jueves, 4 de enero de 2024

Las estrellas del Camino

Hay dos elementos que aparecen en la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca que, dado el recorrido histórico que han hecho a lo largo de los siglos, nos confundieron bastante a la hora de darle una interpretación a los emblemas que los contienen. Estamos hablando de la flor de lis y de la estrella de ocho puntas, iconos ambos que originalmente se referían a Cristo, pero que, con el paso del tiempo, terminaron siendo representativos de su madre, la Virgen María.

De la flor de lis nos habla Susana Olivares, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, en un interesante artículo que se puede consultar a través del siguiente enlace: 


En esta publicación se nos cuenta cómo la flor de lis, en toda Europa y no sólo en Francia, comenzó siendo símbolo de Cristo, el lirio de los valles, para pasar posteriormente a adornar los cetros de los monarcas, que estaban convencidos de que su reinado estaba avalado por la gracia de Dios. Es por ello que encontramos imágenes de reyes y reinas de León sujetando un cetro rematado en una flor de lis, aunque a partir de la segunda mitad del siglo XIII, con el desarrollo del culto a la Virgen, promovido fundamentalmente por Alfonso X de Castilla y de León a través de sus Cantigas, se convirtió en un emblema mariano. De ahí la importancia de saber a qué momento histórico corresponde un símbolo para así poder entender correctamente su significado.


Cristo crucificado entre dos flores de lis y entre el sol y la luna. Capitel situado en el interior de la iglesa románica de Nuestra Señora de la Asunción en Pisón de Castrejón (Palencia). 


Cristo con un cetro rematado en una flor de lis en la iglesia de San Juan en Alba de Tormes (Salamanca).


Pinturas del siglo XIII conservadas en el monasterio de Valbuena de Duero (Valladolid). Se cree que representan a Alfonso VII de León y a su amante Urraca Fernández de Castro. Ambos portan un cetro flordelisado. 

Un recorrido muy similar ha seguido la estrella de ocho puntas que, como veremos, comenzó siendo icono de la luz que ilumina el camino que conduce a la fe verdadera, bien estuviera ésta en Belén (Cristo) o en Compostela (Santiago Apóstol). Sin embargo, este símbolo quedó posteriormente ligado únicamente a la Virgen a través de iconos tales como la estrella de la mañana de las letanías del Rosario o la Stella Maris (Estrella del Mar). Al igual que con la flor de lis, en esta inclinación de la balanza en favor de la Virgen tuvo mucho mucho que ver Alfonso X, que llegó a fundar una orden militar naval conocida como Orden de la Estrella o de Santa María de España, cuyo emblema era una estrella de oro de ocho puntas sobre un campo de gules, los colores de los Plantagenet y de Castilla. Ese significado mariano, por ejemplo, tiene la estrella que se puede ver en la portada de la catedral de Palma de Mallorca, obra de la segunda mitad del siglo XIII, en la que se nos presenta a la Virgen con muchos de los atributos de sus letanías lauretanas.



El símbolo de la flor de lis en la techumbre de iglesia de las Claras de Salamanca ya lo hemos analizado ampliamente en entradas anteriores, así que ahora nos referiremos a la estrella de ocho puntas, que puede verse, precisamente de oro en campo de gules, incluida en dos emblemas. Y hemos de destacar que no se trata de dos emblemas cualesquiera, ya que ambos se encuentran localizados en el arrocabe trasero, en la parte donde interpretamos que se representan territorios que otrora fueron de la gran Leonor de Aquitania, concretamente, Aquitania y Gascuña. Hay dos razones por las que pensamos que la estrella de ocho puntas, emblema del compromiso con la fe verdadera y guía del camino hacia la misma, representan a estos territorios:

- La primera es que la titular de los mismos, Leonor de Aquitania, participó en la Segunda Cruzada.

- La segunda, y para nosotros la fundamental, es que tanto Aquitania como la Gascuña son territorios íntimamente ligados al camino de Santiago, también conocido como el Camino de las Estrellas gracias a la visión que tuvo el emperador Carlomagno y que se narra en el Códice Calixtino:

Y en seguida vio en el cielo un camino de estrellas que empezaba en el mar de Frisia y, extendiéndose entre Alemania e Italia, entre Galia y Aquitania, pasaba directamente por Gascuña, Vasconia, Navarra y España hasta Galicia, en donde entonces se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago.

Posteriormente, en una aparición del Apóstol a Carlomagno, el primero le explica al Emperador que ese camino de estrellas representa la ruta que deberá seguir con su ejército para liberar al pueblo. Según el folio 162 del Códice, Santiago además le anuncia que éste será el recorrido que harán peregrinos de todas partes del mundo.

Y después de ti irán allí peregrinando todos los pueblos, de mar a mar, pidiendo el perdón de sus pecados y pregonando las alabanzas del Señor, sus virtudes y las maravillas que obró.

Hay que añadir, además, que el Camino fue muy importante para la ascendencia aquitana de Berenguela, ya que el padre de Leonor de Aquitania, Guillermo X, falleció un Viernes Santo mientras oraba frente a la tumba del Apostol tras haber completado la peregrinación partiendo desde sus dominios.



Emblema que, según nuestra interpretación, representa a Aquitania, feudo principal de la matriarca de la familia Plantagenet. Seguramente por ello se le asigna la mayor flor de lis, emblema de realeza, de la techumbre. Reconstrucción del emblema por el heraldista José Moreiro Píriz.



Emblema con cuatro estrellas de ocho puntas rodeando una flor de lis que, según nuestra interpretación, podría representar en la techumbre al condado de Gascuña, territorio que formó parte de la dote de Leonor Plantagenet al casarse con Alfonso VIII de Castilla. Entendemos que, a falta de emblema heráldico para representar dicho territorio a mediados del siglo XIII, se adopta la determinación de representarlo por comparación con el anterior: la flor de lis es más pequeña, ya que físicamente y en importancia Gascuña es inferior a Aquitania, pero, sin embargo, está más ligada al camino de Santiago, por lo que el emblema contiene cuatro flores de lis. No olvidemos que aún hoy la conocida como Vía Aquitania (el Camino Francés) nace en la localidad de San Juan Pie de Puerto, que formaba parte entonces en la Gascuña. Reconstrucción del emblema por el heraldista José Moreiro Píriz.


El sueño de Carlomagno en el ejemplar del Código Calixtino que se conserva en la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca. 

En fin, que tras haber dado nuestro nuestro particular paseo por el cielo de las estrellas de ocho puntas gracias a muchas horas de estudio, creemos que no hay mejor día que el de hoy para publicar esta entrada, ya que, antes de la segunda mitad del siglo XIII, la práctica totalidad de las estrellas de ocho puntas las hemos encontrado en epifanías, dado que, como todo el mundo sabe, una estrella fue la luz y guía de los Reyes de Oriente hasta el portal de Belén. Eso sí, debemos advertir que la estrella no tenía estela hasta que artistas como Giotto (1267-1337), influenciados por el paso del cometa Halley, empezaron a representarla con el rastro sideral.

Antes de mostraros algunas epifanías cristianas, creemos conveniente recordar la existencia de un sello sumerio en el que la diosa Inanna-Ishtar da a conocer a su hijo a personas que se acercan a ella con presentes, escena que se considera precursora de la Adoración de los Reyes Magos. En esta escena, de entre el 2334 y el 2154 a.C., ya se puede observar la estrella de ocho puntas; se trata, seguramente, del modelo que tomó el sincretismo crisitano, aunque aquí la estrella representa a la diosa misma, vinculada astralmente a Venus (estrella de la mañana y del anochecer) y cuyo atributo en Mesopotamia era el de ser la deidad del amor. Es decir, en esta escena la estrella no es una guía, sino la meta, la diosa, algo muy relevante para el significado que le damos a las estrellas que decoran la techumbre de las Claras, y que no es otro que el fin del camino, ya sea éste el que termina en Compostela o el que conduce a Jerusalén.


Hagamos, entonces, un recopilatorio de estrellas de ocho puntas en epifanías de los siglos VI al XIV, aunque éstas son solamente algunas de las muchas que enriquecen nuestros templos.

- Tras las epifanías de las catacumbas de los siglos III y IV, la más antigua conservada es la de los mosaicos de la basílica de San Apolinar el Nuevo de Ravena (siglo VI), en la que ya aparece una estrella de ocho puntas y donde se nos da a conocer por primera vez los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Estos nombres fueron tomados del Evangelio de Armenio de la Infancia, documento datado también en el siglo VI.


- La escena que podemos admirar en el claustro alto de la catedral de Burgos (siglo XIII) es, sin duda, es una de las más impresionantes.


- Los Beatos, siendo el principal el de Liébana, en este caso en la versión códice de San Pedro de Cardeña, de finales del siglo XII o principios del XIII, solían contener epifanías.


Beato de Manchester (finales del siglo XII o principios del XIII).


Beato de Saint-Sever (siglo XI).


Uno de los más antiguos, el Beato de Tábara, del siglo X, en que los reyes portan un original gorro frigio que los semeja más a a elfos que a monarcas.


- Otra hermosa epifanía es la que decora la bóveda del siglo XII de la iglesia de Santa María de Tahüll (Lérida).


- Una epifanía doble, ya que los reyes vienen por dos de los laterales de este impresionante capitel de la iglesia de Santo Tomé en Zamora (Siglo XII).


- Epifanía en el tímpano de doña Leonor del museo de la Catedral de Santiago de Compostela (Siglo XIV).


- Estos capiteles del Monasterio de Sant Pere de Galligants (Siglo XII, Girona) también dan cuenta de la Natividad y la Epifanía.



- Un hermoso cielo en una epifanía de finales del siglo XII. Basílica de San Vicente (Ávila).


- Por sus colores y originalidad de presentación, destacamos esta epifanía del frontal del altar de Santa María de Mosoll (Siglo XIII, Girona), conservada en el Museo Nacional de Arte de Catalunya.


- A esta del convento de santa Clara de Toro (Siglo XIV, Zamora) le queremos dar especial protagonismo ya que el cenobio se fundó con hermanas provenientes del convento de Salamanca y además estuvo implicada una Berenguela: la nieta o la bisnieta de Berenguela la Grande.


- La mayoría de las epifanías las hemos encontrado en sepulturas de esos siglos. Es curioso que por entonces se falleciera pensando más en el nacimiento de Cristo que en su muerte, pero no es extraño, porque la estrella representaba la luz que tenía que seguir el alma para llegar hasta la Resurrección. Epifanía de la sepultura de san Ramón de Roda en la catedral de San Vicente de Roda de Isábena (Siglo XII, Huesca).


- Epifanía en el tímpano de acceso al claustro del monasterio de San Pedro el Viejo (Siglo XII-XIII, Huesca).


- San Xulian en Ventosa (Pontevedra).


- Iglesia de Santo Domingo en Soria.


- Siendo nosotros salmantinos, no podemos dejar de incluir dos hermosas epifanías que se pueden admirar en la Catedral Vieja de nuestra ciudad.  La primera es la del sepulcro del obispo Rodrigo Díaz, fallecido en 1339,  localizada en la capilla de San Martín o del Aceite en la catedral vieja de Salamanca. Además de la venida de los Reyes se celebra la unión de León y de Castilla con cuartelados comunes y otros desplegados, en línea y en arco, algo que se puso muy de moda durante el siglo posterior a la proclamación de Fernando III como monarca de ambos reinos.




La segunda está en el sepulcro de doña Elena de Castro, situado en el brazo del crucero de la epístola.



Y nos despedimos con esta preciosa escena labrada a comienzos del siglo XII por el escultor Gislebertus en un capitel de la catedral de Autun (Francia). Mientras los tres Reyes magos duermen, un ángel, intentando no asustarlos, toca suavemente con su dedo la mano del más cercano. Éste parece reaccionar y abrir los ojos inmediatamente, el segundo parece empezar a entreabrir sus ojos y el tercero aún duerme profundamente. El ángel señala con su otra mano la estrella que los guiará de regreso a casa, deben partir...


FUENTES:

Romo Poderós, I. (2018). Lo sagrado y lo profano en los Reyes Magos. De la Edad Media a los orígenes. Mirabilia Ars, Nº. 8, 2018, Págs. 15-42.

Garcés, F. (2023). "¿Sabías qué?: La Estrella de los Reyes Magos". Disponible en https://bellesguardgaudi.com/sabias-que-la-estrella-de-los-reyes-magos/ el 02/01/2024.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Becket, el arzobispo asesinado dos veces

Al filo de la medianoche de tal día como hoy, 29 de diciembre, pero de 1170, el arzobispo de Canterbury, Tomás Becket, fue asesinado en la catedral de dicha ciudad inglesa con un mandoble de espada que, literalmente, le voló la tapa de los sesos. Aunque parece que tenían razones propias, los cuatro perpetradores del crimen actuaron animados por las palabras del rey Enrique II, que, exasperado por los constantes desafíos de su antiguo amigo y por la defensa a ultranza de la separación Iglesia-Estado que éste promovía, había dicho públicamente:  "¿Quién me librará de este sacerdote que me turba?" Cuentan que esa noche tres cuervos entraron en la catedral, descendieron sobre el cadáver del clérigo y, manchándose el pico y las patas con la sangre vertida criminalmente, se convirtieron milagrosamente en chovas piquirrojas. Aun tratándose esta historia claramente de una leyenda, lo cierto es que, si visitáis la ciudad inglesa de Canterbury, podréis comprobar que allí nadie duda de que las chovas piquirrojas y la figura de Becket están unidas desde esa aciaga madrugada.


A pesar de su asesinato, en los siglos posteriores hubo pocos hombres que estuvieran más vivos que la figura de Tomás Becket: fue canonizado pasados tres años solamente después de su muerte, su tumba se convirtió en uno de los mayores centros de peregrinación del mundo y las revueltas contra el rey por haber auspiciado el asesinato se extendieron por toda Inglaterra. Incluso en el seno de la familia real, Enrique II sufrió en 1173 la rebelión de sus hijos y su esposa, Leonor de Aquitania, y parece ser que el asesinato de Becket fue uno de los detonantes que provocó el enfrentamiento. Tras sofocar el levantamiento y encerrar a su mujer, que no volvería a ser libre hasta la muerte del rey, éste decidió dar muestras de público arrepentimiento. Con ese fin, Enrique II llegó el 8 de julio de 1174 a la iglesia de San Dunstan en Canterbury y desde allí hizo penitencia pública hasta la tumba de Becket vestido con una áspera camisa de peregrino y caminando descalzo bajo una torrencial lluvia, mientras sus pies iban dejando un rastro de sangre por las calles, hasta llegar a la catedral donde, puesto de rodillas ante la tumba de santo Tomás, se dejó azotar.


Vidriera de la catedral del Canterbury en la que se representan el martirio de Becket y la posterior flagelación del rey Enrique II ante su tumba.


Iglesia de St. Dunstan, Canterbury. Desde ella, descalzo y cubierto sólo con una camisa, Enrique II caminó hasta la catedral.

Por otro lado, el número de personas de todas las partes de Europa que peregrinaban a Canterbury no dejaba de crecer y en 1176 ya funcionaba un hospital de peregrinos, que aún hoy permanece abierto, el Eastbridge Hospital, que, según las crónicas, contaba con un blasón con chovas piquirrojas en su fachada. Dos siglos después, lejos de desvanecerse el fervor por el santo, la ciudad inglesa seguía siendo un centro de peregrinación de referencia. Hacia 1380 Geoffrey Chaucer comenzó a escribir Los cuentos de Canterbury, el relato de un concurso de narración de historias por parte de un grupo de peregrinos durante un viaje de Londres a Canterbury para visitar el santuario de Tomás Becket. Uno de esos peregrinos, representados bajo una estatua de Chaucer, viste un sayal que luce las tres chovas del santo. Indudablemente, Becket era la estrella indiscutible en aquella Inglaterra que todavía era católica.



Estatua de Geoffrey Chaucer, autor de Los Cuentos de Canterbury. Detrás se ve la fachada del hospital de peregrinos de santo Tomás Becket.


Detalle de la estatua homenaje a Geoffrey Chaucer, en la que aparece uno de los personajes de sus cuentos peregrinando con el emblema de las tres chovas piquirrojas.

Pero aquello no iba a durar, porque el caso es que en el siglo XVI llegó otro rey Enrique, el VIII, y no sabemos qué le pasaba a Becket con los Enriques, que se la tenían realmente jurada. Como santo Tomás había defendido la separación entre Iglesia-Estado y Enrique VIII pretendía precisamente lo contrario para poner a los clérigos bajo su control, decidió borrar, literalmente, cualquier huella del Cantuariense dentro de sus dominios. Encargó así a su ministro principal, Tomás Cromwell, un proceso de desantificación que terminó siendo todo un ejemplo de cómo diluir el recuerdo de un hombre. Con ese fin, comenzó por hacer desaparecer los restos y altares del lugar de enterramiento inicial en la cripta y de su ubicación posterior en el altar mayor de la catedral. Si viajáis a Canterbury, en la cripta veréis una escultura, realizada en el año 2010, consistente en un cuerpo suspendido hecho de clavos, que ocupa el vacío dejado por el enterramiento del arzobispo en los años inmeditamente posteriores a su muerte. Además, en el altar mayor un austero cirio permanentemente encendido recuerda el lugar de la que fuera su imponente sepultura entre 1220 y 1538.


Escultura titulada "Transport", de Anthony Gormley (2010), que recuerda el vacío dejado por la primera ubicación de la tumba de santo Tomás en la cripta de la catedral de Canterbury.



Cirio en el altar mayor de la catedral de Canterbury que recuerda la ubicación de la tumba de Becket.

Parece ser que Enrique VIII tenía especial manía a los levantiscos de nombre Tomás y a las chovas piquirrojas, ya que, como hemos dicho, se encargó de borrar el recuerdo de Tomás Becket, pero también ejecutó, por razones similares, a Tomás Moro en la Torre de Londres, cuya cabeza, curiosamente, se conserva en la iglesia de Saint Dunstan en Canterbury, a la que hemos hecho referencia anteriormente. Por lo que se refiere a las chovas piquirrojas, Enrique VIII ordenó exterminar a las vivas, a las que consideraba como una plaga que causaba estragos en los graneros, y, como hemos dicho, también retirar o borrar las aves en efigie que se identificaban con Becket. En general, dio orden de eliminar todas las representaciones personales e iconográficas de Becket, de tal forma que las iglesias consagradas al Cantuariense por toda Inglaterra pasaron a estar bajo la advocación de otro santo con el mismo nombre, Tomás Apóstol.

Afortunadamente, cuando viajamos a Canterbury hace unos meses pudimos ver chovas de Becket, aunque, paradojas de la Historia, siendo ésta la ciudad donde nació la relación entre el ave y el santo, a consecuencia de la desantificación decretada por Enrique VIII, no pudimos ninguna tan antigua como las que decoran el arrocabe de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca. En cualquier caso, disfrutamos enormemente al ver que allí esta hermosa ave se muestra con orgullo en distintos lugares.

Pudimos ver el emblema de Becket repuesto en la impresionante y recién restaurada Christ Church Gate, que da paso a la catedral.



Christ Chuch Gate y detalle del emblema de Tomás Becket en el lado derecho del arco principal. Se le representa como arzobispo con un blasón partido que lleva su estola en el lado derecho y tres chovas en el izquierdo.

Dentro de la catedral, un altar recuerda el lugar exacto de su martirio y, ya en el claustro, podemos encontrar tanto su emblema de arzobispo como el blasón con solamente las tres chovas.



Obviamente, donde más chovas piquirrojas pudimos ver fue en la iglesia católica consagrada al Cantuariense. Allí las hay en la entrada, a los pies de la escultura del santo y bordadas en el altar de la capilla que guarda sus reliquias.




Y, por supuesto, por toda la ciudad puedes encontrar las del escudo de Canterbury, que desde 1380 exhibe un leopardo Plantagenet unido a las tres chovas piquirrojas de santo Tomás, tal vez reflejo de aquel 8 de julio de 1174 en el que el rey Enrique II se reconcilió con su viejo amigo, al menos, ante los ojos del mundo.



En general, nos alegra poder contaros que la ciudad de Canterbury y el condado al que pertenece, el de Kent, viven actualmente una pasión tan grande por la chova piquirroja que se están tratando de recuperar los córvidos que mandó eliminar el monarca cabeza de la iglesia anglicana: tanto las chovas piquirrojas de Becket como las que sobrevuelan los acantilados británicos.



Escaparate en el centro de Canterbury que recuerda la relación existente entre santo Tomás y las chovas piquirrojas. La publicidad se inserta en el marco de un proyecto ornitológico de recuperación de las chovas en el condado de Kent. Octubre de 2023.

Pero, como ya hemos dicho, no pudimos ver ninguna representación de una chova piquirroja tan antigua ni tan bonita como las que se posaron hace siglos en el arrocabe de la techumbre de las Claras, ya que, por las circunstancias acaecidas durante el reinado de Enrique VIII, las pintadas en Salamanca pueden ser las más antiguas conservadas que representen al santo Cantuariense, tal y como reconocían recientemente los archivos de Kent en su página oficial de Facebook:




Chovas piquirrojas pintadas en la techumbre de las Claras de Salamanca. 


Chova piquirroja en los acantilados del condado de Kent.

martes, 19 de diciembre de 2023

El pájaro de la reina Leonor

En 1169 Alfonso VIII de Castilla concedió al abad del monasterio premostratense de Santa María de Retuerta el control sobre un cenobio que se había formado tiempo atrás en Aguilar de Campoo. Desde ese momento, el monarca castellano pasaría a ejercer una decidida protección sobre el monasterio situado en la montaña palentina, conocido en lo sucesivo como de Santa María la Real, y esa es la razón por la que empezó a construirse el gran conjunto monástico en estilo románico en transición al gótico que llegó a ser. Al año siguiente, se celebraron en la localidad aragonesa de Tarazona los esponsales entre el joven rey Alfonso y Leonor Plantagenet, que, acompañada por un numerosos séquito, viajó con apenas diez años desde Aquitania a estas tierras, en las que introduciría el culto a un nuevo santo, Tomás Cantuariense. De este santo -conocido antes de su martirio como Tomás Becket, arzobispo de Canterbury- cuenta una leyenda que, habiendo sido asesinado por cuatro caballeros del rey Enrique II de Inglaterra, el padre de Leonor, un cuervo se posó sobre el cuerpo inerte del clérigo y se manchó sus patas y pico con la sangre derramada, lo que hizo que, milagrosamente, se transformara en otra ave, concretamente en una chova piquirroja. Tomás fue canonizado apenas tres años después del infame crimen y el rey inglés, señalado como culpable, consternado y amenazado por el papa, terminó haciendo un acto de contrición pública en 1174 frente a la tumba del arzobispo para convertirlo luego en el santo protector de su dinastía, la de los Plantagenet-Aquitania. Con el paso del tiempo, la chova piquirroja, el ave de pico y patas de color rojo, terminaría formando parte tanto de una heráldica atribuida a Becket como del escudo de la ciudad de Canterbury, pero parece que el córvido se las apañó para volar lejos de allí.


Herádica atribuida a Tomás Becket.


Escudo de la ciudad inglesa de Canterbury.


Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax). Ilustración de Nacho Sevilla.


Ilustraciones de Nacho Sevilla. 

El asunto es que la reina Leonor empleaba un sello de cera que tenemos la suerte conservar impreso en cera y atado a un documento, fechado en abril de 1179, que se atesora en el Archivo Capitular de Toledo. El anverso del sello muestra a la reina sosteniendo con la mano derecha lo que nos parece una flor de lis, mientras que en el reverso aparece también su efigie, pero con un pájaro posado en la mano izquierda. Ese documento, que precisamente es un diploma de dotación de altar para el mártir Tomás Becket en la catedral de Toledo, se acompaña, por tanto, de una representación de la reina Leonor sosteniendo un ave que, en este caso, resulta imposible de identificar.



Anverso y reverso del sello de la reina Leonor Plantagenet. 


Detalle del reverso del mismo sello, mostrando a la reina de Castilla sosteniendo un ave con la mano izquierda.


Documento que lleva atado el sello de cera de la reina Leonor Plantagenet y que concede una capilla dedicada a santo Tomás Cantuariense en Toledo. 


Grabado del siglo XIX mostrando a la reina de Castilla, Leonor Plantagenet, con un ave posada en su mano izquierda.

Por otro lado, muy cercana al monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, apadrinado por los reyes de Castilla, se encuentra la ermita de Santa Eulalia, en un despoblado que se conocía como Barrio de Santa María, nombre que suponemos que no será casual, dada la vecindad de ambos lugares. El interior de este templo, construido, como el monasterio, a caballo entre los siglos XII y XIII, fue decorado con unas pinturas entre las que se pueden distinguir claramente unos castillos de tres torres -emblema empleado por Alfonso VIII- y unos pájaros de plumaje negro. Según los especialistas, estas pinturas no fueron obra de un gran artista, sino más bien de un inexperto maestro que dejó para la posteridad “una obra de marcado acento popular” (Enciclopedia del Románico, Palencia, en la pág. 231). Desde luego el ave, pintada sin mucho esmero, podría ser cualquiera, pudiendo identificarla como un córvido solamente por el color de su plumaje.


Ermita de Santa Eulalia de Barrio de Santa María (Palencia).



Detalle de las pinturas de la ermita de Santa Eulalia (Aguilar de Campoo), donde se pueden ver representados de forma alterna unos castillos de tres torres y unas aves de plumaje negro. 

Esta misma asociación de castillo y ave de plumaje de color negro presentada de forma repetida es la que también nos encontramos pintada en la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, un cenobio para el que, por medio de bulas papales, se pidió protección y patrocinio a Fernando III y a la infanta Berenguela, nieto y bisnieta respectivamente de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet. Aquí el pájaro está primorosamente pintado y es perfectamente identificable como una chova piquirroja, el emblema relacionado con el santo inglés. El convento, además, está situado a unos pocos metros de una iglesia consagrada a santo Tomás Cantuariense donde se conservan un fresco en el que el santo viste una casulla sobre la que parece que hay pintadas unas aves de color negro en vuelo.


Representación alterna de castillos del reino de Castilla y chovas piquirrojas en el convento de Santa Clara de Salamanca.


El buen heraldista y mejor persona, José Moreiro Píriz, nos ha obsequiado con este escudo cuartelado imaginado que une el linaje de Alfonso VIII de Castilla y el de Leonor Plantagenet, representado éste último con la chova piquirroja,  ave ligada a su santo familiar, Tomás de Canterbury. Conviene recordar que el escudo cuartelado surgió a mediados del siglo XIII, cuando un nieto de esta pareja, Fernando III, rey de Castilla desde 1217, se convirtió además en rey de León en 1230.


Representación de santo Tomás Cantuariense en la iglesia salmantina consagrada bajo su advocación. 


Detalle de la casulla del Cantuariense, en la que parece que hay estampadas unas aves de plumaje negro. 

Es decir, que tenemos una ermita palentina y un convento salmantino en los que, salvando las diferencias en la calidad de las pinturas y en los materiales empleados, definitivamente mucho más ricos en Salamanca, aparecen representados de forma alterna una sucesión de castillos y aves de plumaje negro. El castillo de tres torres es inequívocamente el emblema de un rey de Castilla, escudo heráldico al que parece que no se le puede asociar otra ave que no sea la que Leonor Plantagenet sujeta en su sello con la mano izquierda, lo que nos lleva a relacionar el castillo con Alfonso VIII. De este modo, creemos que esa presentación alterna de emblemas es una fórmula que se empleaba para representar a los monarcas reinantes en la época en la que se realizó la obra, sin necesidad de que fueran patrocinadores de la misma. De hecho, en la techumbre de las Claras de Salamanca, por encima de los demás emblemas, aparecen presentados de forma alterna leones y castillos, lo que interpretamos como que esa decoración se hizo en un tiempo en el los reinos de León y de Castilla tenían un mismo rey.


Leones y castillos presentados de forma alterna en el convento de Santa Clara de Salamanca. 



Aves de plumaje negro localizadas en pinturas que se conservan en el convento de Santa Clara de Salamanca. No sabemos qué aves son exactamente ni por qué se pintaron bajo una techumbre decorada con chovas piquirrojas, pero nos resulta conmovedora la ternura con que la que la santa sujeta al pájaro en su brazo. 

Y esto es lo que os podemos contar a día de hoy, sin que se nos olvide agradecer a Jesús Delgado Mesonero, secretario de la Asociación de Ciudadanos para la Defensa del Patrimonio de Salamanca, que nos haya dado noticia de los castillos y aves pintados en la ermita de Santa Eulalia de Aguilar de Campoo, algo que puede que sea nuestro mejor regalo navideño. Y os deseamos a todos todo lo mejor, quedando muy agradecidos por el tiempo que dedicáis a la lectura de este Blog y esperanzados de que algún día se encuentren más pajarracos negros que, casualmente, estén revoloteando en torno al santo inglés y a los reyes de Castilla Alfonso VIII y Leonor Plantagenet. ¡Feliz Navidad!

Charo García de Arriba
Miguel Ángel Martín Mas

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