viernes, 8 de diciembre de 2023

La conexión franciscana

Somos perfectamente conscientes de que afirmar que los emblemas que decoran la techumbre de las Claras de Salamanca conforman una crónica visual ideada por la reina Berenguela (1180-1246) es mucho afirmar, sin embargo, cuanto más profundizamos en el asunto, más creemos estar en lo cierto y lo divulgamos por este medio sin ninguna pretensión más que la de aprender y compartir, tratando siempre de hacerlo de manera razonada, razonable y documentada. Porque, si ya era mucha casualidad que las fechas de construcción de la iglesia y la de los hechos narrados fueran coincidentes, después aprendimos que, tal y como contamos en la entrada anterior, no estábamos ante una obra de la heráldica nobiliaria propia de la Edad Moderna, sino ante una obra medieval que muestra la heráldica plástica y viva nacida en Aquitania y exportada a Castilla, esa que reivindicaba Faustino Menéndez Pidal de Navascués, el que fue el mayor experto de nuestro país en estos temas.

En esta nueva y necesariamente extensa entrada queremos tratar otro aspecto, sumamente revelador e importante, que justifica nuestra afirmación de que Berenguela fue la promotora de esta obra. Nos basamos para ello, fundamentalmente, en las investigaciones realizadas por la profesora María del Mar Graña Cid, que nos permiten ligar el interés de la reina por la promoción y expansión de las órdenes mendicantes, en particular de las de corte franciscano y, más concretamente aún, de las Clarisas o, como se denominaban en sus comienzos, cuando todavía no había sido aprobada la regla de santa Clara, de las Damianitas.


Santa Clara de Asís.

Vayamos de lo general a lo concreto, recopilando hechos que relacionan a Berenguela y su familia con el movimiento franciscano surgido en la ciudad italiana de Asís y que indefectiblemente conducen a nuestro convento salmantino:

- San Francisco (1182-1226) y santa Clara (1194-1253) fueron contemporáneos de la reina Berenguela. De hecho, el santo peregrinó a Santiago de Compostela en 1212 y la tradición señala que fue recibido en la corte castellana en Burgos.

- A partir de 1217, fecha de la ascensión al trono de Castilla de Fernando III, la alianza de la realeza con el franciscanismo fue una constante, siendo múltiples los ejemplos de apoyo y promoción, tanto en el ámbito masculino como, muy especialmente, en el femenino. Este interés familiar por lo franciscano no se limitó los reinos de Castilla y de León, sino que se dio también en los descendientes franceses de Blanca de Castilla: Isabel de Francia y el rey san Luis IX. Por cierto, tanto este último como su primo Fernando III fueron enterrados con el hábito de la orden seglar franciscana, la Tercera Orden.


San Luis IX de Francia en el árbol de los santos franciscanos.

- Destaca la profesora Graña dos aspectos importantes: por un lado, que las mujeres del círculo regio tuvieron absoluta preferencia por el sector damianita, que acabaría dando lugar a las Clarisas y, por otro, que lo hicieron siempre “muy en sintonía con los intereses del papado". Esos intereses papales pasaban por dar cabida institucional a la gran cantidad de beatas laicas que se habían ido congregando junto a ermitas mediante su conversión en monjas damianitas. Esto es algo importante ya que puede no ser casualidad que precisamente el apoyo del reino de Castilla a este movimiento coincida con el reconocimiento dado por el papa a Fernando III como heredero legítimo del reino de León. De hecho, pensamos que este apoyo pudo ser parte de algún tipo de acuerdo alcanzado en 1218.

- Si nos fijamos en la promoción de monasterios concretos y en su documentación, sin duda el apoyo regio comienza con la reina Berenguela y para ello tenemos argumentos de todo tipo, tanto legendarios como documentales.

Respecto a los primeros, dice la profesora Graña Cid que, a pesar de que las leyendas y crónicas tardías deben tomarse con cautela, en el caso de las órdenes mendicantes es necesario escucharlas, dado que en muchas ocasiones las carencias documentales sobre aportaciones y apoyos derivan de la propia idiosincrasia franciscana y de sus formas de establecimiento inicial, siempre espontáneo, flexible y, por lo tanto, informal. Todo lo anterior justifica la falta de archivos bien documentados en los comienzos. En este contexto legendario, las crónicas hacen referencia a la correspondencia mantenida entre la reina Berenguela y Clara de Asís, en la que la primera habría solicitado a la segunda una regla bajo la que se pudieran regir las comunidades damianitas que se habían formado en los reinos de Castilla y de León. Como decimos, no se conservan las cartas, pero, por ser tradición muy antigua en un contexto de ausencia documental, debe tenerse presente.

Pero, sin duda, mucho más relevante es que exista constancia documental de la participación de Berenguela en el establecimiento en Guadalajara de la primera comunidad damianita. En un documento de reciente aparición, su propio nieto, Alfonso X, reconoce que el primer monasterio damianita, el fundado en Guadalajara en 1222, “fue fecho por la mui noble y mui alta señora doña Berenguela, reina de Castilla, nuestra abuela muy querida”. Guadalajara era ciudad de su tenencia y, curiosamente, esta actuación también se dio en otras ciudades en las que la reina ejercía un poder directo. Sostiene la profesora Graña Cid que “doña Berenguela impulsó la implantación franciscana en lugares y contextos con connotación de poder, concretamente en ciudades de su señorío tales como Valladolid y Guadalajara. Allí gozaba de capacidad de maniobra y, al vincularse a esas presencias religiosas, propuestas punteras de renovación espiritual, subrayaba su autoridad y su proyección en las urbes. (…) Doña Berenguela unió su titulación señorial al franciscanismo, masculino y femenino, y con ello, además de mostrar la que parece haber sido su preferencia personal, remite a sus lazos familiares femeninos más próximos”. Si a lo anterior unimos que la reina ostentó la tenencia de Salamanca, conforme se deduce claramente de los documentos del archivo catedralicio, durante los años en que fue reina consorte de León, al menos entre 1199 y 1203, tiene todo su sentido que, una vez su hijo accede al trono leonés en 1230, también desee implantar y promover en Salamanca una congregación damianita, tal y como ya había hecho en otras ciudades de las que había sido tenente.


Santa Isabel de Francia. sobrina de Berenguela y fundadora de la abadía de Longchamp, el primer monasterio de Clarisas de Francia, lavando los pies a los pobres Pintura de Desire Laugee (1823-1896).

- A pesar de que el archivo del convento salmantino no conserva el documento fundacional u otro que ampare el mecenazgo real inicial, sí queda constancia del apoyo regio al convento en los inicios de la congregación. De esta forma, el documento más antiguo conservado es una bula de enero de 1238 en la que el papa le encomienda a Fernando III, “el monasterio y religiosas de Santa María de Salamanca, de la orden de San Damián (de Asís)”. En aquellas circunstancias en que las que el rey se encontraba haciendo la guerra en Al-Ándalus y su madre se encargaba de los asuntos ordinarios, aquella solicitud de auxilio sólo podía ser atendida por Berenguela.

- En referencia también al convento salmantino, la profesora Graña Cid no deja de sorprenderse ante la pujanza que alcanzó éste y cómo fue ésta la congregación de referencia de la que partieron las hermanas que fundaron conventos en otras localidades. En efecto, porque para Mónica Fuentes Jiménez la comunidad salmantina “pasará a postularse en la segunda mitad de siglo como un agente muy activo en la expansión de la Orden de las Clarisas en Castilla y en León. “¿Por qué fueron cuna fundacional?”, se pregunta, para destacar otra peculiaridad de esta comunidad: la directa “conexión de autoridad-autoría con la comunidad de Asís”.

Hay un último aspecto que, en ausencia de documento expreso que avale el mecenazgo de la reina Berenguela sobre el convento de Santa Clara de Salamanca, es una prueba más de que el mismo fue más que probable. Indica la profesora Graña Cid que lo habitual es que el apoyo de miembros femeninos de la realeza sea continuador del comenzado por sus antecesoras. Dice expresamente: “por lo general, los círculos consanguíneos de las promotoras procedentes del medio regio y cortesano ya venían brindando su apoyo a las órdenes mendicantes”. Y continúa diciendo que esto “fue algo muy visible en la familia real castellana a lo largo de los reinados de Fernando III, Alfonso X y Sancho IV". En el caso de las Damianitas de Salamanca es muy importante tener en cuenta este aspecto, dado que, si bien es cierto que el archivo del convento no conserva documentación expresa que mencione a Berenguela, sí contamos con bulas papales dirigidas a sus sucesoras más cercanas en el tiempo. Una bula del 1 de diciembre de 1257 pide a Violante de Aragón, esposa de Alfonso X y, por lo tanto, nieta política de Berenguela, “que ampare a las monjas de Santa María de la orden de San Damián, ayudándolas en sus necesidades y prestándoles apoyo para evitar las intromisiones e injerencias abusivas de los seglares”. Otra bula, fechada al día siguiente, autoriza “a la reina de Castilla y de León para entrar en clausura y visitar el monasterio de Santa Clara -“causa devotionis!”- dos o tres veces al año, no obstante los estatutos o costumbres contrarios, con tal de que vaya acompañada de cinco o seis matronas honestas”. Para Graña Cid este deseo de la reina Violante de compartir espacios con las consagradas venía a “manifestar la existencia de contactos de comunicación habituales con las religiosas y la asunción de un papel de protección y defensa de las mismas: la reina estaba al tanto de los problemas de la comunidad salmantina, que conocía “per experientiae claritatem”. Esta dispensa será otra de las marcas de identidad de la comunidad salmantina, que pasará de un situación de subsistencia a convertirse en lugar de acogida temporal de damas de la alta nobleza. Un año más tarde, otra bula, fechada el 27 de junio de 1258, encomienda a la infanta Berenguela el monasterio y sus monjas; necesariamente se trata de la nieta de Berenguela, hija de Fernando III y Beatriz de Suabia, puesto que la hija homónima de Alfonso X y Violante contaba por entonces con tan sólo cinco años. Esta última, bisnieta de Berenguela, refundará el convento de Toro que, tras haberse fundado con monjas de Salamanca, había sido destruido por el obispo de Coria. Así las cosas, indica Graña Cid que “es significativo que la tradición señalase a doña Berenguela como la iniciadora de esta política religiosa en el seno de la familia real y que después hubiese una cadena de mujeres marcada por la homonimia: su nieta, Berenguela II, o su bisnieta, Berenguela III”. Curiosamente, esta cadena se ramifica en la línea ilegítima procedente de Urraca Alfonso, hija natural de Alfonso IX. Una de sus hijas, Berenguela López de Haro, protegida de Berenguela la Grande, fundará la congregación damianita de Vitoria, mientras que otra hija, Mencía, fundará en Carrión de los Condes.


Pintura del convento de Santa Clara de Toro, refundado por la infanta Berenguela, la bisnieta homónima de la Grande. 

En conclusión, el interés general de Berenguela en fundar comunidades damianitas en ciudades de su tenencia y la pujanza que alcanzó precisamente el gineceo salmantino, en gran parte, por el apoyo real femenino sostenido en las generaciones posteriores, en sin duda uno de los indicios más sólidos para apoyar la teoría de que la Grande anduvo por la capital charra promoviendo la construcción del convento de santa Clara.

Las referencias básicas para esta entrada han sido:

Graña Cid, M. M., (2016). "Berenguela I y Fernando III, promotores de las órdenes mendicantes en Castilla. En El franciscanismo: identidad y poder. Asociación hispánica de estudios Franciscanos". Córdoba. Págs. 119-141.

Graña Cid, M. M. (2013). "Reinas, infantas y damas de corte en el origen de las monjas mendicantes castellanas (c. 1222-1316). Matronazgo espiritual y movimiento religioso femenino. En Redes femeninas de promoción espiritual en los reinos peninsulares (s. XIII-XVI"). Roma. Viella. Págs. 21-44.

Fuentes Jiménez, M. (2021). "Cartografía histórica del movimiento de las Clarisas de Castilla y León". Tutor: Luis Manuel Pérez-Zambrano. Trabajo Fin de Máster. Lleida. Universitat de Lleida.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Un paseo por Salamanca - Berenguela y el enigma heráldico de las Claras - La 8 Salamanca

El Real Convento de Santa Clara es una de las instituciones religiosas más antiguas de Salamanca. Sus paredes acumulan siglos de arte e historia, pero también hay que mirar hacia arriba. En el siglo pasado se producía el feliz hallazgo de su techumbre medieval original, que quedó como sobrebóveda tras la reforma barroca de Churriguera. Sin embargo, esta cautivadora armadura permanece sin descifrar. Los investigadores Miguel Ángel Martin y Charo García de Arriba han encontrado un hilo del que tirar para construir una historia sorprendente: toda la heráldica está contando una historia, la de la reina Berenguela y la unión de las coronas de León y Castilla en su hijo Fernando III. Un ejemplo más del alcance de esta mujer única que también protagoniza la última novela de José Ángel Mañas.

Un programa de La 8 Salamanca editado y montado por Paco Gómez y grabado por María González.

sábado, 25 de noviembre de 2023

Heráldica original versus Heráldica nobiliaria

El que visite la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca con ánimo de encontrar un magnífico ejemplo de “ciencia del blasón”, “ciencia heróica”, “piezas honorables” o de la significación de colores, piezas o disposiciones saldrá profundamente defraudado sin entender absolutamente nada de lo que ha tenido delante de sus ojos. De hecho, durante cincuenta años lo único que se ha dicho de su decoración heráldica es que hay cinco emblemas que se asemejan a los de los linajes salmantinos de los Varillas, los Maldonado, los Zúñiga, los Enríquez y los Tejeda. ¿Y qué pasa con toda esa gran cantidad de emblemas que queda sin identificar? Pues lo que ha pasado nos lo aclara el más prestigioso de los heraldistas españoles, Faustino Menéndez Pidal de Navascués, que tanto nos ha enseñado en estos meses. Afirma el maestro -en la página 40 de su libro Los emblemas heráldicos: novecientos años de historia- que “Quizá el rasgo más importante del sistema heráldico sea el de constituir un conjunto dinámico, en continuo cambio, que, como lengua viva, se re-crea cada vez que se usa, porque hasta la época de decadencia se usaba como expresión espontánea, no como reconstrucción arqueológica”. Solamente teniendo en cuenta estas palabras de Menéndez Pidal de Navascués puede explicarse la presencia de una chova piquirroja junto al castillo de Alfonso VIII en la decoración de nuestra techumbre salmantina. Lo que vemos es producto de la motivación personal de la mecenas de esta obra, que decide colocar esos dos emblemas precisamente en el interior de una iglesia, con el deseo de recordar al individuo identificado con el ave más por sus valores que por su linaje, primando así el aspecto emocional, espiritual y cultural frente al de la estirpe.


Un libro fundamental para comprender lo que fue la Heráldica en sus orígenes, que poco tenía que ver con la ciencia del blasón que conocemos hoy en día. 


La hija, Berenguela, se nos presenta por medio de dos emblemas, uno que representa el poder político de su padre, Alfonso VIII, como rey de Castilla y otro que nos habla de su madre, Leonor Plantagenet, promotora del culto a santo Tomás Cantuariense y depositaria de valores cristianos. Éste es su linaje y así lo quiere representar en esa parte del arrocabe. 


En otro punto del arrocabe la reina Berenguela representa a sus padres de modo diferente, ya que quiere dar cuenta de la defunción de ambos en 1214 y ella no está sujeta a la estricta normativa de la Heráldica nobiliaria, que se inventará dos siglos después. El padre sigue representado por su castillo de oro, pero ahora el campo del emblema ya no es rojo, sino negro. El luto por la madre se representa cambiando el el campo rojo del emblema del linaje Plantagenet por un campo negro. Por lo tanto, ahora la madre no está representada por el emblema espiritual de su familia, la chova piquirroja, sino por el político, el león de oro.

Porque lo de describir la parte puramente formal de las armerías, descomponiéndolas en piezas, figuras y colores es algo que se comenzó a hacer en los siglos XVII y XVIII, estableciéndose así una ciencia del blasón que no es más que, también en palabras de Faustino Menéndez Pidal de Navascués, “una disciplina abstracta y especulativa, separada del hombre y de su historia.”


León púrpura sobre campo de plata con una bordura de gules cargada con ocho castillos de oro. Así se describiría este emblema según la ciencia del blasón, pero poco importa eso en nuestra techumbre, donde lo que cuenta es que el emblema representa a una persona perteneciente a un linaje y sus circunstancias, en este caso al infante Fernando, hijo de Berenguela de Castilla y Alfonso IX de León, reconocido como heredero legítimo de su padre en el año 1218.

También afirma el sabio profesor que el desarrollo del sistema heráldico fue más intenso y con caracteres particulares más acusados en dos áreas concretas:

- La del Canal de la Mancha, con la Inglaterra de los primeros Plantagenet y los dominios del rey y los nobles de Francia. Aquí los escudos de armas se insertan en la corriente de pensamiento caballeresco y del Amor Cortés que emana de la corte de Leonor de Aquitania y constituyen su expresión gráfica, por medio de la cual no se pretende representar un linaje, sino evocar a la persona titular de las armas, es decir, un emblema corresponde a un solo individuo, justamente lo que vemos nosotros en la techumbre de las Claras.


Emblema cuartelado en sotuer que representa a la reina Berenguela y sus circunstancias. Obligada a separase de su esposo, el rey de León, no puede presentarse a su lado, aunque todavía lo ama, por eso actúa como una víctima del Amor Cortés y se esconde tras un original emblema que no encontraremos en otro lugar ya que está diseñado específicamente para esta techumbre y no representa a linaje alguno. 

- La Castilla regida por Alfonso VIII, Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio, inmersa en la Cruzada contra los musulmanes de Al-Ándalus. En esta área predominan los valores decorativos, estéticos y las pautas repetitivas de los emblemas en línea, que es precisamente la que nos encontramos en la techumbre, y en redes de cuadrados u octógonos.


Fernando III de Castilla proclamado rey de León en 1230. Emblemas repetidos y colocados en línea con intención decorativa de acuerdo con el carácter particular heráldico castellano.

No os podéis imaginar la enorme satisfacción que pudimos sentir al leer esta argumentación, la de un verdadero experto, en fechas posteriores a haber hecho pública nuestra interpretación del conjunto heráldico de las Claras de Salamanca. Porque no en vano nosotros afirmamos que en esta techumbre lo que hay es una crónica histórica visual de cómo los reinos de León y de Castilla llegaron a tener un único rey, Fernando III, gracias a la calidad humana y política de su madre, la reina Berenguela, precisamente hija de Alfonso VIII y nieta de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania. Don Faustino, desgraciadamente, no llegó nunca a ver la techumbre al completo, nos consta que vio fotografías de algunos emblemas por separado, de otra forma hubiera atado cabos y se hubiera dado cuenta de que esta maravillosa obra de arte conservada en un convento salmantino era la respuesta a todas sus preguntas y la prueba definitiva de que sus teorías, desarrolladas tras tantos años de estudio, eran ciertas.


Don Faustino Menéndez Pidal de Navascués, académico y director honorario de la Real Academia de la Historia, así como Director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.

Lamentablemente la Heráldica nobiliaria triunfó no solamente porque fuera la más cercana a nuestro tiempo, sino también porque trató de borrar la tradición heráldica anterior para así poder afirmar cosas tales como que éstas son las armas de mi familia no desde el siglo XVI, sino desde el siglo X, y además descendemos del mismo Hércules venido a la península ibérica a robarle los bueyes al gigante Gerión. Por entonces para nada importaba que en la época en la que se sitúan las leyendas familiares ni siquiera existiera todavía la Heráldica, que desde luego no se había inventado todavía en los tiempos de los supuestos antepasados heróicos de familias como los Maldonado o los Varillas. El caso era inventarse un pasado, crearse un linaje como elemento diferenciador y como la justificación de unos privilegios, un auténtico ejercicio de soberbia y una práctica descarada de la ley del embudo. En definitiva, una farsa que, incomprensiblemente, se sigue manteniendo con las ideas de realeza, hidalguía y nobleza o con la ingenua creencia de que por tener el mismo apellido que un linaje nobiliario perteneces a él y, por lo tanto, tienes el derecho de colocar las armas de esa familia a la puerta de tu casa.

Estamos convencidos de que en esta techumbre se reflejan los dos principales caracteres de la Heráldica original, los de Aquitania y los de Castilla, y se da la casualidad de que la reina Berenguela era hija de esos dos territorios en los que se utilizaron tempranamente los emblemas. Además, los documentos fundacionales del convento de Santa Clara son bulas papales dirigidas a Fernando III de León y de Castilla, hijo de Berenguela, cuyas vicisitudes vividas para convertirse en monarca leonés son las que afirmamos que se cuentan en la techumbre por medio de emblemas heráldicos. A estas dos circunstancias hay que sumar, además, que en el arrocabe trasero de la armadura se representan territorios y mujeres del imperio Plantagenet-Aquitania, precisamente el imperio donde nació la Heráldica en el siglo XII.


Emblema situado en el arrocabe trasero de la techumbre. No es el emblema de los Tejeda salmantinos, representa a Isabel de Angulema, esposa de Juan sin Tierra, tío de Berenguela y rey de Inglaterra, y sus circunstancias, las de mostrarse de luto por medio del esmalte azul y el metal oro por el fallecimiento de su suegra, Leonor de Aquitania.

Como dijimos al comenzar a escribir este Blog: “les exponemos los hechos que indican en una dirección, ustedes serán el jurado”. Pero no tarden mucho, porque, si tuviéramos razón, quién sabe, y aunque doctores tiene la Iglesia, la decoración de esta techumbre sería algo único por su datación en fechas en torno a mediados del siglo XIII y por tratarse de una crónica histórica visual realizada en la Edad Media.


Emblema situado en la parte central del arrocabe trasero y, por lo tanto, frente al altar. Representa a una persona concreta perteneciente a un linaje y sus circunstancias, tal como nos dice Menéndez Pidal de Navascués que se hace en la Heráldica primitiva que nace en Aquitania. En esta decoración, según hemos visto en las tabicas que representan a la malograda reina Beatriz de Suabia, la banda parece que se emplea para sustuir el emblema de un persona fallecida, así que pensamos que aquí se representa a los padres de Berenguela, fallecidos ambos en 1214, representados también por sendas flores de lis, luciendo el emblema el color gules y el metal oro propios de ambos monarcas.

Y los que han visto muchas techumbres, tengan en cuenta, por favor, que ésta del convento de Santa Clara de Salamanca tiene apenas siete centímetros de espesor en sus pares, a ver si eso les dice algo, que nosotros nada sabemos de la carpintería de lo blanco. Lo que sí tenemos claro, en palabras tambíén de Menéndez Pidal de Navascués, es que: "No se estudia lo que no se comprende y no se comprende lo que no se estudia".


Esto jamás se hubiera dado en la Heráldica nobiliaria, puesto que no tiene sentido colocar en el mismo lugar las armas de un mismo linaje con colores diferentes en el campo. Pero esto sí se da en esta techumbre y se puede dar porque aquí no se representa a la familia Maldonado, sino a una persona perteneciente a un linaje en circunstancias diferentes. En este caso creemos que se representa a Alfonso VIII de Castilla, según su hija Berenguela merecedor de cinco flores de lis de oro en campo de gules, el metal y el color de su señal del castillo, ya que al ser nieto de Alfonso VII el Emperador, bien podría reinar en Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón, los cinco reinos de donde partieron caballeros para alcanzar la victoria de las Navas de Tolosa en 1212 con el monarca castellano a la cabeza. En campo de sable las cinco flores expresan el luto por la muerte de Alfonso VIII.

sábado, 11 de noviembre de 2023

Ilegitimidad III - Borduras tachadas

Es más que probable que la infanta Berenguela fuera educada en la corte castellana con un sentimiento de superioridad frente a las ramas leonesa y portuguesa de la familia paterna. No en vano la Grande era, por parte de padre, nieta del hijo primogénito de Alfonso VII el Emperador, Sancho III, y, por parte de madre, nieta de Leonor de Aquitania, reina primero de Francia y luego de Inglaterra, además de sobrina del famosísimo caballero cristiano Ricardo Corazón de León. Por otro lado estaba el asunto de que en la rama castellana los matrimonios reales se habían mantenido estrictamente dentro de lo establecido por el papado respecto al grado de consaguineidad entre los contrayentes, lo que les convertía a ellos y a su descendencia en legítimos ante Dios y, seguramente, según su propio punto de vista, en merecedores de convertirse en la familia imperial heredera de Alfonso VII con los reinos de León y de Portugal como vasallos del castellano. En cambio, en las ramas leonesa y portuguesa los hijos del incesto causaban problemas con fatales consecuencias. Por ejemplo, Teresa de León (1080-1130), condesa portucalense, fue una hija ilegítima que Alfonso VI tuvo con su amante Jimena Muñoz. De los titulares del condado portucalanse, la mencionada Teresa y su esposo Enrique de Borgoña, nacería el que se convertiría en el primer rey de Portugal, conocido como Alfonso I, perdiendo así el reino de León una parte importante de su territorio. Por el lado leonés, Fernando II (1137-1188) se había casado con Urraca de Portugal, nieta de una hermanastra de su abuela; de ese matrimonio nació Alfonso IX de León, que a su vez se casó con su prima hermana Teresa de Portugal, siendo anulados ambos matrimonios por el papa y convirtiéndose así los hijos en ilegítimos, con todos los problemas que ello acarreaba a la hora de la sucesión.  


Ricardo Corazón de León, tío de Berenguela, enfrentándose a Saladino, sultán de Egipto y Siria, durante la Tercera Cruzada.


Teresa de León, hija ilegítima de Alfonso VI. Se casó con Enrique de Borgoña, que hubiera preferido casarse con la hija legítima, Urraca I de León, pero fue postergado en favor de su primo Raimundo de Borgoña. Teresa, en guerra con su hermanastra Urraca, hizo todo lo posible porque su hijo Alfonso llegara a ser el primer monarca del reino de Portugal, con lo que el reino leonés perdía un territorio que jamás recuperaría.

Alfonso IX casó en segundas nupcias con la hija de su primo carnal Alfonso VIII, Berenguela, rompiéndose así la racha de legitimidad matrimonial castellana, terminando ese enlace anulado por el papa, aunque la reina bien que se ocupó de que su hijo, el futuro Fernando III de Castilla y de León, fuera reconocido como legítimo por la Santa Sede en 1218. Le costaría mucho dinero y el compromiso de por vida de ella y de algunas de las mujeres que la sucedieron con la orden religiosa de las Damianitas, transformada luego en la de las Clarisas, pero lo consiguió además con tesón e inteligencia.


Panteón de los Reyes de San Isidoro. Cuando Berenguela entro aquí por primera vez una vez convertida en reina de León, con apenas dieciséis años, probablemente puso en duda parte de la educación recibida en Castilla. Se había convertido en la monarca del antiguo y glorioso reino, el que inició la Reconquista, y su marido era el hombre que más le podía recordar al admirado tío de las historias que le contaba su madre porque Alfonso IX fue, al fin y al cabo, nuestro monarca Corazón de León. 

Trasladándonos de nuevo al sobrao de la Historia de León, la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, allí podemos ver que hay pintados sobre sus maderas dos emblemas que lucen borduras cargadas de aspas. Tradicionalmente se ha considerado que el origen de esas aspas está una condecoración que concedió Fernando III a los caballeros que participaron en la toma de la ciudad de Baeza el día de san Andrés de 1227. Lo cierto es que no se sabe con certeza en qué día se tomó Baeza, de hecho las fuentes musulmanes nos proporcionan otra fecha, y, además, san Andrés no se comenzó a representar con una cruz aspada hasta mucho tiempo después. Así las cosas, nos tememos que Gonzalo Argote de Molina (1548-1569) se sacó de la manga lo de la bordura con cruces de san Andrés en un episodio más de invención de la memoria de la nobleza renacentista, dispuesta a cargar sus armas con todo tipo de figuras a las que acomodaban historias que engrandecieran su pasado.

Lo que nosotros pensamos que representan las borduras cargadas de aspas en la techumbre es la ilegitimidad de un matrimonio real, tachándose así una figura, un castillo o unos verados, fórmula que luego fue adoptada por la nobleza cuando ya no se sabía lo que esto significaba en origen, convirtiéndose así nuestra techumbre salmantina en un inventario que dotaría de armas a los Varillas, los Maldonado, los Zúñiga, los Tejeda, los Enríquez y los Haro, familia esta última que incorporó la bordura aspada a sus armas con lobos de sable en campo de plata. 


Armas de la familia Haro. aliada de la reina Berenguela en su guerra contra la de los Lara. Siendo los lobos de sable sobre campo de plata unas de las armas nobiliarias más antiguas en la península ibérica, esa bordura de gules cargada de ocho aspas no lució ahí desde siempre, se añadió después, un día os contaremos la posible razón para esto, que desde luego no es la historieta de las cruces de san Andrés y la batalla de Baeza elucubrada por un fantasioso heraldista del siglo XVI. 

Los estatutos del limpieza de sangre de mediados del siglo XVI condujeron a una obsesión por el linaje, factor determinante de muchas fábulas familiares normalmente relacionadas con las gestas de la Reconquista. Gonzalo Argote de Molina, importante erudito español de ese tiempo, fue también un gran fabulador de pasados legendarios y orígenes míticos.

El primero de estos emblemas con bordura de aspas se encuentra en el cuadral derecho, en el momento en el que la crónica heráldica y visual nos cuenta que Berenguela se encuentra librando una guerra con la familia de los Lara en 1217 (Véase la entrada del 22/3/23 titulada "Si Berenguela hubiera sido derrotada...). Se trata de un emblema con un verado de sable sobre campo de plata y una bordura de gules cargada de ocho aspas de oro. Frente a él está el emblema que representa a su hijo Fernando como hijo del rey de León (con sus armas plenas) y de una infanta castellana (bordura de gules cargada de ocho castillos de oro). Pues bien, si Berenguela hubiera perdido esa guerra, la situación de su hijo Fernando hubiera sido la de ilegítimo ya que por entonces todavía no había sido reconocido por el papa, viéndose obligado a abandonar Castilla para acogerse bajo amparo de su padre el rey de León. Las aspas tachan la figura de su madre, dada la ilegitimidad del matrimonio de sus padres, y los verados muestran la protección ofrecida por el monarca.


Emblema del infante Fernando el Castellano como fruto de un matrimonio ilegítimo y bajo la protección de su padre el rey de León. 


Emblema del infante Fernando el castellano como hijo legítimo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla ya que aparece la bordura materna cargada de castillos. 

El segundo emblema que muestra bordura con aspas está situado en el lienzo III del arrocabe izquierdo, donde se representa la muerte de Alfonso IX de León y el luto de su esposa Berenguela. Como justo enfrente, en el arrocabe derecho, está representada la proclamación de su hijo Fernando como rey de León en 1230, cosa que se hace mostrando las armas plenas del monarca leonés, el león púrpura sobre campo de plata, al difunto rey no se le puede representar con el mismo emblema de uso personal. Sabemos que la interpretación de este emblema puede resultar polémica, si la ponemos bajo el foco nuestra mentalidad moderna, así que hagamos un esfuerzo e intentemos entrar en la mente de una reina del siglo XIII sabia, cristiana hasta la médula, extremadamente orgullosa de su estirpe y educada en la cultura trovadoresca. La bordura de sable cargada con dieciocho aspas nos recuerda a la bordura del emblema que representaba a la descendencia de Alfonso IX y Teresa de Portugal en el cuadral derecho. Las aspas tapan en esta ocasión los verados, a su vez representación del reino de Portugal, un reino que según la corte castellana debería ser vasallo suyo. Las "tachaduras" de los verados son el estigma de la consanguineidad del matrimonio de sus padres. Al mismo tiempo el león púrpura del reino de León se tiñe de los colores gules y oro del reino castellano, representándose así que, en la corte de Burgos se consideraba que ése debería ser también otro reino vasallo suyo o, quizá, algo más asumible para los que amamos y respetamos la historia del viejo reino leonés, el deseo oculto de Berenguela de haber reinado junto a su esposo en León y en Castilla. 


Emblema que representa al difunto Alfonso IX de León. 


Emblema de la descendencia de Alfonso IX de León y Teresa de Portugal representada como legítima, ya que las figuras de la bordura no están sustituidos por las aspas. Se la presenta como legítima porque, en un momento dado, fue considerada como una de las opciones para heredar el reino de León en perjuicio del hijo de Berenguela. En todo caso, y contradiciendo lo anteriormente dicho, la bordura no está cargada con una figura clara que represente a Teresa de Portugal o el reino de Portugal, lo que quizá signifique que Berenguela daba por ilegítima a esta línea de descendencia y sea ésta otra forma diferente de indicar tal hecho. 

Ilegitimidad II - El tan obediente castellano y el tan rebelde leonés

Si por el papa Inocencio III, el azote de los matrimonios reales incestuosos, hubiera sido, Alfonso IX jamás habría llegado a ser rey de León ya que era hijo del matrimonio entre Fernando II de León y Urraca de Portugal, nieto él de Urraca I de León y nieta ella de Teresa de León, ambas hijas de Alfonso VI. Dado el grado de consanguineidad entre los contrayentes, este enlace fue anulado por el papa Alejandro III en 1175, pero el caso es que, en 1188, año de la muerte de Fernando II, su hijo Alfonso contaba con el inquebrantable apoyo de la nobleza y el clero leonés, así que fue proclamado como monarca a pesar de su condición de ilegítimo a ojos de la Santa Sede.


Fernando II de León, padre de Alfonso IX de León y tío de Alfonso VIII de Castilla, según una miniatura del Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela.

Lo cierto es que a Alfonso IX nunca le importó una higa lo que dijeran desde Roma, había sido excomulgado por el papa Celestino III en 1191 a causa del pacto que había firmado con los musulmanes almohades y aun así nadie en su reino se levantó contra él. Es por ello que no tuvo ningún reparo en desposarse con su prima hermana, Teresa de Portugal, sobrina de su madre, en 1191, un matrimonio que en 1196 ya había quedado deshecho ante la presión ejercida por el mismo papa que lo había excomulgado. No obstante, de este matrimonio nacieron tres vástagos: Sancha, Fernando y Dulce.


Emblema situado en el cuadral derecho de la techumbre que, según nuestra interpretación, representa a la descendencia habida entre Alfonso IX de León y Teresa de Portugal, teniendo en cuenta que su único hijo varón, Fernando el Portugués, había muerto en 1214. Según el prestigioso heraldista Faustino Menéndez Pidal de Navascués, la bordura es precisamente una creación heráldica castellana de mediados del siglo XIII para combinar los linajes paterno y materno.


Detalle de los veros del forro de la capa del rey Alfonso IX de León. En la heráldica primigenia veros y verados (veros que no son de color azul) representan la protección otorgada a una persona o un territorio de menor entidad por un rey o reino.

Por otro lado, estaba su primo Alfonso VIII de Castilla, siempre cumplidor con Roma, que era hijo de un matrimonio sin tacha, el de Sancho III y Blanca Garcés de Pamplona. Además, para evitar cualquier problema de consanguineidad, al rey castellano le buscaron una esposa en tierras extranjeras, Leonor Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, con la que se desposó en 1170. La primogénita de este matrimonio fue Berenguela, nacida en 1180, a la que en 1197 casaron con Alfonso IX, primo hermano de su padre, en una maniobra política que iba a acabar con la cruenta guerra que en ese momento libraban los reinos de León y de Castilla y que además podría engendrar un heredero medio castellano para el reino de León. Con este enlace la familia real castellana acababa con la racha de matrimonios libres de incesto, pero las circunstancias bélicas y políticas mandaban y había que arriesgarse, aunque eso supusiera la infelicidad de por vida de una hija. Lo cierto es que el amor surgió tras la conveniencia, pero el matrimonio fue forzado a llegar a su fin por el papa Inocencio III en 1204. Si por Alfonso IX hubiera sido, Berenguela se habría quedado junto a él en León, pero para los padres de ella primaron las buenas relaciones con el papa y el temor de Dios, así que la reina leonesa se vio de vuelta en Castilla con sus dos hijas y sus dos hijos y con un título al que nunca renunció. 


Emblema que representa a la descendencia habida entre Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla. Armas plenas del padre en el centro y bordura de gules cargada de castillos de oro por la madre. Se ecuentra situado en el cuadral izquierdo de la armadura, mostrando Berenguela a sus hijos como legítimos ya que la bordura está cargada con los castillos.


Emblema de Fernando III de Castilla reconocido por el papa Honorio III como heredero legítimo del trono de León en el año 1218. Damos por hecho que Berenguela tuvo que llegar a algún compromiso con el papa Honorio III para que el rey castellano ganara la carrera de galgos por el reino de León frente a sus hermanastras leonesas-portuguesas Sancha y Dulce. Sin duda, los galgos castellanos corrieron "dopados" por la Santa Sede

Uno de los cinco frutos de este matrimonio fue el infante Fernando, futuro Fernando III de Castilla desde 1217 y de León desde 1230, tronos que el hijo consiguió gracias a que la madre dedicó todos sus esfuerzos a eliminar la mancha de ilegitimidad que había caído sobre él desde el mismo momento de su nacimiento. El reconocimiento definitivo como heredero legítimo del reino de León llegó en 1218, cuando el papa Honorio III ratificó lo que ya en 1206 Alfonso VIII y Alfonso IX habían firmado en el Tratado de Cabreros. Resulta muy curioso que a partir de ese mismo año de 1218 Berenguela se convirtiera en la principal valedora de las comunidades religiosas de damianitas, algo que le había pedido el mismo papa que había legitimado a su hijo, siendo precisamente una de esas comunidades el germen de lo que se convertiría en el convento de Santa Clara de Salamanca, para cuya iglesia se construyó una techumbre que, según nuestra interpretación, se decoró con una crónica visual-heráldica que narra precisamente hechos de la vida de Berenguela y de su hijo Fernando III.


Santa Clara de Asís. Según María del Mar Graña Cid en su artículo "Reinas, infantas y damas de corte en el origen de las monjas mendicantes castellanas (c. 1222-1316).  Matronazgo espiritual y movimiento religioso femenino" la reina Berenguela y Clara de Asís mantuvieron correspondencia y la monarca se convirtió en la principal valedora de los beateríos de mujeres viudas y huérfanas a causa de la guerra contra los musulmanes. Estos beateríos se transformaron primero en comunidades de Damianitas y luego en conventos de Clarisas como el que tenemos en Salamanca. El nombre de Damianitas viene porque Clara estableció su primera comunidad en la iglesia de San Damián de Asís. 

jueves, 9 de noviembre de 2023

Ilegitimidad I - Odio entre primos hermanos

Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, primos hermanos y además suegro y yerno, se odiaban con toda su alma. Ambos eran nietos de Alfonso VII, el Emperador, el monarca de León que dividió sus dominios entre dos de sus hijos, ocurriendo así que desde 1157 Fernando II reinaría en León y Sancho III en Castilla, reino éste último que nació en ese mismo año y que iba a convertirse con el paso del tiempo en el preponderante en toda la península ibérica. Los dos Alfonsos se consideraban herederos de Alfonso VII y merecedores de reinar tanto en León como en Castilla, así que ésta sería la razón de la constante rivalidad entre ellos. 


Alfonso VII de León, que reinó entre 1126 y 1158 sobre Asturias, Galicia, León, Zamora, Salamanca, Portugal y Castilla, el abuelo de Alfonso VIII de Castilla y de Alfonso IX de León. 


Distribución de los reinos en la península ibérica a comienzos del siglo XIII, reinando Alfonso IX en León y Alfonso VIII en Castilla. 

Sancho III de Castilla murió apenas un año después de su ascenso al trono, así que, desde 1158, con apenas tres años, su hijo reinó como Alfonso VIII.  El rey niño de Castilla tuvo como tutor a un miembro de la familia Castro y como regente a un miembro de la familia de los Lara, en un intento de equilibrar las relaciones de poder entre estos dos linajes castellanos, pero aquello no podía salir bien y la guerra civil se hizo inevitable. Fernando II de León hizo todo lo posible por hacerse con el control de Castilla aprovechándose de la minoría de edad de su sobrino y de la guerra nobiliaria que se libraba en ese reino, pero murió sin haber podido alcanzar sus objetivos, sucediéndole su hijo, Alfonso IX, en 1188.


Alfonso VIII, monarca de Castilla entre 1158 y 1214.

En junio de ese mismo año los dos primos y monarcas se reunieron en la localidad fronteriza de Carrión de los Condes. El castellano, que tenía un bagaje de treinta años como rey, armó caballero al recién proclamado rey leonés e hizo que éste le besara la mano. Alfonso IX jamás olvidó tamaña afrenta, era inconcebible que el antiguo y glorioso reino de León rindiera vasallaje al nuevo reino castellano. Pero Alfonso IX no lo iba a tener nada fácil ya que tanto Portugal -el condado desgajado de León y convertido definitivamente en reino en el año 1179- como Castilla ansiaban ganar territorios a su costa. Además, existía la amenaza de los musulmanes almohades por el sur, con lo que León pasó de ser el más poderoso de los reinos peninsulares a verse encajonado y rodeado de enemigos por todas partes.


Alfonso IX, monarca de León entre 1188 y 1230. 

En 1197 León y Castilla estaban librando una terrible guerra fratricida. Tropas aliadas castellanas y aragonesas invadieron León por Salamanca y tropas leonesas hicieron lo propio con Castilla por la Tierra de Campos. Cuentan las crónicas que castellanos y aragoneses saquearon y arrasaron la localidad leonesa de Alba de Tormes y causaron verdaderos estragos en las tierras de Salamanca. Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso VIII de Castilla, sufría enormemente al ver cómo a Burgos no dejaban de llegar refugiados huyendo de la devastación que los leoneses estaban causando en la Tierra de Campos. Ella, que era hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, la reina que había acudido junto a su primer esposo, el rey de Francia, a luchar contra los sarracenos en Tierra Santa, no podía comprender que dos monarcas cristianos, además primos hermanos, libraran una guerra entre ellos mientras la mitad de la península ibérica estaba bajo el control del Islam. Solamente un matrimonio podía poner fin a esa insensata guerra, así que Leonor propuso casar a su primogénita, Berenguela, con Alfonso IX de León. A Alfonso VIII no le hizo mucha gracia la idea de entregar su hija a su peor enemigo y primo, pero tuvo que ceder, de casta le viene al galgo y la Plantagenet era una mujer de carácter; Alfonso IX, viéndose asfixiado ante tantos enemigos, vio en este matrimonio su salvación y la de su reino. De este modo, Berenguela, infanta castellana, reinó en León entre 1198 y 1204. El matrimonio no pudo durar más ya que el papa Inocencio III, en una bula de 25 de mayo de 1199, había decretado la excomunión de los esposos y el entredicho para el reino de León, declarando "espúrea e ilegítima" cualquiera "prole que viniese de tan incestuosa y maldita cópula".


Inocencio III, papa entre 1198 y 1216, azote de los matrimonios reales incestuosos. 

Era éste un tiempo en el que el papa tenía el poder de echar al traste la política matrimonial de las casas reales puesto que, si los declarados como esposos ilegítimos no se avenían a razones, podían sufrir la excomunión o ver cómo su reino era puesto en entredicho, sentencia ésta que suponía que no se podían celebrar los sacramentos, lo que por fuerza terminaría soliviantando al clero y al pueblo, que no podía casarse, bautizar a sus hijos o enterrar a sus muertos como Dios manda.

Además, el hecho de que un matrimonio real fuera declarado ilegítimo por el papa suponía que los hijos frutos del mismo fueran también declarados ilegítimos, con lo que éstos perdían su derecho a la sucesión, abriendo todo ello las puertas a que el rey se volviera a casar, ese nuevo matrimonio sí pasara el filtro del papa y el trono fuera para el hijo de otra esposa. La ilegitimidad matrimonial y los problemas que ésta causaba fueron una verdadera obsesión para la reina Berenguela, que había sufrido en extremo al verse forzada a separarse de su esposo y a abandonar el reino de León, así que esa obsesión y ese miedo necesariamente habrían de reflejarse en esa crónica histórica visual que nosotros creemos que ella misma diseñó para decorar la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca. Fernando, el hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, nacido en el año 1201, fue, según el papa, un hijo ilegítimo, así que su madre luchó denodadamente para revertir su condición, algo que finalmente ocurrió en 1218, lo que permitió que se convirtiera en rey de León en el año 1230, una historia que había que dejar reflejada en una iglesia para que, cada vez que allí se consagrara la forma, se confirmara que todo había ocurrido conforme a derecho y de acuerdo con la voluntad de Dios.

La carpintería que me atrapó entre sus lazos

Capítulo que pertenece al libro La carpintería que me atrapó entre sus lazos y que está dedicado a la techumbre de la iglesia del Real Conv...