguela la Grande
domingo, 5 de marzo de 2023
Berenguela, reina de León
A finales del siglo XII, los reinos de León y de Castilla, gobernados por Alfonso IX y Alfonso VIII respectivamente, se desangraban en una guerra por el dominio de sus castillos y comarcas fronterizas. La reina de Castilla, Leonor, del linaje Plantagenet-Aquitania, familia bajo la protección de santo Tomás Cantuariense, el santo cuyo emblema era la chova piquirroja, vio en el matrimonio de su hija primogénita Berenguela con el rey de León la solución definitiva a tan desgraciado conflicto, aunque primero tendría que convencer a su marido, que no estaba muy por la labor de hacerle concesión alguna a su primo y peor enemigo.
Estando León y Castilla en paz, Berenguela aparentemente feliz con el matrimonio acordado por sus padres y disfrutando ésta de sustanciosas rentas, el año 1204 fue el annus horribilis de los Plantagenet, ya que ocurrieron tres hechos desgraciados:
- La muerte a los ochenta y dos años de Leonor de Aquitania, madre de Leonor Plantagenet y abuela de Berenguela.
- La anulación por parte del papa Inocencio III del matrimonio de Alfonso IX y Berenguela, ya que la reina era hija de Alfonso VIII, primo carnal del rey de León.
- La muerte con apenas trece años en Salamanca de la infanta Mafalda de Castilla, hermana de Berenguela, cuya presencia en la ciudad parece que se debía a que iba a casarse con el infante Fernando de León, apodado "el Portugués", fruto del matrimonio de Alfonso IX con María Teresa de Portugal, también anulado por Roma en el año 1196 ya que los contrayentes eran primos carnales.
Leonor Plantagenet, reina de Castilla
Leonor Plantagenet (1160-1214) fue hija de la más famosa de las reinas medievales, Leonor de Aquitania, y del rey Enrique II de Inglaterra, el supuesto inductor del asesinato del arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, elevado a los altares y conocido en estas tierras nuestras como santo Tomás Cantuariense.
En 1170, con tan sólo diez años de vida, Leonor Plantagenet contrajo matrimonio con el futuro vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa, el rey Alfonso VIII de Castilla (1158-1214), contando él con catorce años. Con este matrimonio Castilla mostraba su apoyo a los Plantagenet-Aquitania, que reinaban en Inglaterra y señoreaban territorios franceses frente a sus rivales, los Capeto, que reinaban en Francia. Asimismo, se fortalecía la posición castellana frente al resto de reinos cristianos peninsulares (León, Portugal, Navarra y Aragón) y se alcanzaba un mayor protagonismo internacional.
Pero lo relevante para el caso que nos ocupa, la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, es que la llegada a Castilla de Leonor Plantagenet y su nutrido séquito fue un factor determinante en la difusión del culto a santo Tomás Cantuariense en los reinos cristianos peninsulares. Sabemos que el 30 de abril de 1179 la reina Leonor asumió la protección de una capilla dedicada al santo situada en la catedral de Toledo, que había sido fundada dos años antes por el matrimonio formado por los condes Nuño Pérez de Lara y Teresa Fernández de Traba, dama que llegaría a ser reina de León al casarse en segundas nupcias con el rey Fernando II (1137-1188). Con este gesto en la sede eclesiástica más importante del reino de Castilla, Leonor mostraba su devoción por santo Tomás Cantuariense al tiempo que contribuía fielmente al anhelo de expiación de su padre.
Aunque no existe evidencia
documental, se piensa que Leonor también tuvo un papel determinante en la
difusión del culto en la provincia de Soria, donde se conservan dos
excepcionales obras artísticas dedicadas al martirio de Becket. La primera es
el frontal del altar de piedra de la iglesia de San Miguel de Almazán, fechado
en torno al año 1200. La segunda obra relacionada con la
recepción de dicho culto en esas tierras se halla en la propia ciudad de Soria,
lugar de nacimiento de Alfonso VIII, en la iglesia de San Nicolás, donde se conserva una capilla decorada con un interesante ciclo
pictórico dedicado a Becket.
Cabeza de una estatua que se cree que representaba a la reina Leonor Plantagenet en la catedral de Cuenca, ciudad conquistada por su esposo, Alfonso VIII, en 1177.
Pero el caso es que Leonor Plantagenet era reina de Castilla y nuestra techumbre se encuentra en Salamanca, territorio del reino de León, en ese momento gobernado por el rey Alfonso IX, primo carnal y a la vez feroz enemigo de su esposo, Alfonso VIII de Castilla. ¿Cómo fue entonces que la chova piquirroja, el emblema atribuido a santo Tomás Cantuariense, terminó pintada en la techumbre de una iglesia de Salamanca?
Para saber más sobre la introducción del culto a Sto. Tomás Cantuariense en los reino de Castilla y de León, véase el artículo "Tomás Becket y la Península Ibérica: imágenes. reliquias y comitentes" de Carles Sánchez Márquez y publicado en el número 32 de la revista Románico.
sábado, 4 de marzo de 2023
El asesinato de Thomas Becket y el rey penitente
La noche del 29 de diciembre de 1170 cuatro caballeros de la corte de Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra, duque de Normandía y conde de Anjou, irrumpieron armados en la catedral de Canterbury y asesinaron a sangre fría al arzobispo de dicha sede, Thomas Becket. El religioso y el monarca habían sido muy buenos amigos en el pasado, pero llevaban años enfrentados, entre otras causas, por el empeño de Enrique en someter a los sacerdotes a la jurisdicción civil, que, según él, debía ser la misma para todos sus siervos.
Por lo visto, el rey, durante un arrebato de ira, había afirmado: «¡Qué miserables traidores he alimentado y educado en mi casa, que dejan que su señor sea tratado con este vergonzoso menosprecio por parte de un clérigo!». Cuatro de los nobles que oyeron las palabras de Enrique se sintieron aludidos y se dispusieron a hacer justicia por su cuenta para mitigar su vergüenza. Los infames caballeros eran Reginald Fitz Urse, Hugh Morville, William Tracy y Richard de Brito.
La noticia de lo ocurrido esa aciaga noche de diciembre en la catedral de Canterbury se extendió como un incendio por toda Europa y fue recibida con pesar e indignación en todas partes. En un principio, Enrique rehusó castigar a los asesinos, lo que despertó las sospechas de todo el mundo respecto a la implicación del monarca en el homicidio, hecho que, a su vez, causó gran consternación al monarca.
Al poco tiempo de la muerte de Becket se le atribuyeron curaciones milagrosas y su ciudad se llenó de enfermos buscando alivio a sus padecimientos. Al principio se impidió el acceso a la tumba del arzobispo, pero, en 1171, se terminó permitiendo el paso a la cripta ante la desbordante demanda de gentes venidas de todas partes.
En reconocimiento por su martirio y milagros el papa Alejandro III canonizó a Becket como santo Tomás de Canterbury en 1173, cuando aún no habían pasado ni tres años desde su asesinato. De este modo la capilla de la catedral de Canterbury que albergaba el sepulcro del malogrado arzobispo se convirtió en el foco más importante de peregrinación durante toda la Edad Media en Inglaterra; todo el mundo quería honrar a aquel santo que obraba milagros y al que se le atribuía haber defendido los derechos de la Iglesia de Cristo frente a la tiranía de la realeza.
El rey Enrique II, probablemente menos arrepentido que desesperado por congraciarse con el papado, se sometió en 1174 a la humillación pública de caminar descalzo por las calles de Canterbury para terminar arrodillándose delante del sepulcro de santo Tomás, al tiempo que reconocía su implicación en el asesinato y se dejaba flagelar por unos monjes armados con ramas. Desde ese día, el monarca inglés adoptó al Cantuariense como protector de su dinastía, creándose así un culto familiar que se promovería allí donde ejerciera el poder un o una Plantagenet.
Las chovas piquirrojas del convento de Santa Clara
En el Museo de Pintura Medieval de Santa Clara, en Salamanca, se puede observar, a la altura de los ojos, gracias a unas pasarelas instaladas con este propósito, una preciosa armadura decorada con ciento cincuenta emblemas, de los que sesenta son diferentes. Esta joya del arte medieval permaneció oculta hasta el año 1973 entre la bóveda de la iglesia barroca construida sobre el anterior templo, consagrado a mediados del siglo XIII, y el tejado del convento, así que, por lo tanto, se cumplen ahora cincuenta años de su descubrimiento. Entre las figuras representadas en el arrocabe de la armadura hay leones, castillos, un par de arpías y otro par de dragones, pero sobre todo destacan unas aves con plumaje negro y pico y patas rojas, córvidos que no se pueden ver en los campos de Salamanca y que tampoco se suelen encontrar representados en ningún otro edificio civil o religioso, habiendo sido el biólogo salmantino Raúl de Tapia Martín (Raúl Alcanduerca) el primero que advirtió de su presencia por medio de una entrada en su muro de Facebook, que comenzaba con la pregunta "¿Un ornitólogo en el siglo XIV?".
https://www.facebook.com/profile/100002091889885/search/?q=chova%20piquirroja
Al comienzo de la investigación, prestando solamente atención a las chovas piquirrojas e ignorando el resto de los emblemas, pensábamos que cuando se consagró la iglesia del convento, unos setenta años después, quizá se hiciera teniendo en cuenta la advocación de este otro templo cercano, y que pudiera haber sido de esta manera cómo los pájaros "volaron" de uno a otro. ¡Cuántas cosas nos quedaban por aprender y descubrir todavía!
Así comenzó todo...
Raúl de Tapia Martín, biólogo y divulgador científico, fue el primero en citar un ejemplar de Pyrrhocorax pyrrhocorax en el conjunto iconográfico que decora el arrocabe y los cuadrales de la armadura de la iglesia del convento salmantino de Santa Clara, algo que despertó nuestra curiosidad como personas que, casualmente, disfrutamos aprendiendo sobre temas relacionados con la Ornitología y la Historia, dos disciplinas que no suelen ir precisamente de la mano.
Subimos muchas veces a admirar la techumbre de la antigua iglesia del convento como esos niños que, a pesar de las
advertencias de no hacerlo, ascienden furtivamente las escaleras del sobrao de
la casa de sus abuelos para fisgar en los carcomidos arcones. No es que nos hubieran prohibido hacer tal cosa, pero ya por entonces sentíamos una cierta desazón, ya que parecía que esta historia, que apenas comenzábamos a hilvanar, iba a convertir ese sobrecogedor espacio en el desván de la historia de nuestra ciudad y por ende de los reinos de León y de Castilla, algo que, desde luego, nos quedaba muy grande.
Así que, en realidad, la culpa fue de un ave, sí, concretamente de
una chova piquirroja, ese córvido de pico y patas de
color encarnado que en nuestra península ibérica habita los tajos fluviales, las
escarpadas paredes altimontanas, los roquedos serranos y, en general, los más abruptos y ásperos parajes. Curiosamente, y eso
fue el principio de todo, la misma ave que aparece representada, en número de
tres, en el escudo de la ciudad británica de Canterbury.
A continuación les exponemos los hechos que indican hacia
una dirección, ustedes serán el jurado…
Charo García de Arriba
Miguel Ángel Martín Mas
Salamanca, 4 de marzo de 2023
La carpintería que me atrapó entre sus lazos
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Desde que comenzó esta aventura, la búsqueda de la explicación al respecto de por qué hay cinco chovas piquirrojas pintadas en la techumbre ...
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Hoy, 29 de diciembre de 2025, dándose una feliz casualidad, ya que precisamente se celebra el día de santo Tomás Cantuariense, os comunicamo...
































