martes, 25 de abril de 2023

El emblema sin figura del monarca Juan sin Tierra

Como ya dijimos en las entradas que sirvieron de introducción a la interpretación del arrocabe trasero de la techumbre, para que los reyes de Inglaterra pudieran desplazarse entre sus territorios continentales, tenía que rendir homenaje al rey de Francia. Es por ello que la unificación de los mismos, sin territorios ajenos por medio, se convirtió en una tarea primordial para el matrimonio formado por Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania.

Para moverse del condado de Poitou al ducado de Aquitania había que atravesar el condado de Angulema. El enlace en el año 1200 entre el hijo menor de Leonor de Aquitania, Juan sin Tierra, e Isabel de Angulema fue providencial, ya que la joven era hija única y, por tanto, heredera del condado. No obstante, el hecho de que Isabel no cumpliera con el compromiso matrimonial previo que tenía con el señor de Lusignan agravó aún más los conflictos con el reino de Francia.


Juan I de Inglaterra, el sin Tierra, ataviado con sus vestiduras reales en una miniatura de Mateo Paris contenida en la Historia Anglorum (s. XIII). Juan se casó en segundas nupcias con la heredera del condado de Angulema después de secuestrarla, ya que ella estaba comprometida con un noble francés, el señor de Lusignan.

Juan sin Tierra debe su sobrenombre a que, por ser el menor de los hijos, quedó fuera del primer reparto de territorios que hizo su padre, Enrique II de Inglaterra. Sin embargo, también podría haber ostentado ese apodo por la cantidad de territorios que perdió a causa de su incompetencia. Precisamente, en 1204, ese año aciago para la familia Plantagenet-Aquitania, Juan perdió en favor del rey de Francia los territorios que había heredado de su padre, Normandía y Anjou. Pero hubo otra pérdida que, al menos en lo sentimental, debió de doler aun más, si cabe: la del condado de Poitou, con capital en Poitiers, el lugar de nacimiento de Leonor de Aquitania, el refugio de la reina ante las infidelidades de Enrique II, la cuna de la cultura caballeresca y trovadoresca, que tanto promocionó, y el lugar en el que se fraguó y negoció el matrimonio de Alfonso VIII de Castilla con su hija Leonor [1].

En contraste con el hijo idolatrado, Ricardo I Corazón de León, Juan llegó a acumular en su persona todos los calificativos despectivos que se nos puedan ocurrir. De hecho, en comparación con el vigor guerrero de su hermano, se le llegó a llamar Juan Corazón de Muñeca [2] y aún hoy es considerado en lo que fue su reino como uno de los diez personajes históricos británicos más nefastos del último milenio [3].

Por otro lado, parece que su esposa, Isabel de Angulema, tampoco fue especialmente querida ni entre sus súbditos ni entre los miembros de la familia real. De hecho, Blanca de Castilla, reina de Francia, le tenía especial inquina, ya que estaba convencida de que la Angulema era culpable de haber distraído a su tío Juan de las tareas de gobierno y de que, una vez viuda, había conspirado contra su hijo, el rey Luis IX de Francia, habiendo incluso tratado de envenenar al monarca galo en 1244. Isabel pasó sus últimos años en la abadía de Fontevraud, donde no sabemos si se refugió o fue recluida, y donde fue sepultada [4].


Efigie de la tumba de Isabel de Angulema en la abadía de Fontevraud. Curiosamente, su efigie es la única tallada en madera mientras que las de los miembros de su familia política están talladas en piedra. 

Todos estos avatares históricos son los que se verán reflejados en la siguiente triada de emblemas que vamos a comentar. Junto al repetido blasón cuartelado de Fernando III de Castilla y de Leín, en el centro, un emblema de campo de plata (blanco) en el que no se aprecia figura alguna, pero enmarcado en losange de realeza. La falta de figuras en un emblema que no se encuentra especialmente deteriorado nos hace pensar que nunca los tuvo y que ésta es una forma de representar al rey Juan sin Tierra, tío de Berenguela y de Blanca, y los territorios perdidos por el mismo desde el aciago año de 1204. Se convierte así el emblema en parlante del personaje al que se refiere, es un emblema sin territorio al que referirse, un escudo sin territorio al que representar. En principio, por el campo de plata, pensamos que tal vez se quisiera reflejar la pérdida del condado de Poitou, cuyo emblema parece que ya era por entonces un león de gules en un campo de ese mismo metal. Sin embargo, nos inclinamos por pensar que se trata de una forma genérica de representar la pérdida de los territorios del ducado de Normandía, del condado de Anjou y del condado del Poitou. Dicha pérdida suponía la imposibilidad de conectar todos los territorios Castilla-Plantagenet sin atravesar reinos ajenos, dado que los territorios perdidos eran los que permitían unir Inglaterra con Aquitania. En este sentido puede no ser una casualidad que el emblema losanjado de la izquierda quede separado físicamente del central por el extremo de uno de los cuadrales, ya que sería una forma de representar la separación territorial de los mismos, la soledad del rey Juan sin Tierra y la pérdida de los derechos que se tenían sobre los mismos.




Blasón del condado de Poitou, cuya capital era la ciudad de Poitiers. 


Blasón sin figura que representa los territorios perdidos por Juan I de Inglaterra en beneficio del rey de Francia. 

Esta crítica se hace más evidente en el emblema que sigue, los rombos del escudo familiar de Isabel de Angulema que, en línea con todos los emblemas que acompañan al resto de losanges de la trasera, se ha trastocado en tonos de luto (oro y sable o azur). 



Arriba emblema del ducado de Aquitania. Abajo reconstrucción del mismo emblema por José Luis García Morán. 


Blasón de Isabel como condesa de Angulema. 


Blasón de Isabel de Angulema trastocado en luto  (color sable o azur y metal oro) por la muerte de Leonor de Aquitania en 1204.


Blasón de Isabel de Angulema como reina consorte de Inglaterra junto a Juan I. 


[1] Cobos Rodríguez, A. (2022). Las Monarcas como Embajadoras: Leonor de Aquitania y Berenguela de Castilla. Disponible en https://arqueotimes.es/las-monarcas-como-embajadoras-leonor-de-aquitania-y-berenguela-de-castilla/ el 14/04/2023.

[2] Pérez, J. (2013). Un inglés, un francés y una española. Disponible en https://reasilvia.com/2013/10/un-ingles-un-frances-y-una-espanola/ el 18/04/2023.

[3] Rodríguez, A. (2015). “Magnas cartas” y relaciones de poder en los reinos plenomedievales. Crónica Jurídica Hispalense. Número 13. Págs. 243 258. Instituto de Historia CCHS-CSIC. Pág. 245.

[4] Varona. M. (2022). Isabel de Angulema. Disponible en https://www.meryvarona.es/isabel-de-angulema/ el 21/04/2023.

domingo, 23 de abril de 2023

El león del rey de Inglaterra y la herencia de Leonor Plantagenet

Situados en el arrocabe trasero de la techumbre, a continuación del emblema que contiene la chova piquirroja de santo Tomás de Canterbury, una primera triada de emblemas presenta en el centro un león de oro sobre campo de gules enmarcado en un losange. Se trata del león o leopardo del escudo de armas de Enrique II de Inglaterra, padre de Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso de VIII de Castilla. Sería ésta una forma de reivindicar a Leonor Plantagenet como sucesora legítima del imperio Angevino frente al cuestionado reinado que, en esos momentos, estaba ejerciendo su hermano pequeño, Juan I de Inglaterra. Recordemos que Leonor Plantagenet y Juan sin Tierra eran los dos únicos hijos de Leonor de Aquitania que vivían en 1204. Esta asignación de las armas plenas del reino de Inglaterra a Leonor se da también en su propia sepultura, que se cubre con escudos que contienen los tres leopardos Plantagenet, en este caso concreto además coronados, que ya había utilizado su hermano Ricardo I de Inglaterra.





A continuación hay un emblema que contiene, en campo de oro, siete roeles y, encima, en jefe, una faja del mismo tono que éstos. Es complejo adivinar el tono de dichas figuras, en realidad parece azur, sin embargo, podría ser también un sable aclarado por el paso del tiempo. Con independencia de los tonos, pronunciarse sobre el significado de este emblema es tarea complicada y la única pista la tenemos en el tramo de arrocabe que creemos que representa a la reina Juana de Ponthieu, en el que hemos interpretado que los roeles de su emblema representaban a los cinco hijos habidos en su matrimonio con el rey Fernando III. Dado que hemos dicho que el emblema central podría querer asignarse a Leonor Plantagenet y que éste contiene siete roeles, podría tratarse aquí de representar a los siete hijos de Leonor Plantagenet que vivían en 1204, en el momento de la muerte de su abuela, Leonor de Aquitania, es decir, a los descendientes que podrían haber hecho valer sus derechos sobre el reino de Inglaterra en nombre de su madre, tal y como hizo Blanca de Castilla, que estaría representada por uno de los roeles. Sería una forma de expresar que cualquiera de los vástagos de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, sin necesidad de ser el primogénito, podría haber reclamado esos derechos en nombre de su madre y que el hecho de que finalmente lo hiciera Blanca no quiere decir que su sobrino Fernando III, que se ubica a la derecha del emblema del reino inglés, tuviera menos derechos o pudiera haberlos hecho valer, en un momento dado, en nombre de su madre, Berenguela, que sería otro los roeles que contiene el emblema izquierdo.



En uno de los paralelismos a los que ya nos tiene acostumbrados la decoración de esta techumbre, la parte velada de este emblema, la faja de sable en jefe, se desvela en el lineal superior de emblemas situados al otro lado del arrocabe trasero. Allí observamos un emblema con un claro paralelismo: un campo de gules sin figuras y, en jefe de plata, lo que a todas luces parecen tres sepulturas. 


Dichas sepulturas serían las de los hijos fallecidos del matrimonio Castilla-Plantagenet: Sancho, Sancha y Mafalda. Aparentemente, carece de sentido la representación tan alejada del emblema que representa a los hermanos vivos, sin embargo, a
lgo que se repite en la techumbre es la necesidad de completar la historia por adición de lo representado a ambos lados. En este caso, esa complementariedad se conseguiría si plegáramos en dos el arrocabe trasero.

A cada lado del emblema que contiene tres sepulturas hay dos emblemas más: dos en losange con las armas del rey de León y otros dos que corresponderían a una representación de Berenguela a partir de su escudo oficial cuartelado en aspa de reina correinante. 


En esta ocasión transforma los tonos a colores de luto (oro y sable o azur), lo que obliga a marcar mucho más la cruz central, y, de nuevo, cambia los castillos por flores de lis. Además, a un lado y otro el orden de las figuras se invierte: el emblema izquierdo tiene flores de lis a derecha e izquierda y leones arriba y abajo y el derecho leones en el centro y flores arriba y abajo. Podría ser ésta una forma de representar un "tanto monta, monta tanto" entre León y Castilla o, jugando con los leones, representar un duelo León-Castilla y otro Castilla-Aquitan¡a (Plantagenet).



Para concluir hemos de decir que a partir del metal oro y el color gules del emblema con león de este primer trío, el resto de los emblemas en losange del arrocabe trasero, excepto el del condado del Poitou, tendrán, invariablemente estos tonos angevinos. Llamamos la atención sobre esto porque, según los expertos, los colores del escudo de Castilla, utilizado por primera vez por Alfonso VIII, se establecen en base a los del escudo de su suegro: en campo de gules castillo de oro aclarado de azur para Castilla y, en el mismo campo, Leopardo/s de oro con uñas clareadas de azur para Inglaterra 
[1].




[1] HURTADO MAQUEDA, J. / Vexilología Medieval hispánica.2023. Ministerio de Defensa. Madrid. Pág. 59.

El enigmático arrocabe trasero y el sueño imperial de la familia Castilla-Plantagenet

Tal y como hemos venido contando, la decoración de la techumbre mudéjar del convento salmantino de Santa Clara tiene como objetivo principal dejar constancia en un espacio sagrado de la legitimidad del proceso por medio del cual el reino de León se sumó al de Castilla en 1230, bajo el reinado de Fernando III, hijo primogénito de Berenguela de Castilla y de Alfonso IX de León y nieto por parte de madre de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet. Lo que nos queda por contar es que el arrocabe de la techumbre en su parte trasera está dedicado a territorios que no estaban integrados en esos dos reinos, pero sobre los cuales la familia Castilla-Plantagenet podía esgrimir derechos de propiedad, ya fuera por parte del rey o de la reina consorte, Leonor Plantagenet, que era hija de Enrique II de Inglaterra, duque de Normandía y conde de Anjou, y de Leonor de Aquitania y del Poitou. Es por ello que en el arrocabe trasero los emblemas que contienen figuras de oro sobre un campo de gules, metal y color respectivamente de las armas de los Castilla-Plantagenet, son los principales protagonistas. Hasta en seis ocasiones encontramos escudos de estas características enmarcados en un losange de realeza y presidiendo una triada de emblemas en la que también está incluido siempre un escudo cuartelado del rey Fernando III de Castilla y de León.


Leonor de Aquitania en una pintura alemana del siglo XIV.

El mal estado de conservación de los emblemas del arrocabe trasero y la cantidad de iconografía utilizada complican enormemente la labor, aunque la simple presencia de dos emblemas, el del rey de Inglaterra y el de santo Tomás Cantuariense, nos lleva a concluir, con poco margen de error, que en esta parte del arrocabe es un espacio reservado para los dominios maternos de la reina Berenguela, aquellos que se extendían más allá de los Pirineos y de los que, como ya hemos dicho, tomó el metal oro y el color gules el emblema familiar castellano. En efecto, el orgullo de la casa castellana por la ascendencia paterna, la de Alfonso VIII, no lo era menos respecto de la materna, por mucho que sus dominios estuvieran lejos de Burgos. Los hechos históricos demuestran que Leonor Plantagenet transmitirá a su prole el orgullo y el vínculo con las tierras inglesas y francesas del imperio Angevino y que este sentimiento estará profundamente arraigado en sus hijas Berenguela de León y de Castilla y Blanca de Francia. Ambas actuarán en pro no sólo de sus propios reinos, sino de todos los territorios familiares, como si formaran parte de un único imperio. 

En las seis próximas entradas vamos a analizar todos y cada uno de los emblemas que decoran el arrocabe trasero, convencidos de que estaremos haciendo un recorrido por territorios a cuyo dominio aspiraba la familia Castilla-Plantagenet. La tónica general es que para cada territorio se dispone una triada de emblemas que en el centro contiene, dentro de un losange, uno identificativo de dicho territorio, a su derecha el escudo cuartelado de Fernando III de Castilla y de León, monarca con legitimidad para reclamar derechos sobre cada uno de los territorios, y a su izquierda un emblema diferente en cada caso, que pareciera enlutado por sus tonos oro y sable (tal vez oro y azur) y que, por las razones que expondremos a continuación, podría representar a algún personaje relacionado con el territorio representado y/o el título en virtud del cual se esgrimen derechos sobre el mismo.

De este modo, y a modo de introducción, los emblemas que vemos el arrocabe trasero son los siguientes, comenzando por el lado derecho: 
  • El de santo Tomás de Canterbury, la chova piquirroja, dando cuenta así de la fe que Leonor Plantagenet, reina consorte de Castilla, sentía por el santo protector de la dinastía Plantagenet-Aquitania.
  • Primera triada: Fernando III de Castilla y de León, reino de Inglaterra y la descendencia de Leonor Plantagenet y Alfonso VIII de Castilla que vivía en 1204.
  • Segunda triada: Fernando III de Castilla y de León, condado del Poitou e Isabel de Angulema, esposa de Juan I de Inglaterra, quedando este último emblema separado de los otros dos de la triada por el cuadral izquierdo. 

  • Una pareja de emblemas: Fernando II de Castilla y de León y ducado de Aquitania.


  • Tercera triada: Fernando III de Castilla y de León, condado de Gascuña y los reyes de Castilla, Alfonso VIII (cruces) y Leonor Plantagenet (verado).




  • Cuarta triada: Fernando III de Castilla y de León, reino de Navarra y Alfonso VIII de Castilla como protegido de este reino.





  • Triada central: Fernando III de Castilla y de León, los difuntos reyes de Castilla, Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, y Berenguela o el infante Alfonso, futuro X de su nombre, como protegidos por la familia Castilla-Plantagenet. 

*Reconstrucción de escudos a cargo del heraldista José Moreiro Píriz, al que agradecemos su generosa colaboración. 

sábado, 22 de abril de 2023

El manto de la matriarca es alargado

En la entrada anterior afirmábamos que en la mente de Leonor de Aquitania y en la de sus descendientes existía una percepción de imperio levantado por la matriarca. Los hechos históricos que refuerzan el argumento de que esta forma de pensar existió son, entre otros, los siguientes:

- El matrimonio entre Enrique II y Leonor de Aquitania no fue para nada pacífico: infidelidades no escondidas, rebeliones auspiciadas contra el rey por la propia Leonor utilizando a los hijos comunes y una reclusión de la reina durante dieciséis años por mandato de su esposo. Es lógico pensar que, con tantas heridas abiertas, aquí en Castilla la familia tomara partido por uno de los dos progenitores. Los hechos históricos y lo que nos cuenta la techumbre de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca apuntan a que lo hicieron en favor de Leonor.


Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania recibiendo a un enviado del rey Felipe II de Francia. 

- Posiblemente el hecho más revelador de esta preferencia por uno de los progenitores sea la visita que una Leonor casi octogenaria realizó a Castilla para llevarse consigo a una de sus nietas en el año 1200. Lo hacía en virtud del acuerdo al que, por su mediación y en busca de paz entre Inglaterra y Francia, habían llegado su hijo Juan sin Tierra y el rey francés Felipe II para que el heredero de este último casara con una infanta de Castilla. Esto es además indicativo de varias cosas importantes:
  • La buena sintonía de la matriarca con el reino de Castilla y con su hija Leonor Plantagenet.
  • La percepción de Leonor de Aquitania de que sus nietas, las infantas de Castilla, eran instrumentos al servicio de su imperio Aquitano, es decir, la consideración de sus territorios de influencia como un todo.
  • La ambición de que ella y/o sus descendientes terminaran controlando Inglaterra y Francia al completo, deseo que también albergarán sus nietas Berenguela y Blanca.


Sello de Leonor de Aquitania. En la mano izquierda sostiene la planta genista, el emblema de los Plantagenet, la dinastia de su esposo, el rey de Inglaterra. En la izquierda un orbe y un ave que quizá fuera una chova piquirroja, el emblema del santo protector de la dinastía Plantagenet-Aquitania y el córvido que aparece representado en cuatro ocasiones en la techumbre de la iglesia del Real Convento de Santa Clara de Salamanca. 


Reverso del sello de cera de la reina Leonor Plantagenet, hija de Leonor de Aquitania y madre de Berenguela de Castilla, en el que se la representa sosteniendo un ave con su mano izquierda. 

- Fallecida Leonor durante el reinado de su hijo Juan sin Tierra, al que había cuestionado como monarca, se desatarán enfrentamientos con Blanca de Castilla, sobrina del monarca inglés. Pues bien, de nuevo, frente al mal gobierno y siguiendo la estela de la abuela, las hermanas de Castilla, Berenguela y Blanca, se enfrentarán como una sola a Juan sin Tierra y a su descendencia, llegando incluso a defender la legitimidad de Blanca para ocupar el trono de Inglaterra [1].

- Más tarde, Blanca impidió el matrimonio de su primo, Enrique III, con Juana de Ponthieu, algo que iba en contra de los intereses de la corona francesa, acordando a cambio el enlace de ésta con Fernando III de Castilla y de León, el hijo de Berenguela, en 1237. No creemos que, como tanto se ha dicho, Berenguela estuviera haciendo un favor a Blanca [2], sino que ambas pensaban en la protección y afianzamiento del imperio Aquitano de su abuela.

- Asimismo, cuando el rey de Jerusalén viajó hasta León con intención de desposar a una de las hijas de Alfonso IX y Teresa de Portugal, los historiadores consideran que es Blanca la que aconsejó al mismo entrevistarse previamente con su hermana Berenguela en Burgos [3]. Esta actuación permitió que Berenguela se adelantara y ofreciera en matrimonio a su hija homónima. Pero, lo importante, una vez más, es que, probablemente, lo que hay es una defensa de las dos hermanas de la causa común aquitana.
 
- Un último argumento importante es la correspondencia constante que mantuvieron las hermanas Berenguela de Castilla y Blanca de Francia durante toda su vida. De ella hace un muy buen análisis Amaia Arizaleta [4] incluyendo a otra mujer de la familia de la que hablaremos en las siguientes entradas, Berenguela de Navarra. Concluye la autora que “los nudos familiares entre estas mujeres fueron resistentes, como lo había sido la herencia de la antepasada común a todas ellas, por sangre o por alianza: Leonor de Aquitania”.

A todo esto, debemos añadir una forma de pensar compartida, derivada de una formación muy avanzada respecto a la posición política, económica, cultural e incluso amorosa y religiosa de la mujer en la sociedad medieval. Su capacidad para llegar a acuerdos de estado, su acreditada independencia de actuación como reinas consortes, madres y/o regentes, su actuación como mecenas de la cultura, en particular la trovadoresca, su posición ya analizada en el tema del amor cortés o la defensa del poder de la mujer en el seno de la Iglesia son buena prueba de ello. Probablemente, en su idea de imperio Aquitano estuviera también la promoción de esta mentalidad. Las tres, Leonor de Aquitania y sus nietas Berenguela y Blanca, actuaron como verdaderas reinas en nombre de sus hijos monarcas. Las continuas ausencias de los reyes debidas a la lucha en las Cruzadas o en la Reconquista posibilitaron esos correinados femeninos en los tres casos.

Como conclusión, para los escépticos, hay una pregunta clave: ¿por qué Bretaña se ha considerado tradicionalmente parte del imperio Angevino y Castilla no? ¿Es porque en el caso de Bretaña el que casó con la titular del ducado fue un hombre Plantagenet y en el de Castilla una mujer Plantagenet casó con el titular del reino, Alfonso VIII? Pero, ¿qué habría respondido a esto Leonor de Aquitania, que envió a su hija Leonor a Castilla con un gran séquito, ideas culturales concretas y una gran independencia económica? 



Leonor de Aquitania representada en ambos casos con un ave de pico y patas de color rojo. Desde luego las aves parecen loros, pero, ¿por qué precisamente con el pico y las patas de color rojo?

Y, por último, tratemos de pensar por un momento como la reina Berenguela. Su orgullo por la ascendencia materna nos lo ha mostrado presentándose en la techumbre de la iglesia del convento salmantino de Santa Clara con una chova piquirroja. ¿No es lógico pensar que ella, que sufrió la privación de poder por el hecho de ser mujer, quisiera reivindicar también el lugar que le correspondía en el imperio que levantó su abuela? ¿No es normal que desee mostrar a su abuela como matriarca de ese imperio? De hecho, reivindicaciones similares las hemos encontrado ya en distintos emblemas cuando Berenguela ha reclamado para sí su condición de reina de León, señora de Salamanca o esposa de Alfonso IX.


[1] PÉREZ, J. "Un inglés, un francés y una española". 2013. Disponible en Un inglés, un francés y una española (reasilvia.com) el 18/04/2023.

[2] MARTINEZ, H. S., Berenguela la Grande y su época. 2012 Ediciones Polifemo. Colección Crónicas y memorias. Pág. 720

[3] MARTINEZ, H. S., Berenguela la Grande y su época. 2012 Ediciones Polifemo. Colección Crónicas y memorias. Págs. 630-631

[4] ARIZALETA, A., "Relatos cruzados: sobre algunas esquivas letras de princesas en el primer Doscientos", 2020. Disponible en Correspondencias entre mujeres en la Europa medieval - Relatos cruzados: sobre algunas esquivas letras de princesas en el primer Doscientos - e-Spania Books (openedition.org) el 19/04/2023.

viernes, 21 de abril de 2023

¿Imperio Angevino o Aquitano?

Ni Enrique II, ni Leonor de Aquitania, ni sus descendientes dieron nunca nombre propio al conjunto de territorios sobre los que ejercían su poder. No es hasta el siglo XIX cuando comienza a acuñarse un término que aglutinara a todos ellos: imperio Angevino, un nombre que deriva de Angers, capital de Anjou, el feudo más antiguo de la casa paterna de Enrique II.


Godofredo Plantagenet (113-1151), conde de Anjou por herencia y desde 1144 duque de Normandía por conquista. Fue el padre de Enrique II de Inglaterra, abuelo a su vez de Berenguela de Castilla. Godofredo solía llevar en su casco una planta de genista, lo que le dio el apodo de Plantagenet, que se convertiría en el nombre oficial de su dinastía.

Decía la escritora Julia Navarro en la presentación de su novela Una historia compartida que la Historia siempre se ha escrito “desde la supremacía masculina”. Con ese punto de vista hemos perdido no solamente matices, sino aspectos tremendamente relevantes para entender a los protagonistas implicados. Creemos que el concepto “Angevino” es un buen ejemplo de ello. Es un término acuñado desde el punto de vista de Enrique II cuando, tal vez, hubiera sido más justo y enriquecedor valorar la percepción de su esposa y de sus descendientes femeninas, en particular, las de Berenguela y Blanca de Castilla, acerca de los territorios sobre los que se desplegaba su poder e influencia.

Dentro del imperio Angevino, tradicionalmente, junto con otros muchos territorios menores, se han incluido:
  • Los territorios aportados al matrimonio por Enrique II: el reino de Inglaterra, los señoríos de Irlanda, Escocia y Gales, el ducado de Normandía y el condado de Anjou.
  • Los territorios aportados por Leonor: el ducado de Aquitania (Guyena) y los condados de Poitou y de la Gascuña.
  • El ducado de Bretaña, ganado a través del matrimonio de su hijo Godofredo con Constanza de Bretaña.
Pero, si analizamos, como haremos en las siguientes entradas, el arrocabe trasero de la techumbre, concluiremos que, si hubiéramos preguntado a Berenguela, y seguramente a la propia Leonor de Aquitania, probablemente nos habrían respondido que, si hubo un imperio, no fue Angevino, sino Aquitano y, si hubo alguien al frente del mismo, fue Leonor de Aquitania y no Enrique Plantagenet. Esta percepción es además relevante para los confines del mismo imperio ya que para ellas ese imperio Aquitano se extendería hasta el reino de Castilla gracias al matrimonio de Leonor Plantagenet con Alfonso VIII e incluiría Francia en virtud del enlace de Blanca de Castilla con el heredero francés. Allí donde había una persona, hombre o mujer, descendiente de Leonor de Aquitania y que ejercía el poder de alguna forma, llegaban los dominios de esta magnífica mujer.



Imagen de un salterio del siglo XII que se cree que representa a Leonor de Aquitania en su senectud. Esta mujer ejerció su poderosa influencia en territorios de Inglaterra y Francia pero también en los reinos de Castilla y de León gracias a su hija Leonor y a su nieta Berenguela respectivamente. 

Lógicamente, en una Historia dominada por la masculinidad, no podemos hablar de tal imperio desde un punto de vista estrictamente científico-histórico. Pero sí creemos que, en la mentalidad de unas mujeres tan avanzadas para su época, estaba esa idea de que, con independencia de lo que el momento histórico les permitía mostrar, ellas eran reinas por derecho propio.

Eso es lo que entendemos que esconde la trasera de la techumbre de las Claras de Salamanca, que, en medio de todos los enfrentamientos entre Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania, se la reivindica a ella como verdadera matriarca de su propio imperio.

Las pruebas de que esa forma de pensar existió, las veremos en la siguiente entrada, titulada "El manto de la matriarca es alargado".

jueves, 20 de abril de 2023

La gran Leonor de Aquitania, dueña de su destino

La protagonista indiscutible de la techumbre en su arrocabe trasero es Leonor de Aquitania y, aunque de ella podríamos hablar largo y tendido, vamos a ofrecer simplemente unas pinceladas biográficas que nos vendrán bien para comprender el porqué de su representación en esta joya del patrimonio salmantino.

Leonor, hija del duque de Aquitania, nació en la ciudad de Poitiers (para otros autores en Burdeos) allá por el año 1122. Era hija Guillermo X de Aquitania, hijo, a su vez, de Guillermo IX, el Trovador, uno de los condes y duques franceses con gran poder de los que hablamos en la entrada anterior. Su madre, Aenor de Châtellerault, dio al duque Guillermo un hijo y dos hijas. Fallecido el único hijo varón, Leonor, cuyo nombre significa “la otra Aenor”, pasó a ser la heredera. Para una mujer de su época recibirá una educación amplísima en materias tan dispares como Aritmética, Historia, Música, Literatura y también Artes Ecuestres y de Cetrería.

En 1137, siguiendo la tradición familiar, Guillermo X decidió viajar en peregrinación a Santiago de Compostela, recorriendo el conocido desde antiguo como “Camino de las Estrellas”, el Camino Francés, que nacía en sus territorios de la Gascuña. Llegado a Santiago, cuenta la versión más extendida que durante los oficios de Viernes Santo perdió la consciencia y falleció [1].

Se convertía así Leonor en una de las personas más poderosas de toda Francia y, en consecuencia, en la soltera más codiciada de Europa. Sin embargo, su padre consignó por escrito su deseo de que se casase con el heredero del trono francés, el futuro Luis VII. Las versiones son dispares y van desde las que dan a Leonor por engañada -ya que el enlace beneficiaba indudablemente al monarca al agrandar sus dominios- a las que dan a Leonor por falsificadora del documento, puesto que ella se reservaba el control de sus ducados y condados en vida y ganaba para sí el título de reina.

Aquel matrimonio no funcionó, en parte porque, a una mentalidad abierta y trovadoresca como la de Leonor, el comportamiento tremendamente mojigato de Luis le pareció equivalente a haberse casado “con un monje” [2]. Así que al final, parece que de común acuerdo y con la excusa de no tener heredero varón, lograron que el papa anulara su matrimonio.


Encuentro entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra, reyes que fueron ambos esposos de Leonor de Aquitania. 

Pocas semanas después, Leonor de Aquitania se casó con el que, en breve, sería Enrique II de Inglaterra, monarca con el que dio comienzo la dinastía Plantagenet. Leonor conseguía así ostentar de nuevo el título de reina y Enrique añadir a sus territorios de Inglaterra, Normandía y Anjou todos los que aportaba Leonor: Aquitania, Poitou y Gascuña.

De gules, un leopardo de oro, armado y lampasado de azur, el escudo del ducado de Aquitania. 

Aquel matrimonio pareció funcionar bien en un primer momento, pero unos años después las cosas se fueron torciendo, revelándose Leonor como una mujer totalmente independiente para lograr sus propios fines. Además, la existencia de una amante provocó el enfrentamiento entre Leonor y Enrique, y a partir de 1173 la reina promovió el enfrentamiento de tres hijos del rey contra su padre. Tras reprimir la rebelión, el rey encarceló a Leonor, primero en Chinon (Francia) y luego en Salisbury (Inglaterra), y no fue liberada hasta la muerte de Enrique II en 1189.




Fresco que se conserva en el castillo de Chinon y que muestra a Leonor de Aquitania cabalgando junto a dos escuderos y a su hijo Juan sin Tierra y la segunda esposa de éste, Isabel de Angulema. 

Fallecido su marido, el trono de Inglaterra lo heredó su hijo mayor, el preferido, el conocido como Ricardo Corazón de León y, a la muerte de éste en 1199, su hijo menor, del que parece que no tenía tan buen concepto, Juan I de Inglaterra, apodado Juan sin Tierra. Se obviaba así el derecho legítimo de Arturo y Leonor de Bretaña, los hijos del hijo mediano, Godofredo, ya fallecido, a heredar el reino.


Ricardo I siendo ungido durante su coronación como rey en la abadía de Westminster, Londres. Ilustración de una crónica del siglo XIII. Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra fueron tíos carnales de Berenguela de León y de Castilla. 

Durante su viudez Leonor actuó como verdadera reina en nombre de sus hijos monarcas, organizando el gobierno y estableciendo varias alianzas matrimoniales muy relevantes para la interpretación de ciertos emblemas que exhibe nuestra techumbre. Todo ello es muy revelador de su carácter y permite extraer otra conclusión sobre la que queremos ir llamando la atención: el paralelismo, salvando las distancias, entre las vidas de Leonor y la de sus nietas Berenguela de Castilla y Blanca de Francia, que también jugaron un papel muy importante como reinas con auténtica capacidad de gobierno y como hábiles negociadoras políticas [3].


Descendencia de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania. 


Sepulcros de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania en la abadía de Fontevraud, localizada cerca de la ciudad de Chinon, en el condado de Anjou. 

Leonor de Aquitania ya se había encargado personalmente de concertar los detalles de la boda de su hija homónima con Alfonso VIII de Castilla, lo que beneficiaba la estabilidad de los territorios que por nacimiento eran de su propiedad, Aquitania y Gascuña. Además, una vez viuda, viajó a Pamplona para concertar el matrimonio de la princesa Berenguela de Navarra con su hijo Ricardo, llevándosela posteriormente para celebrar la boda en la isla de Chipre. Seguramente, Leonor también influyó en el precipitado matrimonio de su hijo Juan con Isabel de Angulema y, casi octogenaria, viajó hasta Castilla para llevarse a una de sus nietas, Blanca, y convertirla en la futura reina de Francia. Esta última actuación es muy reveladora del concepto de imperio familiar que tenían Leonor y después también sus descendientes y es a esto precisamente a lo que dedicaremos la entrada siguiente.

[1] ORS, J., Eva García Sáenz de Urturi, “Un Planeta para el Año Jacobeo”, 2021. Disponible en: Eva García Sáenz de Urturi, un Planeta para el Año Jacobeo (larazon.es) el 14/04/2023

[2] Markale, J., La vida, la leyenda, la influencia de Leonor de Aquitania. Reina de Francia, de Inglaterra, dama de los trovadores y bardos bretones, Editorial: Jose J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1999. Pág 25.

[3] COBOS RODRIGUEZ, A. Las Monarcas como Embajadoras: Leonor de Aquitania y Berenguela de Castilla 2022. Disponible en Las Monarcas como embajadoras: Leonor de Aquitania y Berenguela de Castilla (I) - ArqueoTimes.es y Las Monarcas como embajadoras: Leonor de Aquitania y Berenguela de Castilla (II) - ArqueoTimes.es el 14/04/2023.

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