sábado, 30 de noviembre de 2024

El infante Alfonso y su abuelo leonés

¿Llegaría a conocer en persona el infante Alfonso a su abuelo paterno Alfonso IX de León? Sabemos que en 1218 su padre, Fernando III de Castilla, carente de derechos sucesorios en León tras la anulación del matrimonio de sus padres, fue reconocido por el papa como heredero legítimo de dicho reino; unas semanas después el abuelo y el padre del príncipe sellaron definitivamente la paz entre los dos reinos con un acuerdo firmado en Toro, que constituyó toda una declaración de amor paternofilial. En este pacto también aparecía doña Berenguela de Castilla, la abuela paterna del príncipe, y por medio del mismo se acordó que Alfonso IX amaría a su hijo y a su exesposa "quomodo bonus pater amat bonum filium" y que Berenguela y Fernando amarían al monarca leonés "quomodo bonus filius amat bonum patrem".


Alfonso IX de León, abuelo paterno de Alfonso X de Castilla y de León.

El heredero de Fernando III, el príncipe Alfonso, nació en 1221 y su abuelo Alfonso IX falleció en 1230. Con la paz entre los reinos y en el seno familiar reestablecida en 1218 es muy probable que, contando el príncipe con nueve años en el momento la muerte de su abuelo, hubieran tenido la ocasión de conocerse en persona.


Fernando III de Castilla y de León, padre de Alfonso X.

Cuestión distinta es saber qué le contaban el padre y la abuela castellanos del futuro rey Sabio al respecto de su abuelo leonés. Podemos hacernos una idea de ello leyendo las crónicas de Lucas de Tuy y de Rodrigo Jiménez de Rada, ambas promocionadas por la reina Berenguela. Ateniéndonos a ellas, seguramente le decían que fue un valiente guerrero, un buen gobernante y un gran administrador, pero también le contarían que, en realidad, lo justo habría sido que su bisabuelo, Alfonso VIII de Castilla, el vencedor de las Navas de Tolosa, hubiera gobernado ambos reinos, ya que su primo Alfonso IX era hijo ilegítimo de Fernando II de León y Urraca de Portugal, no existiendo mácula alguna en el matrimonio de sus padres, Sancho III de Castilla y Blanca de Pamplona. Tampoco pasarían por alto el hecho de que, en 1188, al comenzar su reinado, el abuelo leonés rindió vasallaje al bisabuelo castellano en Carrión de los Condes, enfeudando así su reino, lo que a los ojos de Castilla significaba que éste estuvo sometido a vasallaje y protegido por ella hasta que lo heredó Fernando III, un rey libre de toda sumisión y totalmente legítimo, aunque no sabemos a costa de qué favores concedidos por Berenguela al papa Honorio III.

A cuento de todo esto, precisamente en el speculum princeps que forman el primer tramo del arrocabe derecho y el primero del izquierdo la pareja de emblemas que presentamos hoy tiene todo el carácter leonés, ya que en ellos se representa al infante Alfonso reflejándose en su abuelo paterno. En el lado izquierdo, donde se representan los ascendientes a los que el infante ha de tomar como modelo, se representa a Alfonso IX de León con un verado ondulado inscrito en un losange, es decir, como un protegido por la capa de otro monarca, representación ésta que explicamos en profundidad en la entrada titulada "Veros y verados heráldicos". En este caso el manto protector luce el metal oro y el color gules, los propios del rey de Castilla, lo que para nosotros hace referencia al vasallaje que, según la perspectiva castellana, Alfonso IX habría rendido a su primo Alfonso VIII en Carrión de los Condes en el año 1188. 


En el lado derecho, donde se representan los atributos del heredero, observamos la señal real del león inscrita en un losange, indicando con ello que el infante pertenece a un reino de León no enfeudado, ya que su padre y monarca en el momento en el que se decora la techumbre, Fernando III de Castilla y de León, no es vasallo de ningún otro y reina sobre ambos reinos.


Reconstrucción de los emblemas por el heraldista José Moreiro Píriz.

En las próximas dos entradas, con las que se finalizará el estudio del primer tramo de arrocabe en ambos lados, el infante Alfonso se reflejará en su abuela paterna, la reina Berenguela, y en la misión que se le tenía encomendada.

sábado, 23 de noviembre de 2024

El infante Alfonso de los Borgoña y Hohenstaufen

Si el heredero debía mirarse en sus bisabuelos, obviamente, también ha de seguir el ejemplo de su padre y de su madre. De este modo, es precisamente un cuartelado de castillos y leones, armas plenas del monarca Fernando III, uno de los cinco emblemas de la tabica superior del primer tramo del arrocabe izquierdo. Únicamente se da una pequeña modificación o brisura en este cuartelado: los leones son de color sable, algo natural si pensamos que en la tabica inferior se representa el óbito de sus abuelos y, justo enfrente, en el primer tramo del arrocabe derecho, su reflejo es el águila de los Hohenstaufen, linaje al que pertenecía su primera esposa, Beatriz de Suabia, fallecida en 1235.


Si León y Castilla los va a recibir el heredero de sus abuelos paternos, Alfonso IX y Berenguela, el hijo de éstos, Fernando III, va a conseguir para su descendencia la dignidad imperial que otorgaba el Sacro Imperio Romano Germánico al casarse con Beatriz de Suabia, prima del emperador Federico II. El emblema del águila imperial pintado sobre la techumbre está enmarcado por un losange y no en el campo de un escudo, ya que ni Beatriz ni sus hijos pueden utilizar en ese momento, hacia 1245, el escudo personal del emperador. Es por ello que todo apunta a que se trata de un emblema territorial y no personal, para así poder dar cuenta de que el personaje representado pertenece a los Hohenstaufen sin ser el cabeza del linaje.


Al igual que el resto de las figuras que la acompañan en la tabica, se muestra en modo negativo, puesto que en lugar de ser un águila de sable en campo de plata, se representa un águila de plata en campo de sable. Ahora bien, la morfología del ave heráldica coincide con la de las más antiguas conservadas en la heráldica hispana, curiosamente procedentes de este mismo ámbito Hohenstaufen, tales como la que aparece en un bote de forma globular conservado en el Museo de León, al que ya hemos hecho referencia, y la del sello que utilizaría otro de los hijos del matrimonio, Felipe de Suabia.



Esta ascendencia imperial del infante Alfonso terminaría marcando parte de su reinado, cuando, a partir de 1254 se le presente la ocasión de reclamar para sí los derechos sucesorios sobre el Sacro Imperio Romano Germánico, una reclamación con la que estaría obsesionado durante toda su vida. Es lo que se conoce como el “fecho del imperio” (1) y cuya relevancia para el monarca seguramente nadie ha descrito mejor que su biógrafo Manuel González Jiménez cuando afirma: 

 “Alfonso estaba convencido de que reclamaba algo que le pertenecía por herencia. Hasta casi el final de su vida aludiría a su herencia alemana, que le correspondía por su madre Beatriz de Suabia, una herencia a la que nunca renunció. Ya la reclamó siendo infante, en contra de los proyectos que Fernando III tenía al respecto, cuando se opuso tajantemente a que su hermano Fabrique heredase el ducado de Suabia. Años más tarde, siendo rey, volvería a reclamarlo de nuevo. Importa menos si no lo obtuvo; pero el hecho mismo de reclamarlo es de por sí muestra fehaciente de su voluntad de no estar dispuesto a renunciar a la herencia materna. Por otra parte, desde 1254 Alfonso se sentía cabeza del linaje de los Staufen y, por ello mismo, obligado a reclamar el título que habían ostentado otros antepasados suyos” (2).


Alfonso X representado con castillos y leones en sus vestiduras y con el águila Hohenstaufen en su cetro.


El infante Alfonso como miembro del linaje Hohenstaufen y su padre, Fernando III de Castilla y de León.

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(1) González Jiménez, M. (2004). Alfonso X el Sabio (2ª edición 2021). Sevilla. Editorial Universidad de Sevilla.. Págs. 125-143.

(2) González Jiménez, M. (2004). Alfonso X el Sabio (2ª edición 2021). Sevilla. Editorial Universidad de Sevilla. Págs. 125-143.

El infante Alfonso y sus bisabuelos los reyes de Castilla

La tabica superior del primer tramo del arrocabe izquierdo presenta en su centro un emblema con el que ya nos hemos topado antes en los cuadrales de la techumbre: un escudo de cinco flores de oro en campo de gules que que creemos que representa a Alfonso VIII de Castilla como líder de la cruzada de los reinos cristianos peninsulares contra los almohades. 


Ahora bien, nos gustaría hacer una apreciación adicional: estando dicho emblema situado encima de la representación de los sepulcros de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, nos preguntamos si en realidad no representa solamente al rey, sino también a su consorte. En este sentido queremos recordar cómo este férreo matrimonio se confirmaba a través del empleo de la fórmula una cum uxore mea que Alfonso VIII introdujo en los documentos diplomáticos (1). Asimismo, hemos de recordar el protagonismo que las crónicas otorgan a la reina Leonor Plantagenet en la búsqueda de la paz entre los reinos cristianos para así poder encarar juntos la lucha contra los musulmanes, siendo prueba de ello las negociaciones que dieron lugar al matrimonio entre Berenguela y Alfonso IX en 1197.


Si ahora giramos la vista hacia el tramo de arrocabe enfrentado, el derecho, se presenta un cuartelado en el que los cuarteles primero y cuarto están ocupados por sendas flores de lis de plata en campo de sable y los cuarteles segundo y tercero por seis fajas que alternan plata y sable. 


Como puede observarse, no aparecen castillos ni leones, lo que puede deberse al hecho de que el infante Alfonso es aún heredero, no rey, aunque también pensamos que podría ser una forma de destacar el emblema de la flor de lis. Los reinos de Castilla y de León, como territorios concretos, llegarán al heredero a través de otros personajes representados en emblemas pintados sobre la misma tabica, pero en este caso se quiere hacer hincapié en la condición de monarca con un carácter genérico, un cargo para cuyo ejercicio el heredero ha de tener como modelo a su bisabuelo paterno, el monarca Alfonso VIII de Castilla, sobre todo porque en la época en la que se decora la techumbre el infante ya acumula bastante poder al ser tenente de importantes ciudades del reino de León. 

En conclusión, tenemos a un monarca, Alfonso VIII de Castilla, que ostenta cinco flores de lis en tanto en cuanto lidera cinco reinos en la lucha contra el Islam y enfrente a su bisnieto Alfonso, que ostenta ya una de las flores en tanto en cuanto ejerce de monarca en prácticas del reino de León. Asimismo, parece que hay una intencionalidad de representar por medio de este par de emblemas enfrentados, que es de Alfonso VIII de quien procede la flor de lis entregada al joven príncipe, el emblema de realeza por excelencia, aunque quizá se quiera glosar que el bisnieto se forma como monarca mirándose en el espejo del bisabuelo, el mejor gobernante conocido, tal y como se le considera en las crónicas castellanas de la época.


El infante Alfonso, tenente de Salamanca, y el reflejo de su bisabuelo paterno Alfonso VIII de Castilla. 

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(1) Poza Yagüe, M. (2017). "Una Cum Uxore Mea: la dimensión artística de un reinado. Entre las certezas documentales y las especulaciones iconográficas". En Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra: confluencias artísticas en el entorno de 1200. Madrid. Ediciones Complutense.. Pág. 71.

El infante Alfonso se mira en el espejo

Berenguela falleció en Burgos el 8 de noviembre de 1246, dejando a su enfermizo hijo Fernando, que solamente la sobrevivió seis años, reinando en solitario y teniendo como heredero a su hijo Alfonso, en el que su abuela había puesto todas sus esperanzas. El infante, en el que confluían los linajes de Borgoña, Hohenstaufen y Plantagenet, se convirtió en rey de Castilla y de León a los treinta y un años, en 1252, pasando a la historia con el sobrenombre de “el Sabio”, lo que no es de extrañar, dado que su abuela paterna se ocupó personalmente de su educación, encomendándole además la tenencia de la ciudad de Salamanca y de otras localidades importantes del reino de León.

Ya hemos contado en la entrada anterior que creemos que los cuatro emblemas de la tabica inferior del primer tramo del arrocabe derecho representan precisamente al tenente de la ciudad del Tormes en la época en la que se decoró la techumbre, es decir, al infante Alfonso.



En la tabica superior de ese mismo tramo encontramos los siguientes emblemas, todos alusivos al infante Alfonso y en tonos de luto, ya que se encuentran situados frente al primer tramo del arrocabe izquierdo, donde se representan a sus bisabuelos paternos fallecidos, el rey Alfonso VIII de Castilla y la reina Leonor Plantagenet.



Cada uno de dichos emblemas tiene además su propio reflejo en la tabica superior del primer tramo del arrocabe izquierdo, siendo éstos los emblemas representados, todos alusivos a ejemplos de vida a seguir por el infante. Veamos a través de las siguientes cinco entradas cuáles son las parejas de emblemas que se forman y que configuran el speculum princeps del infante Alfonso, el heredero al que había que preparar a conciencia para los retos a los que habría de enfrentarse durante su reinado, ya que, a diferencia de su padre, no iba a poder contar con la presencia y supervisión de su abuela Berenguela. Alfonso X se iba a quedar solo, así que había que asegurarse de que lo iba a hacer bien.



Infografías de lo emblemas realizadas por el heraldista José Moreiro Píriz. 

viernes, 15 de noviembre de 2024

El infante Alfonso, tenente de Salamanca

¿No os suele pasar eso de que lees un libro y la introducción no la entiendes hasta que finalizas la lectura del mismo? Bien, pues esto es exactamente lo que nos ha ocurrido a nosotros a la hora de intentar comprender lo que representan el primer tramo derecho e izquierdo del arrocabe de la techumbre. Nos enfrentamos a la interpretación de la iconografía de la armadura comenzando por estas tabicas y, sin embargo, hemos tenido que comprender el resto de la decoración del arrocabe y de los cuadrales para poder comenzar a intuir la intencionalidad de los mismas. Ahora estamos convencidos de que el primer tramo del arrocabe derecho y el primer tramo del arrocabe izquierdo son el prólogo que justifica la obra en su totalidad.

Porque el caso es que haber localizado a la reina Berenguela, representada con el castillo de oro de su padre y la chova piquirroja del santo protector del linaje Plantagenet, ahora no nos parece que fuera tan difícil, del mismo modo que nos parece claro que al lado de estas tabicas que nos hablan de la monarca se representa la proclamación de su hijo, rey de Castilla desde 1217, como rey de León en 1230. Muy diferentes han sido las cosas para los primeros tramos de arrocabe, los que nos encontramos nada más subir a la pasarela que nos permite admirar la techumbre a la altura de nuestros ojos, ya sea por el lado derecho o por el izquierdo, porque, desde luego, han sido causa de múltiples desazones y zozobras.


Primer tramo del arrocabe derecho.


Primer tramo del arrocabe izquierdo.

Vamos a comenzar hablando de los cuatro emblemas con palos de gules en campo de oro y con una bordura de azur cargada de cruces que podemos ver en la tabica inferior del primer tramo del arrocabe izquierdo. Sobre el origen de este emblema, que aún hoy consta en la partición izquierda del escudo de la ciudad de Salamanca, se han escrito muchas páginas, y las que quedan por escribir, puesto que atribuirlo a un tal conde don Vela que era hijo ilegítimo del rey de Aragón y que había luchado en Tierra Santa no deja de ser seguidismo de una leyenda heráldica más de las muchas que se inventaron los fantasiosos genealogistas y heraldistas de la nobleza durante la Edad Moderna. Su origen, por fuerza, ha de ser otro. En cualquier caso, de lo que nosotros estamos convencidos ahora mismo es de que a mediados del siglo XIII este emblema representaba al tenente de la ciudad de Salamanca. Su presencia en otros lugares tales como la iglesia de San Marcos o la de San Martín, en este último caso junto a las armas reales (el cuartelado de castillos y leones) y concejiles (el toro sobre el puente), dejan poco lugar para la duda.


Emblema con tres palos de gules en campo de oro y con una bordura de azur cargada de cruces que podemos ver en la tabica inferior del primer tramo del arrocabe izquierdo.


Armas reales en el interior de la iglesia de la Real Clerecía de San Marcos en Salamanca. Reconstrucción del escudo por el heraldista José Moreiro Píriz. 



El mismo emblema pintado en el interior de la iglesia de San Marcos, que adquirió el título de Real Clerecía en el año 1202, siendo Berenguela de Castilla reina consorte de León. Reconstrucción del emblema por el heraldista José Moreiro Píriz. 




Conjunto de tres blasones dispuestos de forma triangular, con el cuartelado en la posición superior, situados bajo el campanario de la iglesia de San Martín. Reconstrucción de los escudos por el heraldista salmantino José Moreiro Píriz. 

Dado que la tenencia de la ciudad en el tiempo en el que creemos que se decoró la techumbre, hacia 1245, la ostentaba el infante Alfonso, nieto de Berenguela y futuro Alfonso X de Castilla y de León, creemos que esta sucesión de emblemas que aparece en el primer tramo del arrocabe derecho representa a su persona, del mismo modo que las sucesiones de cuatro emblemas que encontramos en otras tabicas representan a otros miembros de su familia, ya sean sus bisabuelos y abuelos por parte de su padre y sus padres, el rey Fernando III y la reina Beatriz de Suabia. El otro argumento a favor de esta teoría se basa en nuestra interpretación de las figuras heráldicas representadas en los emblemas de la tabica superior y en los que aparece un emblema del reino de León, donde el infante Alfonso ocupaba ya, al ser el heredero, importantes tenencias, y el águila de los Honhenstaufen, alusiva al linaje de su madre, la reina consorte Beatriz de Suabia.



Frente a este primer tramo del arrocabe derecho, en el arrocabe izquierdo, nos encontramos los emblemas del castillo de oro y del león de oro en campo de sable, de luto, que no nos cabe duda de que son un trasunto de los sepulcros de los reyes Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet que se conservan en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. De este modo, el heredero del trono tiene como reflejo a sus bisabuelos, conquistadores de Cuenca en 1177 y líderes de los cinco reinos cristianos peninsulares —Castilla, Navarra, Aragón, León y Portugal— en la campaña que condujo a la victoria de las Navas de Tolosa de 1212.


Esta imagen del infante Alfonso en el lado derecho frente a Alfonso VIII en lado izquierdo en esta introducción del arrocabe anuncia, en nuestra opinión, que toda esta obra va a ser un
speculum princeps para el futuro monarca, que habría de rematar la labor de Cruzada iniciada por su bisabuelo paterno y continuada por su abuelo paterno, Alfonso IX de León, conquistador de Cáceres, Mérida y Badajoz y por su padre, Fernando III, conquistador de Úbeda, Baeza, Jaén, Córdoba y Sevilla. Alfonso X aprendió de sus mayores y cumplió más que de sobra arrebatando al Islam los reinos de Murcia, el de Niebla y el del Algarve y las ciudades de Medina Sidonia, Lebrija y Cádiz.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Alegato por la techumbre

Resulta realmente difícil ofrecer en apenas unos párrafos una conclusión al respecto de lo que supone para la Historia y la Historia del Arte la techumbre de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca, ya que hay tantas razones que la hacen única, que dar cuenta solamente de alguna de ellas sería una verdadera injusticia, puesto que todas son de gran calado.


Representación de la proclamación de Fernando III de Castilla como rey de León en 1230.

Aun si la viéramos desnuda de su iconografía, considerada únicamente desde el punto de vista arquitectónico, todo apunta a que estamos ante un perfecto ejemplo de la carpintería de lo blanco, concretamente de una armadura de par y nudillo rematada en lima bordón de las más antiguas del país, lo que, per sé, bastaría para considerarla como una obra de gran relevancia. 


Una armadura rematada en lima y bordón y con apenas siete centímetros de sección en los pares y nudillos, una medida que delata su antigüedad, ya que esta técnica constructiva era común antes del siglo XIII y se abandona cuando esta carpintería alcanza su apogeo en las ciudades conquistadas a los musulmanes durante el reinado de Fernando III, todo esto según el que fuera restaurador de la techumbre a finales de los años ochenta del pasado siglo, el arquitecto Enrique Nuere Matauco.

Pero obviamente su mayor valor está en la carga simbólica expresada a través de su decoración heráldica. No creemos que exista otra obra heráldica del siglo XIII o anterior que muestre tal despliegue de iconos, escudos y emblemas. Así las cosas, heráldicamente sería justo considerarla como la cuna del que después se conoció como arte del blasón. No conocemos otra obra que mejor refleje el nacimiento de la heráldica, que germinó en el siglo XII y precisamente en el entorno del mundo caballeresco y del amor cortés de las cortes aquitana y castellana, donde cada emblema era una senhal plena de significado. Nunca nos cansaremos de decirlo, si en heráldica existen los emblemas parlantes, tales como el león del reino de León, el castillo del reino de Castilla o la cabra del linaje Cabrera, esta armadura es, en su conjunto, una joya arquitectónica parlante.


Representación de la muerte de Alfonso IX de León en el año 1230. 

Como armadura parlante que es, nos ofrece un discurso narrativo, siendo éste otro de sus grandes valores: la historia que se cuenta. Estamos ante la versión iconográfica de algunos de los capítulos de las crónicas De Rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada o de la Chronicum Mundi de Lucas de Tuy, ambas promocionadas por la reina Berenguela. No solamente  se trata de que cada emblema tiene un significado por sí mismo, sino también de que todos, como conjunto, están dispuestos con una intencionalidad paralela y complementaria a la que tenían esas crónicas coetáneas. Impresiona el ingenio del ideólogo o ideóloga de la decoración para representar visualmente, a través de esta heráldica primigenia, ciertos personajes y hechos históricos.


El emblema del rey Fernando III de Castilla y de León junto al león de oro en campo de gules de su bisabuelo Enrique II de Inglaterra y la chova piquirroja de Tomás de Canterbury, santo protector de la dinastía Plantagenet.

En nuestra opinión la techumbre glosa la unión de los reinos de León y Castilla en la persona del rey Fernando III, un hecho acaecido en el año 1230 y que, a ojos de historiadores del calado de Ramón Menéndez Pidal, es el germen de lo que hoy en día es España. Seguramente estamos ante la única obra pictórica que glosa ese hecho histórico en el momento en el que se produjo el mismo, una genialidad muy probablemente ideada por una de las protagonistas de todo aquel asunto, la reina Berenguela la Grande (1180-1246). Además, el estudio riguroso de los hechos históricos representados demuestra que la búsqueda de la paz entre estos dos reinos fue el motivo fundamental que impulsó dicha unión y que la diplomacia desplegada por dos mujeres, Teresa de Portugal  y Berenguela de Castilla, las exesposas de Alfonso IX de León, consiguió lo que en las décadas anteriores la guerra librada por los hombres había hecho imposible.


Emblema cuartelado de Fernando III de Castilla y de León y brisura del mismo, con el cuartelado en aspa, para representar a la reina madre Berenguela. Quizá estemos ante las representaciones más antiguas que se conservan de nuestro cuartelado, que fue una innovación heráldica castellana surgida a mediados del siglo XIII. 

La política matrimonial propia de la época, también representada en esta techumbre a través de las reinas Leonor Plantagenet, Berenguela, Beatriz de Suabia, Juana de Ponthieu y Violante de Aragón da a la misma una dimensión nacional e internacional, ya que el estudio de su decoración requiere y a la vez facilita el conocimiento de las circunstancias históricas de otras monarquías hispanas, pero también de las de Portugal, Francia o Inglaterra. Para la historia de este último país resulta especialmente significativo que las chovas piquirrojas pintadas en el arrocabe, alusivas a santo Tomás de Canterbury, puedan ser las más antiguas que se conservan.


Representación de la fallecida Beatriz de Suabia, primera esposa de Fernando III.

Pero, sin duda, el asunto que resulta más controvertido y que más intriga causa es el de saber quién fue el verdadero ideólogo o ideóloga de la decoración iconográfica de la armadura, ya que, a falta de un documento que aclare definitivamente tal asunto, siempre nos veremos envueltos en un enigma. Ahora bien, si en su Chronicon Mundi Lucas de Tuy comienza proclamando el mecenazgo que Berenguela le concedió, en el caso de la techumbre pensamos que existe una declaración iconográfica de mecenazgo en las tabicas centrales de los arrocabes laterales, las primeras que veían los fieles al acceder al templo, si levantaban la vista para admirar la colorida armadura. Dichos lienzos centrales plenos de emblemas y figuras se convierten así en una especie de firma de autor, reconociendo y ensalzando a la ideóloga de la decoración de la armadura. Parece como si esas tabicas que contienen los emblemas del castillo, la chova piquirroja, el cuartelado aspado de leones y castillos y unas flores de lis con dos cetros cruzados fueran una manera iconográfica de decirnos Berenguela me fecit


Berenguela de Castilla y de León, hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet, reina madre de Castilla y de León.

Así las cosas, dado el conocimiento y reconocimiento que proporciona de la figura de esta singular monarca, la techumbre además tiene un gran impacto desde una perspectiva de género, ya que cualquiera que la investigue terminará convencido de que ya en el siglo XIII hubo mujeres que ejercieron el poder con una gran independencia. En efecto, la Grande no sólo mostró su orgullo de ser reina de cara a la galería, sino que, tal y como hicieron su abuela Leonor de Aquitania, su madre Leonor Plantagenet y su hermana Blanca de Francia, tomó las riendas de asuntos de estado tales como la administración ordinaria, la política matrimonial, las crónicas históricas y la formación del heredero, de la cual se encargó personalmente, conocedora de cómo la educación influye en los actos futuros de las personas. Fue hasta tal punto consciente de esto último que nosotros estamos convencidos de que la monarca diseñó la decoración de esta techumbre para ofrendársela a su nieto, el futuro Alfonso X, que antes que rey fue tenente de Salamanca y que demostró haber comprendido el mensaje del speculum princeps al referirse a su abuela con estas emotivas palabras contenidas en la Crónica General:

Esta era espeio de Castiella et de León et de toda Espanna, por cuyo conseio et por cuyo seso sse guiauan muchos reynos. (…). Llorada fue por Castiella de conjeios et de todas las gentes de todas lees; muy llorada fue de caualleros pobres a quien ella muchos bienes fazia. Esta era toda conplida sienta et amiga de Dios. La nonbradia de sus bienes, et de las bonas obras et de las noblezas desta, fue esparzida por todo el mundo; ca esta fue enxienplo de toda bondat, a la qual aya Dios merced et piedat.

jueves, 31 de octubre de 2024

Alienor regina, in memoriam

Hace justo un año publicamos una entrada titulada "Noche de difuntos en Las Huelgas de Burgos" en la que os narrábamos lo animado que ha estado el panteón real del monasterio a lo largo de los siglos.



Lo que no os contamos entonces es que la promotora del mismo falleció, precisamente, un 31 de octubre. En efecto, hoy hace 810 años que se apagó la brillante luz de Leonor Plantagenet, reina consorte de Castilla, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, madre de Berenguela la Grande e introductora de la poesía trovadoresca en la corte de Burgos. La otrora monarca esbelta y elegante, que solía vestir un ciclatón de tela roja adornado con un león bordado en hilo de oro, se despidió de este mundo en la víspera de Todos los Santos, sintiéndose agotada, triste y extremadamente preocupada.


Leonor terminó rendida por las fiebres cuartanas que la llevaron a la tumba, pero, sobre todo, por las consecuencias del desgaste físico provocadas por una vida en una corte itinerante, que la tenía casi siempre en camino en pos de la paz con los reinos cristanos vecinos y con la vista siempre puesta en la cruzada contra los almohades.


Murió triste porque hacía sólo tres semanas que las fiebres se habían llevado a su compañero de vida, Alfonso VIII, el vencedor de las Navas de Tolosa, adalid de la lucha contra los musulmanes en la península Ibérica y firmante de diplomas regios siempre con la fórmula "una cum uxore mea" (junto con mi esposa).


Pero, por encima de todo, Leonor, tras haber sufrido tantos desvelos sen vida, murió preocupada al saber que dejaba la siguiente jugada de la partida de ajedrez castellana en manos de un niño de diez años, su hijo Enrique, al que todo el mundo trataría de controlar y manejar en los apenas tres años que le quedaban de vida. Por si fuera poco, también moría habiendo quedado en jaque la paz con el reino leonés, y eso a pesar de  que en 1197 había logrado convencer a su esposo para casar a su hija Berenguela con el primo Alfonso IX de León. Una unión matrimonial que se habían negado a asumir los dos Alfonsos, a los que Lucas de Tuy llamaba "ferocísimos leones" y a los que nosotros preferimos llamar par de primos cabezotas. Cuántos desvelos y desazones para tratar con uno y otro, para no provocar susceptibilidades entre ellos, para no dar al traste con el plan de buscar la paz a través de ese enlace. Con cuánta alegría y respeto llevó al monasterio de San Isidoro, para celebrar y agradecer la unión, aquel par de estolas en las que ella misma había bordado unos castillos. Pero ese papa ingrato, Inocencio III, dio al traste con todo en 1204 anulando el matrimonio entre el leonés y la castellana.


Muchas veces hemos leído que la reina Berenguela era un animal político o una estratega de gran nivel, sin embargo, por encima de todo, era hija de su madre, de la que aprendió que se consigue más por las buenas que por las malas, que es mejor un mal trato que una buena guerra y, sobre todo, que, como dijo el sabio Unamuno, siempre es mejor convencer que vencer. En nuestra opinión, el secreto del éxito de la unión de los reinos en la persona de Fernando III radicó en una Berenguela educada en la diplomacia, que supo atraer hacia sí a los posibles disidentes entregándoles cargos de confianza en lugar de someterlos a humillaciones.


El 31 de octubre de 1214 Leonor Plantagenet fallecía preocupada, pero, cuando treinta y dos años después murió su hija y le presentó el  balance de su vida, a buen seguro dio por buenos todos los desvelos y pensó de su niña que, como constató el cronista Jiménez de Rada, "no hubo otra que tan perfecta fuera en todas sus obras". Berenguela, nieta de una princesa navarra y bisnieta de una princesa catalana, había mantenido Castilla, recuperado León para su hijo, avanzado en la lucha contra los musulmanes e iniciado un proyecto que culminaría otra mujer, Isabel I de Castilla y de León, al casarse con su primo Fernando de Aragón, un proyecto que era el de la unión de los reinos hispanos, lo que daría lugar con el transcurso del tiempo a un país llamado España.



Emblemas del rey de Inglaterra Enrique II, abuelo materno de la reina Berenguela, y del santo protector de su dinastía, Tomás de Canterbury, en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca. 

Podcast LEONOR DE INGLATERRA, REINA DE CASTILLA en rneaudio:

La carpintería que me atrapó entre sus lazos

Capítulo que pertenece al libro La carpintería que me atrapó entre sus lazos y que está dedicado a la techumbre de la iglesia del Real Conv...