miércoles, 8 de marzo de 2023

Lo que nos cuenta la techumbre

Una vez que la reina Berenguela nos ha recibido en el interior de la iglesia, podemos distinguir un tripe discurso narrativo en la decoración de la techumbre, si bien todo confluye para dejar constancia en un espacio sagrado de la legitimidad de su nieto, el infante Alfonso, futuro monarca X de su nombre, para reinar tanto en León como en Castilla.

El primer relato es el que contiene la U que dibujan los cuadrales y los arrocabes laterales a partir del segundo tramo de tabicas. En estas maderas se narra la sucesión del reino de León de Alfonso IX a Fernando III y de éste, pasando por el tramo que representa a su primera esposa; Beatriz de Suabia, y por el que representa a la segunda, Juan de Ponthieu, al infante Alfonso.


Representación de la muerte de Alfonso IX de León en 1230.


Representación de la proclamación de Fernando III de Castilla como rey de León en 1230.


Representación del compromiso la infanta Violante de Aragón y el infante Alfonso, en ese momento tenente de Salamanca y gobernante del reino de León en nombre de su padre Fernando III.

El segundo relato es el plasmado en el arrocabe trasero, que contiene un recorrido por los territorios que la familia Castilla-Plantagenet sentía como propios aparte de los reinos de Castilla y de León. 


Representación del rey de Inglaterra, del rey de Castilla y de León y del emblema del santo protector de la familia Plantagenet-Aquitania.

Por último, el primer tramo del arrocabe derecho y el primero del izquierdo contienen un rico programa iconográfico que, en nuestra opinión, tiene como fin ofrecer al heredero un speculum princeps, es decir, ejemplos de vida y de gobierno en los que mirarase durante su formación como monarca en los tiempos en los que era tenente de Salamanca.


Representación del infante Alfonso como tenente de Salamanca, como posible aspirante al trono del Sacro Imperio Germánico, como líder de la cruzada que los cinco reinos cristianos luchaban en la península ibérica...

En cada una de estas narraciones visuales las figuras zoomorfas que contienen algunos emblemas nos señalan el sentido en el que la historia se desarrolla. De esta forma, en el primer discurso todas las figuras miran hacia el altar, en el arrocabe trasero miran hacia el lado derecho (el de la epístola) y, por último, en el primer tramo a uno y otro lado del arrocabe las figuras zoomorfas del lado izquierdo,relacionadas con la familia Castilla-Plantagenet, miran hacia la el arrocabe trasero, mientras que las figuras del lateral derecho, alusivas al infante Alfonso, miran hacia las tabicas que representan la sucesión leonesa y hacia el altar. En consecuencia con el triple discurso que contiene la techumbre, referido a distintos linajes reales, debemos añadir que el conjunto pictórico presenta dos tipos de leones: los púrpura del reino de León y los color oro de los Plantagenet-Aquitania.


Galgo en el arrocabe derecho. 


León Plantagenet en el primer tramo del arrocabe izquierdo.


Chova piquirroja en el arrocabe trasero.

A pesar de que hay tres alturas diferentes en cada tramo del arrocabe, en las descripciones nos referiremos al lineal inferior y al lineal superior, despreciando la alternancia de leones y castillos que queda aún más arriba. Dicha alternancia indica que, tras muchos avatares, en el año 1230 los dos reinos, que llegaron a estar en guerra a finales del siglo XII, confluyeron en el correinado de Berenguela y su hijo Fernando.


A lo largo de los arrocabes laterales se da una clara complementariedad entre cada tramo de tabicas de un lado y el que tiene enfrente, reflejándose en el lado izquierdo las defunciones y en el derecho los triunfos de distintos miembros de la familia de Berenguela.

El lineal inferior de emblemas representa, enmarcado en leones similares a los que aparecen en el signum regis de Fernando II de León, episodios o personajes históricos de la vida del reino. En general, la línea sigue la norma de repetir cuatro veces el mismo emblema, pero otras veces hay solamente dos emblemas presentados de forma alterna,



Uno de los leones que enmarcan a derecha e izquierda el lineal inferior de cada lienzo.


Representación de Juana de Ponthieu, segunda esposa de Fernando III, con cuatro emblemas flanqueados por leones.

Uno de los aspectos fundamentales a tener en cuenta antes de enfrentarse a la interpretación de la decoración de esta armadura es que nos encontramos en los comienzos de la heráldica. Las normas no están definidas y lo que veremos aquí serán más bien emblemas que representan a personas y sus circunstancias que escudos de armas familiares, tal y como los entendemos hoy en día. De hecho, uno acaba con la sensación de que la heráldica hispánica se está gestando en esta techumbre. Los emblemas se emplearán para representar sentimientos y situaciones como el luto y la muerte o para identificar territorios, personajes o grupos de personas concretos por medio de elementos que fueron importantes en su vida pública o privada.


Trabajando la carpintería de lo blanco. 

Y una última apreciación antes de comenzar: aunque las distintas formas de representación de los personajes serán variopintas, sí hemos observado que los emblemas que se insertan en un losange (rombo) y  que, muchas veces, está adornado con lóbulos (semicírculos), representan siempre a un rey o a una reina.



Artesanos pintando las tabicas que formarán parte del arrocabe de una techumbre. 

Berenguela la Grande

Antes de que en el siglo XVIII quedara oculta la armadura de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, al atravesar la puerta de entrada del templo, si levantabas la vista para admirar la elaborada decoración del arrocabe, lo primero que veías eran dos castillos de tres torres en color oro y dos aves de pico y patas de intenso color rojo. De esta manera te daba la bienvenida la reina Berenguela la Grande, monarca consorte de León de 1197 a 1204, año éste último en el que el papa Inocencio III anuló su matrimonio con el rey Alfonso IX, alegando parentesco entre los cónyuges.


Berenguela se nos da a conocer en el lineal inferior de este lienzo central con esos dos castillos de oro de tres torres sobre campo de gules, el emblema de su padre, el rey de Castilla, Alfonso VIII, el mismo motivo que se puede contemplar labrado en el sepulcro del monarca en el Real Monasterio de Las Huelgas de Burgos. Pero la reina de León también nos quiere presentar sus orígenes maternos, y lo hace por medio de dos chovas piquirrojas, el emblema de santo Tomás de Canterbury, el santo protector de la dinastía a la que pertenecía su madre, Leonor Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania y hermana de los reyes de Inglaterra Ricardo Corazón de León (1157-1199) y Juan sin Tierra (1166-1216).


Este lienzo de la techumbre, que tiene su igual justo enfrente, está decorado en el lineal superior con dos flores de lis, símbolo de la realeza en general y de la leonesa en particular. 


Flor de lis con dos cetros cruzados que aparece en distintos puntos del arrocabe de la armadura. Los cetros quizá aludan a los dos reinos, León y Castilla, o a la correinancia entre madre e hijo, Berenguela y Fernando III.


Alfonso III de León (852-910) representado con un cetro coronado con una flor de lis en una  miniatura del siglo XII.


Signum  de Urraca de Portugal, reina de León, madre de Alfonso IX y suegra de la reina Berenguela, representándose con una flor de lis en la mano en un documento fechado en 1218 y conservado en el archivo de la catedral de Zamora.


Alfonso IX y Berenguela, ella portando un cetro que termina en una flor de lis. 


Alfonso VII de León (1105-1157) sosteniendo un cetro con flor de lis. Detalle de unas pinturas de mediados del siglo XIII que se encuentran en el monasterio de Valbuena de Duero (Valladolid).

En este mismo lienzo campean sobre los emblemas de los padres de Berenguela escudos de Castilla y León que presentan un cuartelado novedoso para la época, ya que se hace en aspa o sotuer. Los heraldistas suelen atribuir a los descendientes de Pedro III de Aragón, fallecido en 1285, la partición en sotuer, mientras que atribuyen el cuartelado en cruz a Fernando III de Castilla. Sin embargo, esta techumbre, sobre la que se representan por medio de emblemas hechos ocurridos hasta el año 1240, ya ofrece dicha novedad heráldica. En todo caso, lo que conviene destacar ahora es que el emblema cuartelado en cruz con castillos y leones solamente podía emplearse para representar al monarca único de esos dos reinos, mientras que los miembros de la familia real podían lucir esas mismas armas, pero con una brisura, es decir, una modificación, por ejemplo la que vemos aquí, la de cuartelar en aspa en vez de en cruz. 

Berenguela, por tanto, era merecedora de ser representada con un cuartelado de leones y castillos, aunque brisado, eso sí, ya que fue:

- Regente de Castilla entre 1214 y 1217, tras la muerte de sus padres Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, y dada la minoría de edad de su hermano Enrique;

- Reina de Castilla en 1217 a raíz de la muerte de su hermano Enrique a la edad de trece años.

- Correinante del reino de Castilla de 1217 a 1230, tras cederle la corona a su hijo, que pasaría a la historia como Fernando III el Santo. 

- Correinante de Castilla y de León hasta su muerte en 1246 y desde que se alcanzara un pacto entre ella misma y Teresa de Portugal, primera esposa de Alfonso IX, por el que las infantas Sancha y Dulce, las hijas de Teresa, renunciaban a sus derechos. Gracias a este pacto entre las dos madres el hijo de Berenguela sería coronado como rey de León en 1230. 


Emblema que creemos que representa a Berenguela de León y de Castilla, reinos que desde 1230 tuvieron un mismo rey, Fernando III el Santo, hijo de Berenguela de Castilla y Alfonso IX de León. Es el emblema de su hijo pero brisado, con el cuartelado realizado en sotuer en vez de en cruz.


Visión general del lienzo "Berenguela la Grande".

domingo, 5 de marzo de 2023

Berenguela, reina de León

A finales del siglo XII, los reinos de León y de Castilla, gobernados por Alfonso IX y Alfonso VIII respectivamente, se desangraban en una guerra por el dominio de sus castillos y comarcas fronterizas. La reina de Castilla, Leonor, del linaje Plantagenet-Aquitania, familia bajo la protección de santo Tomás Cantuariense, el santo cuyo emblema era la chova piquirroja, vio en el matrimonio de su hija primogénita Berenguela con el rey de León la solución definitiva a tan desgraciado conflicto, aunque primero tendría que convencer a su marido, que no estaba muy por la labor de hacerle concesión alguna a su primo y peor enemigo.

En agosto de 1197 tropas aliadas de los reinos de Castilla y de Aragón tomaron los castillos de El Carpio y de Paradinas de San Juan, fronterizos entre los territorios de Valladolid y Salamanca. Después lanzaron una ofensiva que penetró en tierras leonesas y devastó todo a su paso, saliendo la peor parada la villa de Alba de Tormes, hasta tal punto que hubo que repoblarla pasado el tiempo después del despiadado ataque. Viendo cómo castellanos y aragoneses estragaban su reino, Alfonso IX aceptó la propuesta matrimonial y de paz que le llegó de la corte de Burgos, celebrándose el enlace regio en Valladolid en diciembre de 1197. Lamentablemente, no nos ha llegado el texto del acuerdo que hizo que Berenguela se convirtiera en reina consorte de León, pero sí una especie de capitulaciones matrimoniales fechadas en 1199 y en las que se excluye de las poblaciones a entregar de forma vitalicia a Berenguela, entre otras, la ciudad leonesa de Salamanca. A pesar de ello, tanto antes como después de la firma de dichas capitulaciones, la ciudad del Tormes aparece en documentos catedralicios bajo el dominio (sub manu) de Berenguela. Es más, estos legajos demuestran que ejerció en Salamanca un poder mucho más amplio que el que se derivaba del contrato de arras y que el que pudo tener en otros señoríos incluidos en el mismo. De hecho, se dice que compraba y vendía propiedades "con sus propios maravedís" y sin contar con la complacencia de su esposo. El señorío de Berenguela sobre Salamanca, unido a una supuesta residencia que tenía en un paraje conocido como Los Palacios, en la encrucijada que conduce a las ciudades de Toro y Zamora, proporcionó el sobrenombre a la cercana localidad de Villares, que pasaría a conocerse como Villares de la Reina, aunque tenemos serias dudas al respecto de que la monarca se aposentara en dicha localidad.


Alfonso IX y Berenguela, reyes de León.

Para Berenguela, adalid del culto a santo Tomás Cantuariense en el reino de León, debió suponer una gran satisfacción el hecho de que en Salamanca existiera una iglesia dedicada al santo inglés, cuya construcción se dice que fue promovida en el año 1175 por los hermanos Ricardo y Randulfo, que podrían haber llegado a la ciudad huyendo de Inglaterra en el año 1164, tras el exilio del que pudiera haber sido su maestro, el arzobispo Thomas Becket. O quizá los dos hermanos ingleses llegaron a Salamanca unos años después, enviados por la madre de Berenguela para introducir el culto al santo protector de la dinastía Plantagenet-Aquitania en el reino de León al mismo tiempo que se introducía en el reino de Castilla.  O quizá, y esto último es lo que para nosotros es más probable, el templo no existía cuando llegó aquí Berenguela y la promotora de su construcción fue ella misma. En todo caso, no existe certeza documental sobre ninguna de las tres posibilidades. 

Estando León y Castilla en paz, Berenguela aparentemente feliz con el matrimonio acordado por sus padres y disfrutando ésta de sustanciosas rentas, el año 1204 fue el annus horribilis de los Plantagenet, ya que ocurrieron tres hechos desgraciados: 

 - La muerte a los ochenta y dos años de Leonor de Aquitania, madre de Leonor Plantagenet y abuela de Berenguela. 

- La anulación por parte del papa Inocencio III del matrimonio de Alfonso IX y Berenguela, ya que la reina era hija de Alfonso VIII, primo carnal del rey de León.

- La muerte con apenas trece años en Salamanca de la infanta Mafalda de Castilla, hermana de Berenguela, cuya presencia en la ciudad parece que se debía a que iba a casarse con el infante Fernando de León, apodado "el Portugués", fruto del matrimonio de Alfonso IX con María Teresa de Portugal, también anulado por Roma en el año 1196 ya que los contrayentes eran primos carnales.


Lápida de la infanta Mafalda de Castilla, hermana de Berenguela de León y de Castilla, ambas hijas de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet de Castilla y nietas de Leonor de Aquitania. La de la foto es réplica de la original, que quedó escondida tras el retablo de la Catedral Vieja de Salamanca. Se puede contemplar en la Capilla Mayor de dicha catedral.

Tras la anulación matrimonial, Berenguela abandonó el reino de León y volvió a Burgos con sus padres, quedándole el consuelo de llevarse consigo a los hijos que había tenido con Alfonso IX, entre ellos el infante Fernando, futuro rey Fernando III de los reinos de Castilla (1217) y de León (1230) gracias a la inteligencia y la habilidad política de su madre.

Leonor Plantagenet, reina de Castilla

Leonor Plantagenet (1160-1214) fue hija de la más famosa de las reinas medievales, Leonor de Aquitania, y del rey Enrique II de Inglaterra, el supuesto inductor del asesinato del arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, elevado a los altares y conocido en estas tierras nuestras como santo Tomás Cantuariense.


Leonor de Aquitania (1122-1204), reina de Inglaterra y madre de Leonor Plantagenet, a su vez reina consorte de Castilla. 

En 1170, con tan sólo diez años de vida, Leonor Plantagenet contrajo matrimonio con el futuro vencedor de la batalla de las Navas de Tolosa, el rey Alfonso VIII de Castilla (1158-1214), contando él con catorce años. Con este matrimonio Castilla mostraba su apoyo a los Plantagenet-Aquitania, que reinaban en Inglaterra y señoreaban territorios franceses frente a sus rivales, los Capeto, que reinaban en Francia. Asimismo, se fortalecía la posición castellana frente al resto de reinos cristianos peninsulares (León, Portugal, Navarra y Aragón) y se alcanzaba un mayor protagonismo internacional.


Leonor Plantagenet y Alfonso VIII de Castilla representados en el Tumbo Menor de Castilla, códice diplomático del siglo XIII conservado en el Archivo Histórico Nacional. 

Pero lo relevante para el caso que nos ocupa, la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, es que la llegada a Castilla de Leonor Plantagenet y su nutrido séquito fue un factor determinante en la difusión del culto a santo Tomás Cantuariense en los reinos cristianos peninsulares. Sabemos que el 30 de abril de 1179 la reina Leonor asumió la protección de una capilla dedicada al santo situada en la catedral de Toledo, que había sido fundada dos años antes por el matrimonio formado por los condes Nuño Pérez de Lara y Teresa Fernández de Traba, dama que llegaría a ser reina de León al casarse en segundas nupcias con el rey Fernando II (1137-1188). Con este gesto en la sede eclesiástica más importante del reino de Castilla, Leonor mostraba su devoción por santo Tomás Cantuariense al tiempo que contribuía fielmente al anhelo de expiación de su padre.

Aunque no existe evidencia documental, se piensa que Leonor también tuvo un papel determinante en la difusión del culto en la provincia de Soria, donde se conservan dos excepcionales obras artísticas dedicadas al martirio de Becket. La primera es el frontal del altar de piedra de la iglesia de San Miguel de Almazán, fechado en torno al año 1200. La segunda obra relacionada con la recepción de dicho culto en esas tierras se halla en la propia ciudad de Soria, lugar de nacimiento de Alfonso VIII, en la iglesia de San Nicolás, donde se conserva una capilla decorada con un interesante ciclo pictórico dedicado a Becket. 

Cabeza de una estatua que se cree que representaba a la reina Leonor Plantagenet en la catedral de Cuenca, ciudad conquistada por su esposo, Alfonso VIII, en 1177. 

Pero el caso es que Leonor Plantagenet era reina de Castilla y nuestra techumbre se encuentra en Salamanca, territorio del reino de León, en ese momento gobernado por el rey Alfonso IX, primo carnal y a la vez feroz enemigo de su esposo, Alfonso VIII de Castilla. ¿Cómo fue entonces que la chova piquirroja, el emblema atribuido a santo Tomás Cantuariense, terminó pintada en la techumbre de una iglesia de Salamanca?


Sepulcros de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet en el Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas (Burgos), del que los reyes fueron fundadores. El león de oro sobre campo de gules (rojo) era el emblema del rey de Inglaterra, padre de Leonor.

Para saber más sobre la introducción del culto a Sto. Tomás Cantuariense en los reino de Castilla y de León, véase el artículo "Tomás Becket y la Península Ibérica: imágenes. reliquias y comitentes" de Carles Sánchez Márquez y publicado en el número 32 de la revista Románico. 

sábado, 4 de marzo de 2023

El asesinato de Thomas Becket y el rey penitente

La noche del 29 de diciembre de 1170 cuatro caballeros de la corte de Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra, duque de Normandía y conde de Anjou, irrumpieron armados en la catedral de Canterbury y asesinaron a sangre fría al arzobispo de dicha sede, Thomas Becket. El religioso y el monarca habían sido muy buenos amigos en el pasado, pero llevaban años enfrentados, entre otras causas, por el empeño de Enrique en someter a los sacerdotes a la jurisdicción civil, que, según él, debía ser la misma para todos sus siervos.


El rey Enrique II de Inglaterra y el arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, antes muy buenos amigos y ahora representados durante una de sus acaloradas discusiones. 

Por lo visto, el rey, durante un arrebato de ira, había afirmado: «¡Qué miserables traidores he alimentado y educado en mi casa, que dejan que su señor sea tratado con este vergonzoso menosprecio por parte de un clérigo!». Cuatro de los nobles que oyeron las palabras de Enrique se sintieron aludidos y se dispusieron a hacer justicia por su cuenta para mitigar su vergüenza. Los infames caballeros eran Reginald Fitz Urse, Hugh Morville, William Tracy y Richard de Brito.

La noticia de lo ocurrido esa aciaga noche de diciembre en la catedral de Canterbury se extendió como un incendio por toda Europa y fue recibida con pesar e indignación en todas partes. En un principio, Enrique rehusó castigar a los asesinos, lo que despertó las sospechas de todo el mundo respecto a la implicación del monarca en el homicidio, hecho que, a su vez, causó gran consternación al monarca.


El caballero William Tracy lanza el primer mandoble, que produce un corte en el brazo de Edward Grim, el asistente de Thomas Becket. Reginald Fitz Urse, identificado por el oso que exhibe en su escudo, asesta con su espada un golpe mortal sobre la cabeza del arzobispo, arrodillado frente al altar. Ilustración contenida en el manuscrito Harley MS 5102, conservado en la British Libray.

Al poco tiempo de la muerte de Becket se le atribuyeron curaciones milagrosas y su ciudad se llenó de enfermos buscando alivio a sus padecimientos. Al principio se impidió el acceso a la tumba del arzobispo, pero, en 1171, se terminó permitiendo el paso a la cripta ante la desbordante demanda de gentes venidas de todas partes.

En reconocimiento por su martirio y milagros el papa Alejandro III canonizó a Becket como santo Tomás de Canterbury en 1173, cuando aún no habían pasado ni tres años desde su asesinato. De este modo la capilla de la catedral de Canterbury que albergaba el sepulcro del malogrado arzobispo se convirtió en el foco más importante de peregrinación durante toda la Edad Media en Inglaterra; todo el mundo quería honrar a aquel santo que obraba milagros y al que se le atribuía haber defendido los derechos de la Iglesia de Cristo frente a la tiranía de la realeza.

El rey Enrique II, probablemente menos arrepentido que desesperado por congraciarse con el papado, se sometió en 1174 a la humillación pública de caminar descalzo por las calles de Canterbury para terminar arrodillándose delante del sepulcro de santo Tomás, al tiempo que reconocía su implicación en el asesinato y se dejaba flagelar por unos monjes armados con ramas. Desde ese día, el monarca inglés adoptó al Cantuariense como protector de su dinastía, creándose así un culto familiar que se promovería allí donde ejerciera el poder un o una Plantagenet.


Esta obra del artista británico Brian Whelan demuestra que la iconografía moderna sigue asociando a santo Tomás de Canterbury con la chova piquirroja. 

Las chovas piquirrojas del convento de Santa Clara

En el Museo de Pintura Medieval de Santa Clara, en Salamanca, se puede observar, a la altura de los ojos, gracias a unas pasarelas instaladas con este propósito, una preciosa armadura decorada con ciento cincuenta emblemas, de los que sesenta son diferentes. Esta joya del arte medieval permaneció oculta hasta el año 1973 entre la bóveda de la iglesia barroca construida sobre el anterior templo, consagrado a mediados del siglo XIII, y el tejado del convento, así que, por lo tanto, se cumplen ahora cincuenta años de su descubrimiento. Entre las figuras representadas en el arrocabe de la armadura hay leones, castillos, un par de arpías y otro par de dragones, pero sobre todo destacan unas aves con plumaje negro y pico y patas rojas, córvidos que no se pueden ver en los campos de Salamanca y que tampoco se suelen encontrar representados en ningún otro edificio civil o religioso, habiendo sido el biólogo salmantino Raúl de Tapia Martín (Raúl Alcanduerca) el primero que advirtió de su presencia por medio de una entrada en su muro de  Facebook, que comenzaba con la pregunta "¿Un ornitólogo en el siglo XIV?".

https://www.facebook.com/profile/100002091889885/search/?q=chova%20piquirroja


Así las cosas, la pregunta que surge al ver estas aves allí representadas es: ¿qué hacen unas chovas piquirrojas pintadas sobre el arrocabe de una techumbre medieval localizada en Salamanca? Quizá no se trate de una casualidad que estas aves se encuentren a tiro de piedra de la iglesia románica de santo Tomás Cantuariense, santo inglés antes conocido como Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, al que en el siglo XIII se le atribuyó un escudo de armas con campo de plata y tres chovas piquirrojas, blasón que se incorporó en el siglo XIV al escudo de la ciudad de Canterbury y que todavía luce actualmente.


Blasón atribuido al arzobispo Thomas Becket: tres chovas piquirrojas sobre un campo de plata. 


Escudo actual de la ciudad inglesa de Canterbury.


Iglesia de Santo Tomás Cantuariense (Salamanca). 

Y, ¿por qué al arzobispo se le atribuyó un escudo de armas con tres chovas piquirrojas? La leyenda nos cuenta que un cuervo entró en la catedral de Canterbury el 29 de diciembre de 1170 y descendió sobre el cuerpo sin vida de Thomas Becket, que acababa de ser asesinado por cuatro caballeros al servicio del rey Enrique II de Inglaterra, que por entonces mantenía una enconada disputa con el prelado por pretender el monarca someter a sus súbditos eclesiásticos al poder civil. Caminando el ave por encima del charco formado por la sangre que brotaba del cadáver, su pico y sus patas se tiñeron de rojo, convirtiéndose así milagrosamente el cuervo en chova piquirroja.


Ilustración del asesinato de Thomas Becket incluida en el manuscrito Cotton MS Claudius, de finales del siglo XII y conservado en la British Library. 

Tradicionalmente se cree, y debemos resaltar ese "se cree", que la construcción de la iglesia salmantina de santo Tomás Cantuariense se inició en 1175 y que los gastos de la misma se sufragaron con los fondos aportados por unos hermanos ingleses de nombre Ricardo y Randulfo, que estaban empleados como maestres en la escuela catedralicia de Salamanca; si esto fuera así, este templo sería uno de los primeros que se dedicó al santo inglés de Canterbury, apenas dos años después de su canonización en 1173 y pasados solamente cinco años de su martirio, lo que nos parece improbable.

Al comienzo de la investigación, prestando solamente atención a las chovas piquirrojas e ignorando el resto de los emblemas, pensábamos que cuando se consagró la iglesia del convento, unos setenta años después, quizá se hiciera teniendo en cuenta la advocación de este otro templo cercano, y que pudiera haber sido de esta manera cómo los pájaros "volaron" de uno a otro. ¡Cuántas cosas nos quedaban por aprender y descubrir todavía!


Vidriera con tres chovas piquirrojas que la artista británica Helen Whittaker realizó en el año 2020 para la iglesia de Santo Tomás de Canterbury de Greatford, condado de Lincolnshire. 

Así comenzó todo...

Raúl de Tapia Martín, biólogo y divulgador científico, fue el primero en citar un ejemplar de Pyrrhocorax pyrrhocorax en el conjunto iconográfico que decora el arrocabe y los cuadrales de la armadura de la iglesia del convento salmantino de Santa Clara, algo que despertó nuestra curiosidad como personas que, casualmente, disfrutamos aprendiendo sobre temas relacionados con la Ornitología y la Historia, dos disciplinas que no suelen ir precisamente de la mano.

Subimos muchas veces a admirar la techumbre de la antigua iglesia del convento como esos niños que, a pesar de las advertencias de no hacerlo, ascienden furtivamente las escaleras del sobrao de la casa de sus abuelos para fisgar en los carcomidos arcones. No es que nos hubieran prohibido hacer tal cosa, pero ya por entonces sentíamos una cierta desazón, ya que parecía que esta historia, que apenas comenzábamos a hilvanar, iba a convertir ese sobrecogedor espacio en el desván de la historia de nuestra ciudad y por ende de los reinos de León y de Castilla, algo que, desde luego, nos quedaba muy grande. 

Así que, en realidad, la culpa fue de un ave, sí, concretamente de una chova piquirroja, ese córvido de pico y patas de color encarnado que en nuestra península ibérica habita los tajos fluviales, las escarpadas paredes altimontanas, los roquedos serranos y, en general, los más abruptos y ásperos parajes. Curiosamente, y eso fue el principio de todo, la misma ave que aparece representada, en número de tres, en el escudo de la ciudad británica de Canterbury.

A continuación les exponemos los hechos que indican hacia una dirección, ustedes serán el jurado…

Charo García de Arriba

Miguel Ángel Martín Mas

Salamanca, 4 de marzo de 2023


Una de las cinco chovas piquirrojas pintadas en el arrocabe de la armadura de la antigua iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca. 


Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax). 

La carpintería que me atrapó entre sus lazos

Capítulo que pertenece al libro La carpintería que me atrapó entre sus lazos y que está dedicado a la techumbre de la iglesia del Real Conv...