viernes, 15 de noviembre de 2024

El infante Alfonso, tenente de Salamanca

¿No os suele pasar eso de que lees un libro y la introducción no la entiendes hasta que finalizas la lectura del mismo? Bien, pues esto es exactamente lo que nos ha ocurrido a nosotros a la hora de intentar comprender lo que representan el primer tramo derecho e izquierdo del arrocabe de la techumbre. Nos enfrentamos a la interpretación de la iconografía de la armadura comenzando por estas tabicas y, sin embargo, hemos tenido que comprender el resto de la decoración del arrocabe y de los cuadrales para poder comenzar a intuir la intencionalidad de los mismas. Ahora estamos convencidos de que el primer tramo del arrocabe derecho y el primer tramo del arrocabe izquierdo son el prólogo que justifica la obra en su totalidad.

Porque el caso es que haber localizado a la reina Berenguela, representada con el castillo de oro de su padre y la chova piquirroja del santo protector del linaje Plantagenet, ahora no nos parece que fuera tan difícil, del mismo modo que nos parece claro que al lado de estas tabicas que nos hablan de la monarca se representa la proclamación de su hijo, rey de Castilla desde 1217, como rey de León en 1230. Muy diferentes han sido las cosas para los primeros tramos de arrocabe, los que nos encontramos nada más subir a la pasarela que nos permite admirar la techumbre a la altura de nuestros ojos, ya sea por el lado derecho o por el izquierdo, porque, desde luego, han sido causa de múltiples desazones y zozobras.


Primer tramo del arrocabe derecho.


Primer tramo del arrocabe izquierdo.

Vamos a comenzar hablando de los cuatro emblemas con palos de gules en campo de oro y con una bordura de azur cargada de cruces que podemos ver en la tabica inferior del primer tramo del arrocabe izquierdo. Sobre el origen de este emblema, que aún hoy consta en la partición izquierda del escudo de la ciudad de Salamanca, se han escrito muchas páginas, y las que quedan por escribir, puesto que atribuirlo a un tal conde don Vela que era hijo ilegítimo del rey de Aragón y que había luchado en Tierra Santa no deja de ser seguidismo de una leyenda heráldica más de las muchas que se inventaron los fantasiosos genealogistas y heraldistas de la nobleza durante la Edad Moderna. Su origen, por fuerza, ha de ser otro. En cualquier caso, de lo que nosotros estamos convencidos ahora mismo es de que a mediados del siglo XIII este emblema representaba al tenente de la ciudad de Salamanca. Su presencia en otros lugares tales como la iglesia de San Marcos o la de San Martín, en este último caso junto a las armas reales (el cuartelado de castillos y leones) y concejiles (el toro sobre el puente), dejan poco lugar para la duda.


Emblema con tres palos de gules en campo de oro y con una bordura de azur cargada de cruces que podemos ver en la tabica inferior del primer tramo del arrocabe izquierdo.


Armas reales en el interior de la iglesia de la Real Clerecía de San Marcos en Salamanca. Reconstrucción del escudo por el heraldista José Moreiro Píriz. 



El mismo emblema pintado en el interior de la iglesia de San Marcos, que adquirió el título de Real Clerecía en el año 1202, siendo Berenguela de Castilla reina consorte de León. Reconstrucción del emblema por el heraldista José Moreiro Píriz. 




Conjunto de tres blasones dispuestos de forma triangular, con el cuartelado en la posición superior, situados bajo el campanario de la iglesia de San Martín. Reconstrucción de los escudos por el heraldista salmantino José Moreiro Píriz. 

Dado que la tenencia de la ciudad en el tiempo en el que creemos que se decoró la techumbre, hacia 1245, la ostentaba el infante Alfonso, nieto de Berenguela y futuro Alfonso X de Castilla y de León, creemos que esta sucesión de emblemas que aparece en el primer tramo del arrocabe derecho representa a su persona, del mismo modo que las sucesiones de cuatro emblemas que encontramos en otras tabicas representan a otros miembros de su familia, ya sean sus bisabuelos y abuelos por parte de su padre y sus padres, el rey Fernando III y la reina Beatriz de Suabia. El otro argumento a favor de esta teoría se basa en nuestra interpretación de las figuras heráldicas representadas en los emblemas de la tabica superior y en los que aparece un emblema del reino de León, donde el infante Alfonso ocupaba ya, al ser el heredero, importantes tenencias, y el águila de los Honhenstaufen, alusiva al linaje de su madre, la reina consorte Beatriz de Suabia.



Frente a este primer tramo del arrocabe derecho, en el arrocabe izquierdo, nos encontramos los emblemas del castillo de oro y del león de oro en campo de sable, de luto, que no nos cabe duda de que son un trasunto de los sepulcros de los reyes Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet que se conservan en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. De este modo, el heredero del trono tiene como reflejo a sus bisabuelos, conquistadores de Cuenca en 1177 y líderes de los cinco reinos cristianos peninsulares —Castilla, Navarra, Aragón, León y Portugal— en la campaña que condujo a la victoria de las Navas de Tolosa de 1212.


Esta imagen del infante Alfonso en el lado derecho frente a Alfonso VIII en lado izquierdo en esta introducción del arrocabe anuncia, en nuestra opinión, que toda esta obra va a ser un
speculum princeps para el futuro monarca, que habría de rematar la labor de Cruzada iniciada por su bisabuelo paterno y continuada por su abuelo paterno, Alfonso IX de León, conquistador de Cáceres, Mérida y Badajoz y por su padre, Fernando III, conquistador de Úbeda, Baeza, Jaén, Córdoba y Sevilla. Alfonso X aprendió de sus mayores y cumplió más que de sobra arrebatando al Islam los reinos de Murcia, el de Niebla y el del Algarve y las ciudades de Medina Sidonia, Lebrija y Cádiz.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Alegato por la techumbre

Resulta realmente difícil ofrecer en apenas unos párrafos una conclusión al respecto de lo que supone para la Historia y la Historia del Arte la techumbre de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca, ya que hay tantas razones que la hacen única, que dar cuenta solamente de alguna de ellas sería una verdadera injusticia, puesto que todas son de gran calado.


Representación de la proclamación de Fernando III de Castilla como rey de León en 1230.

Aun si la viéramos desnuda de su iconografía, considerada únicamente desde el punto de vista arquitectónico, todo apunta a que estamos ante un perfecto ejemplo de la carpintería de lo blanco, concretamente de una armadura de par y nudillo rematada en lima bordón de las más antiguas del país, lo que, per sé, bastaría para considerarla como una obra de gran relevancia. 


Una armadura rematada en lima y bordón y con apenas siete centímetros de sección en los pares y nudillos, una medida que delata su antigüedad, ya que esta técnica constructiva era común antes del siglo XIII y se abandona cuando esta carpintería alcanza su apogeo en las ciudades conquistadas a los musulmanes durante el reinado de Fernando III, todo esto según el que fuera restaurador de la techumbre a finales de los años ochenta del pasado siglo, el arquitecto Enrique Nuere Matauco.

Pero obviamente su mayor valor está en la carga simbólica expresada a través de su decoración heráldica. No creemos que exista otra obra heráldica del siglo XIII o anterior que muestre tal despliegue de iconos, escudos y emblemas. Así las cosas, heráldicamente sería justo considerarla como la cuna del que después se conoció como arte del blasón. No conocemos otra obra que mejor refleje el nacimiento de la heráldica, que germinó en el siglo XII y precisamente en el entorno del mundo caballeresco y del amor cortés de las cortes aquitana y castellana, donde cada emblema era una senhal plena de significado. Nunca nos cansaremos de decirlo, si en heráldica existen los emblemas parlantes, tales como el león del reino de León, el castillo del reino de Castilla o la cabra del linaje Cabrera, esta armadura es, en su conjunto, una joya arquitectónica parlante.


Representación de la muerte de Alfonso IX de León en el año 1230. 

Como armadura parlante que es, nos ofrece un discurso narrativo, siendo éste otro de sus grandes valores: la historia que se cuenta. Estamos ante la versión iconográfica de algunos de los capítulos de las crónicas De Rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada o de la Chronicum Mundi de Lucas de Tuy, ambas promocionadas por la reina Berenguela. No solamente  se trata de que cada emblema tiene un significado por sí mismo, sino también de que todos, como conjunto, están dispuestos con una intencionalidad paralela y complementaria a la que tenían esas crónicas coetáneas. Impresiona el ingenio del ideólogo o ideóloga de la decoración para representar visualmente, a través de esta heráldica primigenia, ciertos personajes y hechos históricos.


El emblema del rey Fernando III de Castilla y de León junto al león de oro en campo de gules de su bisabuelo Enrique II de Inglaterra y la chova piquirroja de Tomás de Canterbury, santo protector de la dinastía Plantagenet.

En nuestra opinión la techumbre glosa la unión de los reinos de León y Castilla en la persona del rey Fernando III, un hecho acaecido en el año 1230 y que, a ojos de historiadores del calado de Ramón Menéndez Pidal, es el germen de lo que hoy en día es España. Seguramente estamos ante la única obra pictórica que glosa ese hecho histórico en el momento en el que se produjo el mismo, una genialidad muy probablemente ideada por una de las protagonistas de todo aquel asunto, la reina Berenguela la Grande (1180-1246). Además, el estudio riguroso de los hechos históricos representados demuestra que la búsqueda de la paz entre estos dos reinos fue el motivo fundamental que impulsó dicha unión y que la diplomacia desplegada por dos mujeres, Teresa de Portugal  y Berenguela de Castilla, las exesposas de Alfonso IX de León, consiguió lo que en las décadas anteriores la guerra librada por los hombres había hecho imposible.


Emblema cuartelado de Fernando III de Castilla y de León y brisura del mismo, con el cuartelado en aspa, para representar a la reina madre Berenguela. Quizá estemos ante las representaciones más antiguas que se conservan de nuestro cuartelado, que fue una innovación heráldica castellana surgida a mediados del siglo XIII. 

La política matrimonial propia de la época, también representada en esta techumbre a través de las reinas Leonor Plantagenet, Berenguela, Beatriz de Suabia, Juana de Ponthieu y Violante de Aragón da a la misma una dimensión nacional e internacional, ya que el estudio de su decoración requiere y a la vez facilita el conocimiento de las circunstancias históricas de otras monarquías hispanas, pero también de las de Portugal, Francia o Inglaterra. Para la historia de este último país resulta especialmente significativo que las chovas piquirrojas pintadas en el arrocabe, alusivas a santo Tomás de Canterbury, puedan ser las más antiguas que se conservan.


Representación de la fallecida Beatriz de Suabia, primera esposa de Fernando III.

Pero, sin duda, el asunto que resulta más controvertido y que más intriga causa es el de saber quién fue el verdadero ideólogo o ideóloga de la decoración iconográfica de la armadura, ya que, a falta de un documento que aclare definitivamente tal asunto, siempre nos veremos envueltos en un enigma. Ahora bien, si en su Chronicon Mundi Lucas de Tuy comienza proclamando el mecenazgo que Berenguela le concedió, en el caso de la techumbre pensamos que existe una declaración iconográfica de mecenazgo en las tabicas centrales de los arrocabes laterales, las primeras que veían los fieles al acceder al templo, si levantaban la vista para admirar la colorida armadura. Dichos lienzos centrales plenos de emblemas y figuras se convierten así en una especie de firma de autor, reconociendo y ensalzando a la ideóloga de la decoración de la armadura. Parece como si esas tabicas que contienen los emblemas del castillo, la chova piquirroja, el cuartelado aspado de leones y castillos y unas flores de lis con dos cetros cruzados fueran una manera iconográfica de decirnos Berenguela me fecit


Berenguela de Castilla y de León, hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet, reina madre de Castilla y de León.

Así las cosas, dado el conocimiento y reconocimiento que proporciona de la figura de esta singular monarca, la techumbre además tiene un gran impacto desde una perspectiva de género, ya que cualquiera que la investigue terminará convencido de que ya en el siglo XIII hubo mujeres que ejercieron el poder con una gran independencia. En efecto, la Grande no sólo mostró su orgullo de ser reina de cara a la galería, sino que, tal y como hicieron su abuela Leonor de Aquitania, su madre Leonor Plantagenet y su hermana Blanca de Francia, tomó las riendas de asuntos de estado tales como la administración ordinaria, la política matrimonial, las crónicas históricas y la formación del heredero, de la cual se encargó personalmente, conocedora de cómo la educación influye en los actos futuros de las personas. Fue hasta tal punto consciente de esto último que nosotros estamos convencidos de que la monarca diseñó la decoración de esta techumbre para ofrendársela a su nieto, el futuro Alfonso X, que antes que rey fue tenente de Salamanca y que demostró haber comprendido el mensaje del speculum princeps al referirse a su abuela con estas emotivas palabras contenidas en la Crónica General:

Esta era espeio de Castiella et de León et de toda Espanna, por cuyo conseio et por cuyo seso sse guiauan muchos reynos. (…). Llorada fue por Castiella de conjeios et de todas las gentes de todas lees; muy llorada fue de caualleros pobres a quien ella muchos bienes fazia. Esta era toda conplida sienta et amiga de Dios. La nonbradia de sus bienes, et de las bonas obras et de las noblezas desta, fue esparzida por todo el mundo; ca esta fue enxienplo de toda bondat, a la qual aya Dios merced et piedat.

La chova piquirroja en el Senado

Las chovas piquirrojas de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca han abandonado la quietud de su letargo de sig...