martes, 11 de abril de 2023

Condenada al amor cortés - Parte III

Como colofón al tema del amor cortés hemos pensado que resultaría muy ilustrativo hacer aquí un compendio de las distintas formas, senhales o pseudónimos, con los que la reina Berenguela se nos presenta en distintos puntos de la techumbre. Algunos de estos emblemas ya los conocemos por entradas anteriores y otros aparecerán por primera vez en las siguientes.

En primer lugar nos encontramos a Berenguela representada con un castillo y una chova piquirroja. El castillo hubiera sido fácilmente identificable en su época, ya que era el emblema de su padre, Alfonso VIII, rey de Castilla. Otro asunto es el de la chova piquirroja, puesto que no podemos saber hasta qué punto era conocida en los reinos de León y de Castilla la relación entre esta ave, santo Tomás Cantuariense y la dinastía Plantagenet-Aquitania. ¿Utilizó Berenguela el córvido para esconder su identidad? Si es así, fue una estratagema de lo más exitosa, puesto que esta ave de plumaje negro y pico y patas rojas ha sido identificada por especialistas en Historia del Arte como paloma y como cuervo, pero nunca como lo que claramente es, una chova piquirroja. Y el caso es que, si no identificas bien el ave y no conoces su relación con la dinastía Plantagenet-Aquitania, difícilmente vas a llegar a descubrir la identidad que se esconde detrás de ella.


Luego está el emblema oficial de la reina, el que campea sobre las chovas piquirrojas y los castillos en los lienzos centrales del arrocabe de la techumbre. Es Berenguela con sus armas, sin ocultamiento ninguno, con el escudo de Castilla y de León cuartelado en sotuer.


A partir de aquí la monarca aplica alteraciones sobre los escudos de Castilla y León, que va a cuartelar a veces en cruz y a veces en sotuer.

En la tabica superior del primer tramo del arrocabe izquierdo se representa frente a su nieto y heredero, el infante Alfonso, con un cuartelado en el que el espacio reservado para los leones se cubre con palos de sable (negros). Entendemos que se quiere poner énfasis en que lo que ella aporta al heredero es la sucesión castellana, pero también pudiera ser una forma de reflejar la nulidad de su matrimonio con Alfonso IX de León, que se hizo efectiva en mayo de 1204.


En el arrocabe trasero, en el lineal superior derecho (lado de la epístola) hay un emblema que contiene una especie de panteón familiar en el que se muestran lo que parecen tres tumbas. Pues bien, a cada lado de dicho emblema hay dos emblemas más que entendemos que responden a una nueva representación de la reina Berenguela partiendo de su escudo oficial cuartelado en sotuer. En esta ocasión Berenguela transforma los tonos a colores de luto (oro y sable), lo cual obliga a marcar mucho más la cruz central, y cambia los castillos por flores de lis como incidiendo en su realeza leonesa.




En 1216, cuando se está librando una guerra civil en Castilla tras la muerte de su padre, Alfonso VIII, Berenguela es despojada de todo poder en su reino natal así que envía a su hijo Fernando al reino de León bajo la tutela de Alfonso IX. Se representa entonces con otro emblema en el que vela los castillos y deja los leones de sable, es decir, sólo le queda visible la figura del reino cuya titularidad mantuvo aún después de anulado su matrimonio.


En 1218, cuando el papa dio su visto bueno a lo acordado en el Tratado de Cabreros del Monte de 1206 y reconoce como heredero del reino de León a Fernando, se representa al lado de su hijo, casi escondida, con el mismo emblema con el que apareció junto a Alfonso IX en la trasera de la techumbre, de nuevo poniendo énfasis en su parte más leonesa.



Condenada al amor cortés - Parte II

La breve presentación del tópico del amor cortés realizada en la entrada anterior es fundamental a la hora de intentar dar una interpretación a la decoración heráldica de la techumbre medieval de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca. Los códigos implicados en ese amor prohibido ayudan a comprender mucho mejor lo que vemos representado sobre la madera, especialmente lo refererido a la representación en clave que se hace de los deseos de la reina Berenguela en general y, en particular, a sus sentimientos hacia el rey Alfonso IX de León.

Debemos tener en cuenta que en la educación materna que recibió Berenguela estaba implícita toda esa cultura trovadoresca que su madre, Leonor Plantagenet, había traído a la corte castellana con el séquito que la acompañó desde Aquitania hasta Burgos. De hecho, para que nos hagamos una idea de la moderna educación de Berenguela, dice fray Valentín de la Cruz (1) que Leonor Plantagenet “imbuía a sus hijas una discreta oposición al predominio masculino en la Iglesia”, postura que ya había sostenido Leonor de Aquitania, la abuela, y que se vería reflejada, por ejemplo, en el poder que la reina de Castilla otorgó a la abadesa del Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas.

Teniendo en mente lo anterior y uniéndolo a cómo se desarrollaron los acontecimientos en la vida de Berenguela, nos cuesta mucho menos interpretar los emblemas que representan a la reina en el arrocabe y los cuadrales de la techumbre. Si lo pensamos, la intervención papal en su matrimonio condena a la pareja al amor cortés ya que, tras la anulación, su marido se convierte, precisamente, en el amante prohibido.

Aquel matrimonio, que comienza siendo de conveniencia por un pacto entre reinos que buscaban la paz, resultó exitoso incluso en el aspecto sentimental. Ahora bien, ese amor se convirtió, casi desde el principio, en un amor cortés. Esto es así porque, pocos meses después del enlace, el nuevo papa, Inocencio III, lo declaró nulo e instó al rey de León y al de Castilla a deshacerlo. Comienzan entonces las amenazas de excomunión, que llegaron a hacerse realidad para los implicados cuando éstos continuaron conviviendo a pesar de la sentencia papal. Por eso su historia fue, desde el principio, la de un amor perseguido, si bien en esos primeros años compartidos se trataba de un amor cortés en su fase más avanzada: amante.

Pero en mayo de 1204 Berenguela se vio obligada a abandonar el reino de León. Este hecho hace que su relación con Alfonso IX involucione hacia las fases iniciales del amor cortés, y así pasarán el resto de su vida. Será un amor que se esconde y se oculta. Esto nos ayuda a comprender mejor por qué se utilizan en la techumbre emblemas transformados cuando la reina se sitúa junto al emblema de Alfonso IX o cuando se posiciona como señora de Salamanca o reina de León: transforma su emblema de la misma forma que el amor cortés se refiere a la dama con “senhales” o pseudónimos. Eso es exactamente lo que reflejan esos extraños emblemas cuartelados que nos vamos encontrando por la techumbre hasta llegar al lienzo en el que se representa la muerte de Alfonso IX, acaecida en 1230.


Emblema situado en la trasera de la techumbre tras el que se esconde la reina Berenguela. Díficilmente se va a poder asignar este blasón a una familia noble salmantina ya que aquí no se trata de heráldica nobiliaria, sino de un artificio propio de una heráldica primitiva, empleado para dejar dudas al respecto de la identidad de un personaje concreto. 

En este mismo contexto es reseñable que ninguno de los dos volviera a contraer matrimonio, lo cual, en el caso de Berenguela, le hubiera favorecido en el problema sucesorio de Castilla. Sin embargo, parece que prefirió optar por el desarrollo de las virtudes de paciencia, lealtad, constancia y valentía que el amor cortesano predicaba. Y, sin duda, un acto de valentía nacido del amor cortés puede considerarse el diseño de la decoración de esta techumbre.

Por todo ello, es desde esta perspectiva del amor cortés desde donde mejor podemos comprender esos emblemas que tanto han complicado la interpretación de este conjunto iconográfico hasta el momento. Porque, cuando la reina Berenguela viene a Salamanca al final de sus días a reflejar su vida, lo hace con esa “discreta oposición” de la que hablaba fray Valentín de la Cruz. Discreta porque se esconde, porque es consciente de que no puede hablar abiertamente, debe ocultarse de los perseguidores implicados en el amor cortés.


Por último, creemos que este tema del amor cortés refuerza nuestra tesis de que la techumbre se decoró en vida de la reina ya que uno de los preceptos básicos del amor cortés es la no divulgación de los secretos de los amantes. Por su complejidad e intimismo, a nuestro entender, es prácticamente imposible que alguien que no fuera la protagonista hubiera dado unas instrucciones tan concretas y especiales para representar a Berenguela la Grande, la señora de Salamanca.

Todo esto, sin duda, son aspectos que complican, pero a la vez hacen más apasionante la interpretación de esta imponente techumbre.

(1) Berenguela la Grande, Enrique I el Chico (1179-1246). Fray Valentín de la Cruz. 2006. Pág 19. Ediciones TREA.

Condenada al amor cortés - Parte I

El escritor José María Pérez, Peridis, autor de la novela La reina sin reino, hizo alusión una vez en una entrevista al hecho de que Berenguela era coetánea de la época en la que, por primera vez, se habló del amor tal y como lo entendemos actualmente, como un afecto más allá de la mera finalidad sexual o procreadora. Resulta cuanto menos curioso que, en plena Edad Media, esa primera alusión al amor no se haga en el seno del matrimonio, sino que los poetas se dediquen a poner palabras a los sentimientos implicados en el amor cortés, un amor extramatrimonial y casi siempre de tipo platónico, que tiene su origen en el seno de la cultura trovadoresca occitana. Precisamente en el germen de esa corriente literaria del amor cortés estuvieron directamente implicados los antepasados aquitanos de la reina Berenguela: su tatarabuelo Guillermo IX, conocido como “el Trovador”, su abuela Leonor de Aquitania o su prima María de Champaña, nieta de Leonor de Aquitania y Luis VII de Francia. Además, fue a instancias de ésta última que Andrés el Capellán escribió a finales del siglo XII un tratado titulado De Amore, también conocido como El arte del amor cortés.


El enamorado llega hasta su dama izado en una canasta. Ilustración del Codex Mannese, ca. 1305.

El tópico literario del amor cortés tiene muchos tintes de amor prohibido ya que se trata del galanteo con una dama casada o comprometida. En una época marcada por los matrimonios de conveniencia, el amor cortés es un amor perseguido que, si bien puede llegar a ser adúltero, en general se queda en un ideal platónico entre una dama virtuosa y su amado, que, gracias a este amor imposible, desarrolla virtudes tan valiosas como la paciencia, la lealtad o la constancia, en definitiva, el control sobre sí mismo y las pasiones del ser humano.

Otro de los aspectos fundamentales del amor cortés es que, al ser la enamorada una mujer casada, se impone la obligación de ocultar su identidad refiriéndose a ella con una "senhal" o pseudónimo. Además, siempre existe un obstáculo que se interpone entre el trovador y su amada: los rivales o calumniadores, de los que hay que esconderse para evitar que descubran a los amantes.


Las circunstancias en las que se desarrolla el amor cortés determinan que éste pueda encontrarse en alguno de los siguientes estados: suspirante, en el que el caballero enamorado no muestra sus sentimientos; suplicante, en que el amado se declara enamorado; entendedor, cuando la amada le corresponde con caricias o alguna prenda y, por último, amante, si se llega al amor carnal. No son fases que se den necesariamente, de hecho, en muchas ocasiones el amor cortés se queda en una de las dos fases iniciales, en un amor idealizado desde la distancia. Probablemente, la mejor conclusión sea decir que se trata de un amor al que los convencionalismos sociales obligan a disfrazarse y que, por tanto, nunca llega a ser pleno.

Fuentes: 

jueves, 6 de abril de 2023

De la pobreza franciscana a alojamiento de reinas y damas

El hecho de que hasta la publicación de este Blog no se haya relacionado el Real Convento de Santa Clara de Salamanca con la reina Berenguela -señal de que quizá se ha subestimado la relación de tan insigne monarca con nuestra ciudad- podría ser la razón por la que que no teníamos explicación para tres cuestiones fundamentales.

En primer lugar está el asunto de que a partir de la fecha de construcción de esta armadura cambie la tendencia en la promoción de conventos entre las mujeres de la realeza. Si hasta la primera mitad del siglo XIII reinas e infantas promocionaron la fundación de monasterios de la Orden del Císter, en los que también profesaron algunas, a partir de entonces la preferencia cambió en favor de las Damianitas, las precursoras de las Clarisas. De este modo, contamos con protectoras de los conventos de santa Clara tales como la reina Violante de Aragón, su hija Berenguela, su cuñada Constanza de Aragón y Sicilia o, siglo y medio más tarde, las hermanas Isabel e Inés Enríquez de Castilla. Todas ellas fundaron, ingresaron, fallecieron y/o fueron sepultadas en fundaciones clarisas. Pero, además, hasta el siglo XVI prácticamente todos los reyes promocionaron la Orden, incluida la reina Isabel la Católica. Dicha constancia en el apoyo real puede explicar también que, en 1521, durante el conflicto con los Comuneros, las hermanas se mostraran favorables al rey Carlos I y que ello les costara la expulsión del convento de Salamanca, al que volverían en el mes de mayo de ese mismo año.

En segundo lugar, es curioso que, no siendo la primera, la congregación de Salamanca fuera una de las más activas en la expansión de la Orden en los reinos de León y de Castilla durante la segunda mitad del siglo XIII. De ella salieron hermanas para fundar otros conventos, dando lugar a lo que se conocería como “la segunda ola fundacional”.


Fresco de santa Clara y las hermanas clarisas. Iglesia de San Damián (Asís). 

Por último, el convento de Salamanca es el único en el que, desde el comienzo, se dio una peculiaridad reseñable: la aceptación de mujeres de la realeza y la alta nobleza, acompañadas por su séquito, en régimen de visita. Estamos hablando de seglares que pasaban temporadas o incluso el resto de su vida en el convento. La bula de 1254 por medio de la cual el papa concedía a la reina Violante y a su hija el privilegio de estas visitas nos da a entender que el convento estaba preparado para ello, tal vez por haber hospedado ya en el pasado a otros personajes de ese nivel o incluso, quién sabe, a la propia reina Berenguela.


San Francisco recibe a Clara de Asís en la Orden.

Si en el siglo XIX la reina María Cristina llenó los veranos de San Sebastián de nobles y en el XX Victoria Eugenia hizo lo propio con Santander, nos atrevemos a aventurar que Berenguela creó esa misma ansia por seguirla en el siglo XIII. Dos noticias de esa época avalan lo que sostenemos:

- La primera que, en la segunda mitad del siglo XIII, las visitas y la estancia de seglares en el convento de Salamanca, así como las donaciones y heredades que éste recibía, fueron de tal importancia que las hermanas vivieron una crisis vocacional que llevó a la relajación en el seguimiento de la norma franciscana, abandonando en parte la oración, el sacrificio y el trabajo que ésta promulgaba.

- La segunda deriva del hecho de que muchas de estas seglares vestían el hábito de las Clarisas, aunque se distinguían las hermanas de velo entero de estas otras, de medio velo, que tenía libertad para pasearse por la ciudad (en el Císter se decía que tomaban la "cruz entera" o "media cruz"). Pues bien, estas jóvenes de "medio velo", provenientes de familias adineradas y en residencia temporal en este convento de lujo, salían a pasear por las calles de Salamanca escandalizando con su actitud poco recatada a los vecinos. La cuestión llegó a tal extremo que el mismísimo papa tuvo que intervenir para quitarles el derecho a lucir el hábito.

En medio de todo este apoyo real y apogeo económico y social debemos enmarcar, a nuestro juicio, la presencia en el convento de Salamanca de una hermosa caja de madera de unos setenta centímetros de largo por treinta y cinco de alto y ancho y que luce tres escudos reales: uno cuartelado de Castilla y de León, otro de Aragón y uno del reino de Sicilia. 




El nombre de la propietaria de dicho objeto no lo conocemos, pero, a buen seguro, fue una reina o infanta que pasó por el convento y dejó la caja en recuerdo de su visita. Se nos ocurren varias opciones, empezando por la reina Violante, cuyo hermano y protector, Pedro III, fue el primer monarca aragonés en serlo también de Sicilia. Podría ser que Violante, orgullosa de su estirpe, hubiera enviado la caja al convento con sus emblemas y los del reino que la vio nacer. 
Ahora bien, dado que el uso de armas reales plenas, es decir, sin modificar, estaba bastante restringido, más creíble nos parece que la caja fuera un presente de la reina Isabel la Católica durante alguna visita suya o de alguna de sus hijas. Recordemos que Isabel sí fue reina de Castilla, León, Aragón y Sicilia y que tenemos constancia de la protección que a las Clarisas de Salamanca otorgó no sólo ella, sino también su hija Juana quien, junto a su hijo Carlos, seguiría concediéndoles privilegios en el pago de diezmos durante el siglo XVI.

Sea como fuere, lo cierto es que la decoración de la techumbre y la caja son un reflejo de que allá por el siglo XIII este convento, hoy abandonado por sus antiguas moradoras, fue lo que hoy consideraríamos un espacio de lujo reservado a las mujeres de las familias más pudientes del reino.

FUENTES:

jueves, 30 de marzo de 2023

No hubo otra que tan perfecta fuera en todas sus obras

El compromiso del nieto de Berenguela, el infante Alfonso, con Violante de Aragón, alcanzado en 1243, es el último episodio de la historia del reino de León que nos cuentan los emblemas del arrocabe de la techumbre.

Poco sabemos de cómo vivió Berenguela sus últimos diez años de vida. Parece que pasó largas temporadas en Toledo, dirigiendo los asuntos del reino mientras su hijo Fernando lideraba la Cruzada en la península Ibérica. La reina vivía durante la conquista de Córdoba en 1236 e incluso durante la de Jaén en 1246, pero no pudo llegar a conocer una Sevilla cristiana ya que esta ciudad fue tomada en el año 1248.


Enfrentamiento entre cristianos y musulmanes representado en las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio.


El infante Alfonso de Molina, hermano de Fernando III, en una batalla contra los musulmanes. Detalle de las pinturas que se conservan en el Monasterio de Valbuena (Valladolid).

La reina madre nunca se separó del rey de Castilla y de León, cuya salud había sido frágil desde que era un niño, y mantuvo siempre la corte lo más cerca posible de los lugares donde se libraban las batallas contra los musulmanes. Entre abril y mayo de 1245 reclamó la presencia del rey para poder pasar seis semanas con él. En los documentos expedidos desde entonces Fernando se refirió a su madre con las palabras “la reina reinante”, como si no quisiera dejar lugar a dudas de su posición como gobernadora del reino hasta el final. Se sabe que Berenguela viajó de Toledo a Burgos, donde falleció el 8 de noviembre de 1246 en el Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas, que había sido fundado por su madre, Leonor Plantagenet, como panteón real.


Almohada que se encontró en el sepulcro de la reina Berenguela. Confeccionada en el reino nazarí de Granada, tiene bordada las palabras "No hay más divinidad que Dios" alrededor del medallón central. En ambas bandas, también en árabe, aparecen las palabras "La bendicion perfecta". Los colores son rojo y oro, como los de los emblemas que aparecen en el lienzo en el que creemos que se representa la muerte de la reina Beatriz de Suabia, primera nuera de Berenguela. 

Alfonso X relató que, cuando Fernando se enteró de la muerte de la reina, estando él en Sevilla, sintió “gran dolor, porque perdió tal madre, cual nunca rey en su tiempo otra perdió, que tan perfecta fuese en todas sus obras”.

Nosotros no podemos deciros cuándo, cómo ni por qué la reina Berenguela mandó pintar todo este programa iconográfico en el Real Convento de Santa Clara de Salamanca, otros vendrán con más conocimientos y experiencia que nosotros. Sin embargo, el exquisito detalle con que cuenta ciertos aspectos de su vida, ese afán de presentarse de incógnito para reivindicar donde ella debería haber estado y no pudo estar y el arrocabe trasero de la armadura, donde vemos emblemas ingleses y aquitanos, hacen casi imposible pensar que no fue ella la que planeó esta decoración.

El documento más antiguo que se conserva en el archivo del convento de Santa Clara de Salamanca es del 4 de enero 1238. Por medio de una bula el papa Gregorio IX le pide al rey Fernando III amparo para las religiosas de Santa María de Salamanca, de la Orden de las Damianitas, antecesoras de las Clarisas. No deja de resultar curioso que Fernando III sea oficialmente el primer monarca protector del convento y que precisamente uno de los episodios más relevantes narrados por los emblemas del arrocabe de la techumbre sea cómo éste llegó a ser rey de León bajo los auspicios de su madre, Berenguela la Grande, que en ese año de 1238 correinaba junto a él.


Además sabemos que:

- el 12 de enero de 1238 el papa Gregorio IX concedió por medio de una bula veinte días de indulgencia y perdón a todos los fieles que contribuyeran con su ayuda y limosnas a la construcción del nuevo convento, con sus dependencias e iglesia. 

- el 31 de enero de 1238 el mismo papa pidió al obispo de Salamanca, don Martín, que consagrara la iglesia del convento en cuanto ésta estuviera terminada. 

- el último acontecimiento que se representa en el artesonado es el compromiso con Violante de Aragón, alcanzado hacia 1243;

- el 30 de mayo de 1244 el papa Inocencio IV envió una bula a la abadesa y a las monjas para que "en tiempo de entredicho general puedan celebrar los divinos oficios en su iglesia, sin solemnidad externa y a puerta cerrada".

- el 5 de agosto de 1245 el papa Inocencio IV publicó una bula exhortando a todos los fieles a colaborar con toda clase de limosnas y ayudas a la edificación de la nueva iglesia del convento;

- la reina Berenguela viajó por última vez de Toledo a Burgos en 1245;

¿Sería la techumbre de la iglesia parte de la respuesta de Berenguela a las solicitudes del papa? ¿Aprovecharía su último viaje para pasar por Salamanca junto a su nieta política Violante y dejar en esta nueva iglesia reflejada su historia? ¿Decidió que, antes de retirarse de la vida pública, tenía que venir a la ciudad de la que fue señora, en el reino de León, el de su esposo, a decir su última palabra? La ciudad de Salamanca, en territorio leonés, fue un nexo de unión entre ambos y, a la vista de los emblemas que exhibe el arrocabe de la techumbre, fue mucho más importante para Berenguela de lo que jamás hemos imaginado.

¿Por qué las Clarisas, si la reina y su familia siempre promocionaron el Císter? No lo podemos saber, lo cierto es que, tras ella, fueron muchas las mujeres de la realeza que siguieron la regla de santa Clara y dieron apoyo a la congregación en los reinos de León y de Castilla, destacando en ello, precisamente, Violante de Aragón. Tal vez Berenguela tuvo más que ver en la fundación del Convento de Santa Clara de Salamanca de lo que nunca hemos pensado o, quién sabe, quizá tan solo eligió ese convento por estar cerca de un templo dedicado al santo inglés protector de su linaje, aquel cuya devoción le transmitió su madre: santo Tomás Cantuariense, el santo de la chova piquirroja.


Icono en el que se representa a santo Tomás de Canterbury, conocido en los reinos de León y Castilla como santo Tomás Cantuariense.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Violante de Aragón

Como ya contamos en la entrada anterior, la preocupación por la conducta moral de su hijo, el rey Fernando, había urgido a Berenguela a encontrarle esposa lo antes posible, habiéndose solucionado el asunto con celeridad en dos ocasiones. Sin embargo, no iba a resultarle tan fácil encarrilar a su nieto, el futuro Alfonso X el Sabio ya que, con varias relaciones anteriores y una hija ilegítima en su haber, el díscolo infante mantendría sus intenciones de seguir procreando fuera del matrimonio aun con un compromiso matrimonial contraído.

En cualquier caso, tras dos intentos fallidos de concertar un matrimonio para el infante, Berenguela entró en negociaciones con el exmarido de su hermana Leonor, el rey Jaime I de Aragón, y allá por la primavera de 1243 se alcanzó un acuerdo para casar al infante Alfonso con la infanta Violante (1236-1301), hija del monarca aragonés. El acuerdo estuvo a punto de romperse durante las posteriores negociaciones del Tratado de Almizra, sin embargo, otra mujer, Violante de Hungría, la madre de la prometida, medió entre el rey Jaime I y el infante Alfonso, que actuaba en nombre de su padre y de su abuela, y logró que se alcanzara finalmente el acuerdo entre los dos reinos, que se firmó el 26 de marzo de 1244.


Plafón cerámico del Tratado de Almizra en la Torre del Conjurador del municipio alicantino Campo de Mirra.

La novia contaba con siete años cuando se acordó el compromiso y el novio con veintidós, por lo que hubo que esperar un  largo tiempo hasta que se formalizaran el contrato matrimonial el 26 de noviembre de 1246, dieciocho días después de la muerte de Berenguela, y la boda, que se celebraría el 29 de enero de 1249.


Lienzo de Violante de Aragón en el arrocabe derecho de la iglesia. En el lineal superior podemos aún ver el emblema que representa a Fernando III de Castilla y de León, que de esta manera da su visto bueno al Tratado de Almizra, firmado por su hijo Alfonso y por Jaime I de Aragón.


El reflejo del lienzo anterior en el arrocabe izquierdo de la iglesia.

La representación del acuerdo de paz y matrimonio de los reinos de Castilla y de León con el reino de Aragón se plasmó en el lineal inferior del séptimo lienzo en ambos lados de la armadura. En dichos lineales podemos ver 
cuatro emblemas repetidos dos a dos que representan:

- Las armas de Jaime I de Aragón: dos palos de gules (rojo) en campo de oro. Puede sorprender que sean solamente dos palos pero hay que tener en cuenta que por aquel entonces no se había fijado todavía el número de palos de este emblema.



Sello de Jaime I de Aragón, padre de Violante. En aquel tiempo el escudo de Aragón se representaba indistintamente con dos, tres, cuatro o seis palos. 


El rey Jaime I de Aragón representado con su señal con dos palos de gules en la Cantiga CLXIX. 

- Unos emblemas que, dentro de una cruz muy elaborada, representan un pequeño león púrpura en campo de plata, representando así al heredero del reino de León, el futuro Alfonso X, que se uniría en matrimonio con la hija del rey de Aragón, Violante, una alianza clave para el avance de los cristianos frente a sus enemigos musulmanes. 


Desde Fernando III era costumbre que el heredero de las coronas de León y de Castilla regentara los territorios del reino de León a modo de aprendizaje antes de llegar realmente a gobernar los dos reinos. De ahí que a su hijo, el príncipe Alfonso, futuro Alfonso X, se le represente en el arrocabe de la techumbre con las armas plenas del rey de León, pero en un formato reducido ya que todavía no es el rey, aunque administra ese reino en nombre de su padre.

Por último, en el arrocabe izquierdo, el lienzo superior sigue representando, entre las regias flores de lis, los emblemas cuartelados de Berenguela en los que el sitio de los leones lo ocupa la cruz latina hueca y negra. El alma de Berenguela sigue de luto a pesar de la alegría del compromiso alcanzado para su nieto.



Unos años más tarde, ya convertida Violante en reina de León y de Castilla, el papa solicitaría su intercesión y la de su hija Berenguela en favor de las hermanas clarisas de Salamanca. A cambio del apoyo real, el papa le otorgaría a Violante el derecho de visitar el convento acompañada de otras damas. Serían esas visitas y apoyos los que convertirían al convento de Santa Clara de Salamanca en uno de los más importantes y boyantes de todo el reino.

Y quizá fuera la reina Violante o una de sus acompañantes, o alguna descendiente suya, la que trajo al convento una preciosa caja de madera que se puede ver expuesta frente al mostrador de la entrada al museo, donde tan eficiente y amablemente desempeñan su labor Carmen, Mercedes y Natalia. De esa caja hablaremos más adelante...

Juana de Ponthieu, la segunda esposa de Fernando III

Fallecida la reina Beatriz de Suabia, urgía encontrar una nueva esposa para Fernando. De nuevo la integridad moral del rey corría el riesgo de quedar en entredicho, si éste, en su viudedad, se abandonaba a los placeres de la carne. Así que, una vez más, Berenguela se encargó de buscarle una esposa, en esta ocasión con la ayuda de su hermana Blanca, la reina de Francia.

La noble francesa Juana de Ponthieu había estado prometida e incluso casada por poderes con Enrique III de Inglaterra, siendo éste un matrimonio que perjudicaba los intereses de Francia, ya que ponía en riesgo su hegemonía sobre los territorios dependientes del ducado de Normandía. Debido a esto, la reina Blanca se implicó de lleno en lograr la anulación de ese matrimonio antes de que se consumara. La moneda de cambio fue la promesa de un matrimonio con el recientemente viudo rey de Castilla y de León, Fernando III, su sobrino. 

Los esponsales de Fernando y Juana se celebraron en Burgos en octubre de 1237. Cinco hijos nacieron de este segundo matrimonio, de los que fallecieron los dos más pequeños. De nuevo la reina de Castilla y de León se pasó la mayor parte de sus días viajando junto a su esposo, acompañándolo en sus campañas militares contra los musulmanes. 

El biógrafo de Berenguela, Salvador Martínez, aventura que la relación con la segunda esposa de su hijo no fue tan buena como la que mantuvo con la primera, dado que la nueva consorte "parece que tenía ciertas aspiraciones" que llevaron a Fernando, tal vez a petición de Berenguela, a firmar los diplomas de esa época remarcando que los aprobaba junto con su madre, "la reina reinante", es decir, dejando claro que Juana carecía de poder alguno. De hecho, la representación de Juana en el arrocabe puede ser precisamente un buen reflejo de dicha tirantez.

Los lienzos que ocupan a ambos lados el sexto lugar, empezando a contar desde el arrocabe trasero, representan a la segunda esposa de Fernando III. En el arrocabe derecho se representa a Juana con un emblema cuartelado que tiene:

- en los cuarteles primero y cuarto un palo de gules en campo de plata; 

- en los cuarteles segundo y tercero cinco roeles de sable en campo de plata. 

Interpretamos que la representación de la reina Juana se realiza con un cuartelado que refleja que ella por sí sola no representaba nada para Berenguela, es decir, la nueva reina consorte solamente tenía algún valor por estar casada con el rey Fernando III y por la descendencia que ambos tenían en común. El palo de gules representaría a Fernando y los cinco roeles a los hijos habidos en el matrimonio.


Lienzo de la reina Juana de Ponthieu en el lado derecho de la iglesia. 

La utilización de roeles para representar a la descendencia la encontraremos en otro emblema de la techumbre y, si contamos el número de roeles que aparecen en los distintos emblemas, nos viene a la mente lo ocurrido con los hijos de Juana y Fernando.


Palos de gules que creemos que representan a Fernando III y cinco roeles, es decir, los cinco hijos habidos en su segundo matrimonio.

Tres roeles, es decir, tres hijos, han muerto dos, y el palo se inclina en barra y en banda para representar la muerte de estos últimos.

En el lateral izquierdo el palo del primer cuartel se convierte en barra (diagonal inversa a la banda) y en el cuarto cuartel en banda. Del mismo modo, el número de roeles no es constante, ya que, de los cuatro emblemas, si seguimos la línea del tiempo que impone la decoración de la techumbre, el primero tiene tres, el segundo cinco y los dos últimos de nuevo tres. Sería ésta una forma de representar la muerte de los dos hijos menores: tenía tres, nacieron dos más, fallecieron estos últimos y quedaron tres de nuevo. Asimismo, la inclinación del palo representaría el duelo por esos fallecimientos. Observemos que no aparece una banda completa ya que no fallece Fernando (al que representa el palo), sin embargo, equipara el dolor por la muerte de los hijos al fallecimiento propio, a quedar "medio muerto".

Los armoniales franceses representan el emblema del condado de Aumale, ostentado por Juana de Ponthieu desde el año 1239, con una banda de gules que contiene tres roeles de oro (bezantes) en campo de plata, apareciendo estas mismas armas en el cuartelado con castillos que utilizó su hijo Fernando. Las similitudes entre el escudo de dicho condado y el emblema cuartelado con roeles, banda y barra que vemos en el arrocabe de la techumbre son tan evidentes que no nos cabe duda de que se representa aquí a la segunda esposa de Fernando III de Castilla y de León; además, el emblema aparece donde cronológicamente corresponde: entre el fallecimiento de Beatriz de Suabia (1235), primera esposa de Fernando III, y el compromiso con Violante de Aragón para casarse con el heredero de los reinos de León y de Castilla, el futuro Alfonso X (1240/1243). Lo que no podemos asegurar es si Berenguela se sirve de un emblema preexistente para representar a Juana como desea, como el resultado de su hijo más sus nietos, o si el emblema de Juana y su hijo Fernando de Aumale nacieron de un compendio basado en el que empleó Berenguela para representar a su nuera en la armadura.


Lienzo de la reina Juan de Ponthieu en el arrocabe izquierdo de la iglesia.


Escudo de Juana como condesa de Aumale.


Armas del conde Fernando de Aumale, hijo de Ferando III de Castilla y de León y de Juana de Ponthieu.

En la parte superior del lienzo tenemos:

- A la derecha emblemas de Castilla y León cuartelados en sotuer e intercalados con flores de lis. Este lineal es una copia idéntica del lineal superior del lienzo "Berenguela la Grande", lo que nos indica que por encima de la reina consorte, Juana, estaba la reina madre, la verdadera reina reinante.



- A la izquierda, en el lado donde Berenguela representa su estado interior de luto ante tanta pérdida de seres queridos, aparecen de nuevo los emblemas cuartelados en cruz de Castilla y de León en los que el espacio de león se ocupa por las ya conocidas cruces latinas huecas y de color negro.

La carpintería que me atrapó entre sus lazos

Capítulo que pertenece al libro La carpintería que me atrapó entre sus lazos y que está dedicado a la techumbre de la iglesia del Real Conv...