Apenas había comenzado el mes de octubre de 1214, el rey Alfonso VIII de Castilla estaba a punto de cumplir cincuenta y nueve años tras cincuenta y seis de reinado, pero las cuartanas no iban a permitir dicho aniversario, acabando con la vida del monarca en la localidad de Gutierre-Muñoz (Ávila). A finales de ese mismo mes, las mismas fiebres palúdicas también se llevaron su esposa, Leonor Plantagenet, la princesa normando-aquitana que había llegado a Castilla para quedarse con apenas diez años.
Representación de Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet en el Tumbo menor de Castilla (siglo XIII).
El reino lo heredó su hijo Enrique, un niño de diez años, que murió tres años después a consecuencia de un accidente mientras jugaba con sus amigos en el palacio episcopal de Palencia. Fue así como las parcas hilaron que Berenguela, la hija primogénita, heredara en 1217 el trono de Castilla, pero, consciente la monarca de que su exesposo, Alfonso IX de León, reclamaría el trono castellano para sí y de que los magnates no le iban a dejar gobernar siendo una mujer sin marido, proclamó a su hijo Fernando como rey, advirtiéndole, eso sí, de que nada se haría sin dar ella su beneplácito.
Padres y hermano fueron enterrados siguiendo las instrucciones de Berenguela en el monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos). En el coro de la iglesia de dicho cenobio todavía podemos contemplar los sepulcros de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, realizados antes de 1279 en piedra caliza policromada y decorados con emblemas heráldicos en la tapa y los frentes de la caja. Ambos sarcófagos están decorados en la tapa y en los lados largos con la seña heráldica parlante de Castilla, el castillo de oro sobre campo de gules. El frontal del sepulcro del rey también se decora con la misma seña heráldica, pero el de la reina exhibe el blasón de su linaje, el propio de una hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, tres leones pasantes de oro en campo de gules.
En la decoración heráldica de la techumbre de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca estamos convencidos de que hay dos representaciones más de este matrimonio real. Una entendemos que es un reflejo de la anterior, ya que nos encontramos con el castillo de oro y el león de oro de los Plantagenet, pero no sobre el campo de gules que les es propio, sino sobre uno de sable, mostrando así que los representados por esos emblemas han fallecido y mostrando luto por ello. El paralelismo entre ambas escenas se nos hace evidente, ya que se trata de los mismos emblemas, mismas tonalidades, mismo orden de izquierda a derecha. De este modo, el descanso eterno en pareja de Alfonso y Leonor de Castilla en Las Huelgas parece que tuvo su reflejo en la glosa heráldica que contiene la techumbre de la iglesia de las Claras de Salamanca, situada en territorio del rey Alfonso IX de León en el momento de la muerte de estos reyes castellanos, pero en territorio de Fernando III de Castilla y de León, su nieto, en el momento en el que creemos que se decoró la techumbre.
La diferencia principal la encontramos en el león rampante de oro de la techumbre y los tres leones pasantes del sepulcro de Leonor, lo que seguramente se debe a que los segundos son los propios de su hermano Ricardo Corazón de León, siendo el león rampante de oro el emblema utilizado en vida por el padre de ambos, Enrique II de Inglaterra.
Representación de las muertes de los reyes Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet en el arrocabe de la techumbre de la iglesia de las Clarisas de Salamanca. En un momento dado llegamos a pensar que por medio de estos dos emblemas se representaba el luto por la muerte de la infanta Mafalda, su hija, fallecida en Salamanca en 1204.
Pero, ¿por qué hay una representación de los difuntos reyes de Castilla en una iglesia ubicada en Salamanca, siendo esta una ciudad del reino de León en las fechas de sus muertes? La explicación la encontramos en la que creemos que es la segunda de las representaciones de los reyes castellanos, la consistente en la unión por medio de un cordón de oro de los emblemas del castillo sobre campo de gules y de la chova piquirroja, emblema éste último atribuido de forma legendaria al protector de la dinastía Plantagenet, santo Tomás de Canterbury, habiéndose optado aquí por un emblema espiritual del linaje en vez del político, el león de oro.
El caso es que por encima de estos dos emblemas aparece un escudo cuartelado de Castilla y de León, creado a partir de 1230, cuando el hijo de Berenguela, Fernando, el primogénito de su matrimonio anulado en 1204 con el primo de su padre, Alfonso IX de León, fue proclamado rey de León, habiéndolo sido de Castilla, como ya hemos dicho, desde 1217. El cuartelado es en sotuer, se trata de unas armas brisadas, ya que solamente el rey, su hijo, podría exhibir el cuartelado en cruz. Con estos tres emblemas creemos que se nos presenta la reina Berenguela, como hija de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, como introductora del culto a santo Tomás Cantuariense en el reino de León y como reina madre de Castilla y de León en las fechas en las que creemos que se decoró esta techumbre, hacia los años cuarenta del siglo XIII.
En el tramo anterior del arrocabe es donde vemos que aparece el cuartelado en cruz propio del monarca, en las tabicas que interpretamos como la representación de la proclamación de Fernando III de Castilla como rey de León.