domingo, 1 de octubre de 2023

La dama, el león y la flor de lis

Apenas nos quedaba alguna duda al respecto de que los emblemas que contienen flores de lis en la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca representan a personajes de las monarquías leonesa y castellana. Por ejemplo, cinco flores de lis de oro en campo de gules para Alfonso VIII de Castilla, el monarca que conquistó Cuenca en 1177 y que venció en el año 1212 a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa, en la que participaron caballeros de los cinco reinos cristianos peninsulares: Castilla, Navarra, Aragón, León y Portugal. 


El mismo emblema aparece con el campo de sable, de luto, en el primer tramo del arrocabe derecho, esta vez representando al heredero, el futuro Alfonso X, destinatario principal del speculum princeps que conforma la decoración de la techumbre y llamado a ser el sucesor de su abuelo Alfonso VIII y de su padre Fernando III en la cruzada que se luchaba en la península ibérica.


También vemos flores de lis en distintos cuartelados, siendo éstos precisamente una invención heráldica castellana del siglo XIII. Por ejemplo, a la izquierda del emblema anterior vemos una flor de lis en los cuarteles primero y cuarto de un emblema que representa de nuevo al infante Alfonso. Hasta 1252 es un rey sin reino no hay leones ni castillos en los cuarteles—, ya que de momento sólo ostenta la tenencia de ciudades y, en ese sentido, se prepara para cuando llegue el momento de suceder a su padre, no siendo todavía el legítimo monarca.


Muy similar al anterior emblema, pero esta vez con leones en los cuarteles segundo y tercero, nos encontramos un cuartelado en la triada central de emblemas del arrocabe trasero, seguramente representando al monarca leonés en el momento en el que se decora la techumbre, Fernando III de Castilla, haciendo hincapié así en la legitimidad del hijo de Alfonso IX de León para reinar no sólo donde lo hizo su abuelo materno, sino también donde lo hizo su padre. 


Y flores de lis acompañando a leones las encontramos en tres emblemas cuartelados en aspa que, por tener esta disposición, creemos que representan a la reina Berenguela, ya que es con un cuartelado aspado con castillos y leones con el que se la representa en la tabica superior de los lienzos centrales de los arrocabes laterales de la techumbre. En línea con lo indicado en el párrafo anterior, se trataría de poner énfasis en la realeza leonesa de la monarca, una reivindicación en toda regla.


Y es que las crónicas nos cuentan que Berenguela finalmente salió triunfante, consiguiendo para su hijo dos coronas, la de Castilla en 1217 y la de León en 1230. Esta flor de lis con dos cetros cruzados nos habla de una monarca de dos reinos o quizá también de que en esos reinos correinaban una reina madre y su hijo, el rey Fernando III. 


Con una flor de lis enmarcada en un losange y enlutada se identifica a Alfonso IX de León en el tramo de arrocabe en el que se representa su fallecimiento. El conquistador de Cáceres, Mérida y Badajoz falleció en 1230 y, a pesar de representarlo al lado con un emblema que, en nuestra opinión y en línea con las crónicas coetáneas, delata su ilegitimidad y carácter de rey vasallo de Castilla, también se le representa con la flor de lis que le corresponde por su categoría regia.


Todo esto lo dedujimos interpretando estos emblemas junto a los que les acompañan en la decoración de la techumbre salmantina, teoría que se vería reforzada durante una visita al Real Monasterio de Las Huelgas, hogar de la reina Berenguela en Burgos, donde pudimos ver dos estelas funerarias en las que las flores de lis labradas sobre la piedra presentan un antiguo diseño exacto al de las que aparecen pintadas en la techumbre de Salamanca. Es muy posible que la estela que contiene un escudo con cinco flores de lis y tiracol identificara una sepultura temporal de Alfonso VIII, tal vez una que hiciera las veces de pudridero. Pero hay una estela más con una flor de lis, seguramente parte de la primera sepultura de otro monarca o heredero fallecido, quizá de la del infante Fernando o de la de Enrique I, hermanos de Berenguela, o tal vez incluso de la Leonor Plantagenet o de la misma Berenguela, quién sabe.



En cualquier caso, aquella similitud entre las flores de lis labradas de Burgos y las pintadas de Salamanca, situadas en dos lugares tan estrechamente relacionados con la reina Berenguela, fue un auténtico espaldarazo para nuestra investigación, pero no acabarían aquí las sorpresas ya que, entre los canecillos de la iglesia de San Marcos de Salamanca destaca una flor de lis labrada con un diseño exacto al que tienen las de las Huelgas de Burgos y las pintadas en las Claras de Salamanca. 


Podría estar allí por cualquier razón, pero seguramente no se trata de ninguna casualidad, puesto que los reyes de León, Alfonso IX y Berenguela, siendo ella además tenente de la ciudad de Salamanca, fundaron precisamente en esa iglesia la Clerecía de San Marcos, una asociación para la formación de los clérigos salmantinos, en el año 1202.

Además, en las pocas columnas que se conservan del claustro románico del convento de Santa Clara de Salamanca, cuyo origen fue una comunidad de mujeres Damianitas, de las que la reina Berenguela fue su principal valedora y protectora, también podemos ver flores de lis decorando los capiteles, además de las que se pueden ver en la decoración de la armadura de la iglesia del mismo convento. 





Aun así, a pesar de la acumulación de pruebas, como ya hemos dicho, siempre quedan dudas, que se terminarían disipando definitivamente tras una visita a la iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos, situada en el término municipal de Olmos de Ojeda, en la provincia de Palencia. 


Allí, en el rincón más oscuro del transepto nos maravillamos ante la visión de un bello sepulcro de piedra blanca soportado por leones, el de de Sancha Alfonso, hija natural 
de la dama portuguesa Teresa Gil de Soverosa y del rey Alfonso IX de León, fallecida en el año 1270. Siendo Sancha la primogénita del ayuntamiento del rey de León con su madre y consciente de que la flor de lis era emblema de reina leonesa, debió de pensar que merecía decorar su sepulcro con leones y lirios, lo que nos reafirma en la idea de que el emblema con cinco flores de lis sobre campo de gules no fue en origen las armas de los Maldonado, sino que éstos se limitaron a sustraer dicho diseño de la techumbre de las Claras cuando ya nadie sabía lo que representaba este emblema.  








En el sepulcro de Sancha Alfonso figura la fecha de MCCCVIII, que es la correspondiente a la Era Hispánica, lo que significa que, según nuestro calendario actual, murió en el año 1270. La relación entre Alfonso IX y Teresa Gil de Soverosa fue la más duradera que mantuvo el rey, durando desde 1218 hasta su muerte en 1230, dándose por supuesto que nunca llegaron a casarse, y de ella nacieron cuatro hijos criados en la corte leonesa, así que no es de extrañar que estos vástagos se consideraran con derecho a lucir emblemas reales. 

Sancha Alfonso estuvo a punto de ser canonizada tras encontrase su cuerpo incorrupto, pero el proceso quedó paralizado al descubrirse que se trataba de una hija ilegítima, lo que no parecía lo más adecuado para una santa. Durante un tiempo se jugó a la confusión ya que lo cierto es que existió otra Sancha Alfonso, ésta legítima hija del rey Alfonso IX y de su primera esposa, Teresa de Portugal, fallecida hacia 1243 y enterrada en el monasterio de Santa María de Villabuena, en El Bierzo. En todo caso, para nosotros Sancha Alfonso la ilegítima, la hija de Teresa Gil de Soverosa, siempre será la santa que intercedió para resolver definitivamente el misterio de la dama, el león y la flor de lis, así que no podemos dejar de mostrar aquí su bonita momia, conservada en el Monasterio de las Comendadoras de Santiago de Toledo.


Por si todo lo anterior fuera poco, la reciente adquisición del libro Los descendientes de Alfonso IX de León y Teresa Gil de Soverosa. Sus enterramientos, cuyas autoras son María Luisa Martín Ansón y Concepción Abad Castro, nos desveló que en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León se conserva una urna funeraria decorada con un león y flores de lis. No se sabe de quién eran los restos que albergó dicha urna pero, visto lo visto, apostamos que pertenecieron a otro descendiente del monarca leonés Alfonso IX. Ahora bien, nosotros no nos atreveríamos a afirmar que ese descendiente, tal y como indican Calderón Medina y Faustino Menéndez Pidal de Navascués, era ilegítimo y de la rama de los Soverosa, ya que la combinación de león y flor de lis estaba muy asentada en la realeza leonesa a finales del siglo XII y principios del siglo XIII, siendo prueba de ello el sello de Fernando II de León que da validez la Carta Puebla de Benavente. Por lo tanto,nosotros nos atrevemos a apuntar que esa tumba pudiera ser la de la infanta Leonor, la hija primogénita de Alfonso IX y Berenguela, heredera leonesa por nacimiento y fallecida con tan solo cuatro años de edad.


Signo rodado de Fernando II de León. Obsérvese la flor de lis en la boca del felino.


Imagen, con © Museo San Isidoro de León, del escudo de la urna funeraria que se conserva en el Panteón de los Reyes.


Reproducción del escudo de la urna funeraria por el heraldista José Moreiro Píriz.

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