sábado, 11 de noviembre de 2023

Ilegitimidad III - Borduras tachadas

Es más que probable que la infanta Berenguela fuera educada en la corte castellana con un sentimiento de superioridad frente a las ramas leonesa y portuguesa de la familia paterna. No en vano la Grande era, por parte de padre, nieta del hijo primogénito de Alfonso VII el Emperador, Sancho III, y, por parte de madre, nieta de Leonor de Aquitania, reina primero de Francia y luego de Inglaterra, además de sobrina del famosísimo caballero cristiano Ricardo Corazón de León. Por otro lado estaba el asunto de que en la rama castellana los matrimonios reales se habían mantenido estrictamente dentro de lo establecido por el papado respecto al grado de consaguineidad entre los contrayentes, lo que les convertía a ellos y a su descendencia en legítimos ante Dios y, seguramente, según su propio punto de vista, en merecedores de convertirse en la familia imperial heredera de Alfonso VII con los reinos de León y de Portugal como vasallos del castellano. En cambio, en las ramas leonesa y portuguesa los hijos del incesto causaban problemas con fatales consecuencias. Por ejemplo, Teresa de León (1080-1130), condesa portucalense, fue una hija ilegítima que Alfonso VI tuvo con su amante Jimena Muñoz. De los titulares del condado portucalanse, la mencionada Teresa y su esposo Enrique de Borgoña, nacería el que se convertiría en el primer rey de Portugal, conocido como Alfonso I, perdiendo así el reino de León una parte importante de su territorio. Por el lado leonés, Fernando II (1137-1188) se había casado con Urraca de Portugal, nieta de una hermanastra de su abuela; de ese matrimonio nació Alfonso IX de León, que a su vez se casó con su prima hermana Teresa de Portugal, siendo anulados ambos matrimonios por el papa y convirtiéndose así los hijos en ilegítimos, con todos los problemas que ello acarreaba a la hora de la sucesión.  


Ricardo Corazón de León, tío de Berenguela, enfrentándose a Saladino, sultán de Egipto y Siria, durante la Tercera Cruzada.


Teresa de León, hija ilegítima de Alfonso VI. Se casó con Enrique de Borgoña, que hubiera preferido casarse con la hija legítima, Urraca I de León, pero fue postergado en favor de su primo Raimundo de Borgoña. Teresa, en guerra con su hermanastra Urraca, hizo todo lo posible porque su hijo Alfonso llegara a ser el primer monarca del reino de Portugal, con lo que el reino leonés perdía un territorio que jamás recuperaría.

Alfonso IX casó en segundas nupcias con la hija de su primo carnal Alfonso VIII, Berenguela, rompiéndose así la racha de legitimidad matrimonial castellana, terminando ese enlace anulado por el papa, aunque la reina bien que se ocupó de que su hijo, el futuro Fernando III de Castilla y de León, fuera reconocido como legítimo por la Santa Sede en 1218. Le costaría mucho dinero y el compromiso de por vida de ella y de algunas de las mujeres que la sucedieron con la orden religiosa de las Damianitas, transformada luego en la de las Clarisas, pero lo consiguió además con tesón e inteligencia.


Panteón de los Reyes de San Isidoro. Cuando Berenguela entro aquí por primera vez una vez convertida en reina de León, con apenas dieciséis años, probablemente puso en duda parte de la educación recibida en Castilla. Se había convertido en la monarca del antiguo y glorioso reino, el que inició la Reconquista, y su marido era el hombre que más le podía recordar al admirado tío de las historias que le contaba su madre porque Alfonso IX fue, al fin y al cabo, nuestro monarca Corazón de León. 

Trasladándonos de nuevo al sobrao de la Historia de León, la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca, allí podemos ver que hay pintados sobre sus maderas dos emblemas que lucen borduras cargadas de aspas. Tradicionalmente se ha considerado que el origen de esas aspas está una condecoración que concedió Fernando III a los caballeros que participaron en la toma de la ciudad de Baeza el día de san Andrés de 1227. Lo cierto es que no se sabe con certeza en qué día se tomó Baeza, de hecho las fuentes musulmanes nos proporcionan otra fecha, y, además, san Andrés no se comenzó a representar con una cruz aspada hasta mucho tiempo después. Así las cosas, nos tememos que Gonzalo Argote de Molina (1548-1569) se sacó de la manga lo de la bordura con cruces de san Andrés en un episodio más de invención de la memoria de la nobleza renacentista, dispuesta a cargar sus armas con todo tipo de figuras a las que acomodaban historias que engrandecieran su pasado.

Lo que nosotros pensamos que representan las borduras cargadas de aspas en la techumbre es la ilegitimidad de un matrimonio real, tachándose así una figura, un castillo o unos verados, fórmula que luego fue adoptada por la nobleza cuando ya no se sabía lo que esto significaba en origen, convirtiéndose así nuestra techumbre salmantina en un inventario que dotaría de armas a los Varillas, los Maldonado, los Zúñiga, los Tejeda, los Enríquez y los Haro, familia esta última que incorporó la bordura aspada a sus armas con lobos de sable en campo de plata. 


Armas de la familia Haro. aliada de la reina Berenguela en su guerra contra la de los Lara. Siendo los lobos de sable sobre campo de plata unas de las armas nobiliarias más antiguas en la península ibérica, esa bordura de gules cargada de ocho aspas no lució ahí desde siempre, se añadió después, un día os contaremos la posible razón para esto, que desde luego no es la historieta de las cruces de san Andrés y la batalla de Baeza elucubrada por un fantasioso heraldista del siglo XVI. 

Los estatutos del limpieza de sangre de mediados del siglo XVI condujeron a una obsesión por el linaje, factor determinante de muchas fábulas familiares normalmente relacionadas con las gestas de la Reconquista. Gonzalo Argote de Molina, importante erudito español de ese tiempo, fue también un gran fabulador de pasados legendarios y orígenes míticos.

El primero de estos emblemas con bordura de aspas se encuentra en el cuadral derecho, en el momento en el que la crónica heráldica y visual nos cuenta que Berenguela se encuentra librando una guerra con la familia de los Lara en 1217 (Véase la entrada del 22/3/23 titulada "Si Berenguela hubiera sido derrotada...). Se trata de un emblema con un verado de sable sobre campo de plata y una bordura de gules cargada de ocho aspas de oro. Frente a él está el emblema que representa a su hijo Fernando como hijo del rey de León (con sus armas plenas) y de una infanta castellana (bordura de gules cargada de ocho castillos de oro). Pues bien, si Berenguela hubiera perdido esa guerra, la situación de su hijo Fernando hubiera sido la de ilegítimo ya que por entonces todavía no había sido reconocido por el papa, viéndose obligado a abandonar Castilla para acogerse bajo amparo de su padre el rey de León. Las aspas tachan la figura de su madre, dada la ilegitimidad del matrimonio de sus padres, y los verados muestran la protección ofrecida por el monarca.


Emblema del infante Fernando el Castellano como fruto de un matrimonio ilegítimo y bajo la protección de su padre el rey de León. 


Emblema del infante Fernando el castellano como hijo legítimo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla ya que aparece la bordura materna cargada de castillos. 

El segundo emblema que muestra bordura con aspas está situado en el lienzo III del arrocabe izquierdo, donde se representa la muerte de Alfonso IX de León y el luto de su esposa Berenguela. Como justo enfrente, en el arrocabe derecho, está representada la proclamación de su hijo Fernando como rey de León en 1230, cosa que se hace mostrando las armas plenas del monarca leonés, el león púrpura sobre campo de plata, al difunto rey no se le puede representar con el mismo emblema de uso personal. Sabemos que la interpretación de este emblema puede resultar polémica, si la ponemos bajo el foco nuestra mentalidad moderna, así que hagamos un esfuerzo e intentemos entrar en la mente de una reina del siglo XIII sabia, cristiana hasta la médula, extremadamente orgullosa de su estirpe y educada en la cultura trovadoresca. La bordura de sable cargada con dieciocho aspas nos recuerda a la bordura del emblema que representaba a la descendencia de Alfonso IX y Teresa de Portugal en el cuadral derecho. Las aspas tapan en esta ocasión los verados, a su vez representación del reino de Portugal, un reino que según la corte castellana debería ser vasallo suyo. Las "tachaduras" de los verados son el estigma de la consanguineidad del matrimonio de sus padres. Al mismo tiempo el león púrpura del reino de León se tiñe de los colores gules y oro del reino castellano, representándose así que, en la corte de Burgos se consideraba que ése debería ser también otro reino vasallo suyo o, quizá, algo más asumible para los que amamos y respetamos la historia del viejo reino leonés, el deseo oculto de Berenguela de haber reinado junto a su esposo en León y en Castilla. 


Emblema que representa al difunto Alfonso IX de León. 


Emblema de la descendencia de Alfonso IX de León y Teresa de Portugal representada como legítima, ya que las figuras de la bordura no están sustituidos por las aspas. Se la presenta como legítima porque, en un momento dado, fue considerada como una de las opciones para heredar el reino de León en perjuicio del hijo de Berenguela. En todo caso, y contradiciendo lo anteriormente dicho, la bordura no está cargada con una figura clara que represente a Teresa de Portugal o el reino de Portugal, lo que quizá signifique que Berenguela daba por ilegítima a esta línea de descendencia y sea ésta otra forma diferente de indicar tal hecho. 

Ilegitimidad II - El tan obediente castellano y el tan rebelde leonés

Si por el papa Inocencio III, el azote de los matrimonios reales incestuosos, hubiera sido, Alfonso IX jamás habría llegado a ser rey de León ya que era hijo del matrimonio entre Fernando II de León y Urraca de Portugal, nieto él de Urraca I de León y nieta ella de Teresa de León, ambas hijas de Alfonso VI. Dado el grado de consanguineidad entre los contrayentes, este enlace fue anulado por el papa Alejandro III en 1175, pero el caso es que, en 1188, año de la muerte de Fernando II, su hijo Alfonso contaba con el inquebrantable apoyo de la nobleza y el clero leonés, así que fue proclamado como monarca a pesar de su condición de ilegítimo a ojos de la Santa Sede.


Fernando II de León, padre de Alfonso IX de León y tío de Alfonso VIII de Castilla, según una miniatura del Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela.

Lo cierto es que a Alfonso IX nunca le importó una higa lo que dijeran desde Roma, había sido excomulgado por el papa Celestino III en 1191 a causa del pacto que había firmado con los musulmanes almohades y aun así nadie en su reino se levantó contra él. Es por ello que no tuvo ningún reparo en desposarse con su prima hermana, Teresa de Portugal, sobrina de su madre, en 1191, un matrimonio que en 1196 ya había quedado deshecho ante la presión ejercida por el mismo papa que lo había excomulgado. No obstante, de este matrimonio nacieron tres vástagos: Sancha, Fernando y Dulce.


Emblema situado en el cuadral derecho de la techumbre que, según nuestra interpretación, representa a la descendencia habida entre Alfonso IX de León y Teresa de Portugal, teniendo en cuenta que su único hijo varón, Fernando el Portugués, había muerto en 1214. Según el prestigioso heraldista Faustino Menéndez Pidal de Navascués, la bordura es precisamente una creación heráldica castellana de mediados del siglo XIII para combinar los linajes paterno y materno.


Detalle de los veros del forro de la capa del rey Alfonso IX de León. En la heráldica primigenia veros y verados (veros que no son de color azul) representan la protección otorgada a una persona o un territorio de menor entidad por un rey o reino.

Por otro lado, estaba su primo Alfonso VIII de Castilla, siempre cumplidor con Roma, que era hijo de un matrimonio sin tacha, el de Sancho III y Blanca Garcés de Pamplona. Además, para evitar cualquier problema de consanguineidad, al rey castellano le buscaron una esposa en tierras extranjeras, Leonor Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, con la que se desposó en 1170. La primogénita de este matrimonio fue Berenguela, nacida en 1180, a la que en 1197 casaron con Alfonso IX, primo hermano de su padre, en una maniobra política que iba a acabar con la cruenta guerra que en ese momento libraban los reinos de León y de Castilla y que además podría engendrar un heredero medio castellano para el reino de León. Con este enlace la familia real castellana acababa con la racha de matrimonios libres de incesto, pero las circunstancias bélicas y políticas mandaban y había que arriesgarse, aunque eso supusiera la infelicidad de por vida de una hija. Lo cierto es que el amor surgió tras la conveniencia, pero el matrimonio fue forzado a llegar a su fin por el papa Inocencio III en 1204. Si por Alfonso IX hubiera sido, Berenguela se habría quedado junto a él en León, pero para los padres de ella primaron las buenas relaciones con el papa y el temor de Dios, así que la reina leonesa se vio de vuelta en Castilla con sus dos hijas y sus dos hijos y con un título al que nunca renunció. 


Emblema que representa a la descendencia habida entre Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla. Armas plenas del padre en el centro y bordura de gules cargada de castillos de oro por la madre. Se ecuentra situado en el cuadral izquierdo de la armadura, mostrando Berenguela a sus hijos como legítimos ya que la bordura está cargada con los castillos.


Emblema de Fernando III de Castilla reconocido por el papa Honorio III como heredero legítimo del trono de León en el año 1218. Damos por hecho que Berenguela tuvo que llegar a algún compromiso con el papa Honorio III para que el rey castellano ganara la carrera de galgos por el reino de León frente a sus hermanastras leonesas-portuguesas Sancha y Dulce. Sin duda, los galgos castellanos corrieron "dopados" por la Santa Sede

Uno de los cinco frutos de este matrimonio fue el infante Fernando, futuro Fernando III de Castilla desde 1217 y de León desde 1230, tronos que el hijo consiguió gracias a que la madre dedicó todos sus esfuerzos a eliminar la mancha de ilegitimidad que había caído sobre él desde el mismo momento de su nacimiento. El reconocimiento definitivo como heredero legítimo del reino de León llegó en 1218, cuando el papa Honorio III ratificó lo que ya en 1206 Alfonso VIII y Alfonso IX habían firmado en el Tratado de Cabreros. Resulta muy curioso que a partir de ese mismo año de 1218 Berenguela se convirtiera en la principal valedora de las comunidades religiosas de damianitas, algo que le había pedido el mismo papa que había legitimado a su hijo, siendo precisamente una de esas comunidades el germen de lo que se convertiría en el convento de Santa Clara de Salamanca, para cuya iglesia se construyó una techumbre que, según nuestra interpretación, se decoró con una crónica visual-heráldica que narra precisamente hechos de la vida de Berenguela y de su hijo Fernando III.


Santa Clara de Asís. Según María del Mar Graña Cid en su artículo "Reinas, infantas y damas de corte en el origen de las monjas mendicantes castellanas (c. 1222-1316).  Matronazgo espiritual y movimiento religioso femenino" la reina Berenguela y Clara de Asís mantuvieron correspondencia y la monarca se convirtió en la principal valedora de los beateríos de mujeres viudas y huérfanas a causa de la guerra contra los musulmanes. Estos beateríos se transformaron primero en comunidades de Damianitas y luego en conventos de Clarisas como el que tenemos en Salamanca. El nombre de Damianitas viene porque Clara estableció su primera comunidad en la iglesia de San Damián de Asís. 

jueves, 9 de noviembre de 2023

Ilegitimidad I - Odio entre primos hermanos

Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, primos hermanos y además suegro y yerno, se odiaban con toda su alma. Ambos eran nietos de Alfonso VII, el Emperador, el monarca de León que dividió sus dominios entre dos de sus hijos, ocurriendo así que desde 1157 Fernando II reinaría en León y Sancho III en Castilla, reino éste último que nació en ese mismo año y que iba a convertirse con el paso del tiempo en el preponderante en toda la península ibérica. Los dos Alfonsos se consideraban herederos de Alfonso VII y merecedores de reinar tanto en León como en Castilla, así que ésta sería la razón de la constante rivalidad entre ellos. 


Alfonso VII de León, que reinó entre 1126 y 1158 sobre Asturias, Galicia, León, Zamora, Salamanca, Portugal y Castilla, el abuelo de Alfonso VIII de Castilla y de Alfonso IX de León. 


Distribución de los reinos en la península ibérica a comienzos del siglo XIII, reinando Alfonso IX en León y Alfonso VIII en Castilla. 

Sancho III de Castilla murió apenas un año después de su ascenso al trono, así que, desde 1158, con apenas tres años, su hijo reinó como Alfonso VIII.  El rey niño de Castilla tuvo como tutor a un miembro de la familia Castro y como regente a un miembro de la familia de los Lara, en un intento de equilibrar las relaciones de poder entre estos dos linajes castellanos, pero aquello no podía salir bien y la guerra civil se hizo inevitable. Fernando II de León hizo todo lo posible por hacerse con el control de Castilla aprovechándose de la minoría de edad de su sobrino y de la guerra nobiliaria que se libraba en ese reino, pero murió sin haber podido alcanzar sus objetivos, sucediéndole su hijo, Alfonso IX, en 1188.


Alfonso VIII, monarca de Castilla entre 1158 y 1214.

En junio de ese mismo año los dos primos y monarcas se reunieron en la localidad fronteriza de Carrión de los Condes. El castellano, que tenía un bagaje de treinta años como rey, armó caballero al recién proclamado rey leonés e hizo que éste le besara la mano. Alfonso IX jamás olvidó tamaña afrenta, era inconcebible que el antiguo y glorioso reino de León rindiera vasallaje al nuevo reino castellano. Pero Alfonso IX no lo iba a tener nada fácil ya que tanto Portugal -el condado desgajado de León y convertido definitivamente en reino en el año 1179- como Castilla ansiaban ganar territorios a su costa. Además, existía la amenaza de los musulmanes almohades por el sur, con lo que León pasó de ser el más poderoso de los reinos peninsulares a verse encajonado y rodeado de enemigos por todas partes.


Alfonso IX, monarca de León entre 1188 y 1230. 

En 1197 León y Castilla estaban librando una terrible guerra fratricida. Tropas aliadas castellanas y aragonesas invadieron León por Salamanca y tropas leonesas hicieron lo propio con Castilla por la Tierra de Campos. Cuentan las crónicas que castellanos y aragoneses saquearon y arrasaron la localidad leonesa de Alba de Tormes y causaron verdaderos estragos en las tierras de Salamanca. Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso VIII de Castilla, sufría enormemente al ver cómo a Burgos no dejaban de llegar refugiados huyendo de la devastación que los leoneses estaban causando en la Tierra de Campos. Ella, que era hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, la reina que había acudido junto a su primer esposo, el rey de Francia, a luchar contra los sarracenos en Tierra Santa, no podía comprender que dos monarcas cristianos, además primos hermanos, libraran una guerra entre ellos mientras la mitad de la península ibérica estaba bajo el control del Islam. Solamente un matrimonio podía poner fin a esa insensata guerra, así que Leonor propuso casar a su primogénita, Berenguela, con Alfonso IX de León. A Alfonso VIII no le hizo mucha gracia la idea de entregar su hija a su peor enemigo y primo, pero tuvo que ceder, de casta le viene al galgo y la Plantagenet era una mujer de carácter; Alfonso IX, viéndose asfixiado ante tantos enemigos, vio en este matrimonio su salvación y la de su reino. De este modo, Berenguela, infanta castellana, reinó en León entre 1198 y 1204. El matrimonio no pudo durar más ya que el papa Inocencio III, en una bula de 25 de mayo de 1199, había decretado la excomunión de los esposos y el entredicho para el reino de León, declarando "espúrea e ilegítima" cualquiera "prole que viniese de tan incestuosa y maldita cópula".


Inocencio III, papa entre 1198 y 1216, azote de los matrimonios reales incestuosos. 

Era éste un tiempo en el que el papa tenía el poder de echar al traste la política matrimonial de las casas reales puesto que, si los declarados como esposos ilegítimos no se avenían a razones, podían sufrir la excomunión o ver cómo su reino era puesto en entredicho, sentencia ésta que suponía que no se podían celebrar los sacramentos, lo que por fuerza terminaría soliviantando al clero y al pueblo, que no podía casarse, bautizar a sus hijos o enterrar a sus muertos como Dios manda.

Además, el hecho de que un matrimonio real fuera declarado ilegítimo por el papa suponía que los hijos frutos del mismo fueran también declarados ilegítimos, con lo que éstos perdían su derecho a la sucesión, abriendo todo ello las puertas a que el rey se volviera a casar, ese nuevo matrimonio sí pasara el filtro del papa y el trono fuera para el hijo de otra esposa. La ilegitimidad matrimonial y los problemas que ésta causaba fueron una verdadera obsesión para la reina Berenguela, que había sufrido en extremo al verse forzada a separarse de su esposo y a abandonar el reino de León, así que esa obsesión y ese miedo necesariamente habrían de reflejarse en esa crónica histórica visual que nosotros creemos que ella misma diseñó para decorar la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca. Fernando, el hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, nacido en el año 1201, fue, según el papa, un hijo ilegítimo, así que su madre luchó denodadamente para revertir su condición, algo que finalmente ocurrió en 1218, lo que permitió que se convirtiera en rey de León en el año 1230, una historia que había que dejar reflejada en una iglesia para que, cada vez que allí se consagrara la forma, se confirmara que todo había ocurrido conforme a derecho y de acuerdo con la voluntad de Dios.

martes, 31 de octubre de 2023

Noche de difuntos en Las Huelgas de Burgos

Nos gusta pensar que cuando María del Pilar Barrigón Montañés empezó a documentar su tesis doctoral "Vestirse para la muerte en el panteón de Las Huelgas de Burgos: cultura textil en la Castilla plenomedieval. Un estudio del ajuar de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet (†1214)" su impresión debió de ser que los muertos habían estado de fiesta la noche anterior y que, al llegar la madrugada y escuchar pasos, cada uno se había metido en la sepultura que le caía más cercana cogiendo la ropa que tenía más a mano. Y es que esta próxima noche, que será la de difuntos, os queremos contar que, probablemente, y según cantaba el grupo Mecano, no hay cementerio menos serio que el del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas.


Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas.


Sepulcros de Leonor Plantagenet y Alfonso VIII.

Por ejemplo, la protagonista de nuestras investigaciones, Berenguela la Grande, ha cambiado de lugar de descanso, si así puede llamarse a la mudanza constante, en al menos cuatro ocasiones. En primer lugar debió de estar en un lugar transitorio para conseguir que su cuerpo perdiera la humedad y mal olor antes de ser depositado en un sepulcro. El monasterio precisaba para este fin de un pudridero, que así es como se denomina al recinto o la estancia que para este menester existe aún en el monasterio de El Escorial; allí pasan los cadáveres de los reyes y reinas entre veinticinco y cuarenta años. Nadie sabe dónde estaba aquel primitivo pudridero real burgalense, tal vez en la capilla de la Asunción, aunque muchos opinan que hacia las veces del mismo las Claustrillas, la construcción más antigua del monasterio. Lo que sí han llegado hasta nosotros son un buen número de las estelas funerarias que, seguramente, se colocaban sobre aquellas sepulturas provisionales. Muchas presentan emblemas labrados iguales a los que podemos ver pintados en el arrocabe la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca: la flor de lis aislada o en un grupo de cinco, la banda o las cinco estrellas de ocho puntas. Esta coincidencia quizá nos permita identificar las estelas que en su día se colocaron sobre las sepulturas de Alfonso VIII, Leonor Plantagenet, Berenguela o Beatriz de Suabia.


Emblema que en la techumbre de la iglesia de las Claras creemos que representa a Alfonso VIII de Castilla y estela funeraria de Las Huelgas que quizá fuera la colocada en el primer enterramiento de dicho monarca.


Emblema con flor de lis y estela funeraria con la misma decoración que pensamos que pertenecen a Leonor Plantagenet, reina de Castilla y madre de Berenguela.



Emblema y estela funeraria mostrando cinco estrellas de ocho puntas. La estrella de ocho puntas es un motivo que aparece en las epifanías medievales, es la estrella de Belén, símbolo de la fe y de la defensa de la Cristiandad.


Emblema que en la techumbre representa a la fallecida reina Beatriz de Suabia y estela funeraria de Las Huelgas con una cruz flordelisada y el mismo emblema repetido dos veces. Beatriz de Suabia fue sepultada primero en Burgos y tiempo después su hijo Alfonso X trasladó su cadáver a la catedral de Sevilla. 

Tras pasar por ese proceso natural, tomando, como decía el cronista Juan de Osma, "el camino que ha de seguir toda carne", el cuerpo se trasladaba a un sepulcro emplazado en el interior del monasterio. Los restos de Berenguela se trasladaron a un sepulcro que a día de hoy carece de decoración, pero que en su momento debió de estar decorado profusamente con pinturas. La cal esparcida en tiempos de peste terminó con cualquier atisbo de color.

Años después, a su nieta Berenguela, hija de Alfonso X y Violante de Aragón, se le hacía poco aquella sepultura para una reina conocida como la Grande, así que dispuso el traslado de su abuela a un nuevo sepulcro mucho más decorado y rico escultóricamente hablando. Pero tras fallecer y pasar por el pudridero la nieta, alguien decidió devolver a Berenguela abuela a su sepulcro original y enterrar en el nuevo a quien lo había encargado, la nieta del mismo nombre. Si visitáis Las Huelgas, podéis ver los sepulcros de ambas, nieta y abuela, emplazados muy cerca de las sepulturas de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet para los que, por cierto, también existe la duda al respecto de si sus restos han pasado por uno, dos o tres lugares diferentes.


Sepulcro de la reina Berenguela de León y de Castilla (1180-1246). 

Si todo este ajetreo os parece poco, durante la Guerra de Independencia los soldados franceses se dedicaron a abrir los sepulcros en busca de joyas y después metieron los restos humanos y la ropa al buen tuntún. De esta forma, los estudios posteriores se han dedicado a adivinar de qué muerto era cada ropaje y ajuar: "si Alfonso VIII lleva unas vestiduras de color azul, lo mismo esta camisa es suya, este cinturón de aquí tiene su mitad en aquel otro y la manga que falta a esta casulla puede que sea aquella que aparece junto al calzón del sepulcro del fondo".


Cofia con la que fue enterrado el infante Fernando de Castilla, hermano de Berenguela, fallecido en Madrid en 1211.

Y todo lo anterior sin hablar del traslado de sepulcros de nave en nave y de capilla en capilla y de las constantes aperturas para realizar diversas investigaciones, ocurriendo que durante una de ellas se dejaron dentro de uno de los sepulcros una caja de cerillas de 1870, suponemos que por si el fallecido precisaba de un poco de luz allí dentro.

En fin, que resulta una verdadera lástima que las piedras no hablen porque las de Las Huelgas podrían contarnos un montón de cosas que no sabemos. Lo que sí se da es la enorme casualidad de que algunas estelas funerarias que se conservan en lo que fue el hogar de Berenguela y algunos emblemas que decoran nuestra techumbre salmantina, cuyo diseño atribuimos a la misma monarca, coinciden de manera sorprendente. Aunque, pensándolo bien, no nos parece tan sorprendente ya que, si por un lado creemos que Berenguela fue la diseñadora de la decoración de la armadura, por otro sabemos con seguridad que fue ella la encargada de organizar los sepelios de todos estos miembros de su familia en el monasterio de las Huelgas: 

- Su hija primogénita, Leonor, en 1202.
- Su hermana Mafalda en 1204.
- Su hermano Fernando, heredero del trono castellano, en 1211.
- Sus padres, Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, en 1214.
- Su hermano Enrique, rey de Castilla, en 1217. 
- Su hermana Leonor, en 1221.
- Su nuera, Beatriz de Suabia, en 1235.
- Su nieta Leonor, hija de Fernando III y Beatriz de Suabia, nacida en 1225 y fallecida en su juventud en una fecha desconocida.
- Su hija Constanza, religiosa en Las Huelgas, en 1242. 
- Su hermana Constanza, abadesa de Las Huelgas, en 1243.


Cofia con la que fue enterrado el rey Enrique I de Castilla, fallecido en 1217. La pregunta que nos surge es por qué Berenguela enterraría a su hermano con una cofia decorada supuestamente con el emblema de la familia Lara, sus peores enemigos en ese momento. El rey niño murió en Palencia cuando estaba bajo la custodia de los Lara, así que se piensa que la cofia se la pusieron ellos, pero lo normal es que Berenguela se la hubiera quitado y cambiado por otra cuando sepultó a su hermano en Burgos.


*Los dibujos de las estelas funerarias de las Huelgas han sido extraídos del artículo "Estelas medievales del monasterio Cisterciense de las Huelgas de Burgos", cuyo autor es Joan Menchon. 

domingo, 1 de octubre de 2023

La dama, el león y la flor de lis

Apenas nos quedaba alguna duda al respecto de que los emblemas que contienen flores de lis en la decoración de la techumbre de la iglesia del convento de Santa Clara de Salamanca representan a personajes de las monarquías leonesa y castellana. Por ejemplo, cinco flores de lis de oro en campo de gules para Alfonso VIII de Castilla, el monarca que conquistó Cuenca en 1177 y que venció en el año 1212 a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa, en la que participaron caballeros de los cinco reinos cristianos peninsulares: Castilla, Navarra, Aragón, León y Portugal. 


El mismo emblema aparece con el campo de sable, de luto, en el primer tramo del arrocabe derecho, esta vez representando al heredero, el futuro Alfonso X, destinatario principal del speculum princeps que conforma la decoración de la techumbre y llamado a ser el sucesor de su abuelo Alfonso VIII y de su padre Fernando III en la cruzada que se luchaba en la península ibérica.


También vemos flores de lis en distintos cuartelados, siendo éstos precisamente una invención heráldica castellana del siglo XIII. Por ejemplo, a la izquierda del emblema anterior vemos una flor de lis en los cuarteles primero y cuarto de un emblema que representa de nuevo al infante Alfonso. Hasta 1252 es un rey sin reino —no hay leones ni castillos en los cuarteles—, ya que de momento sólo ostenta la tenencia de ciudades y, en ese sentido, se prepara para cuando llegue el momento de suceder a su padre, no siendo todavía el legítimo monarca.


Muy similar al anterior emblema, pero esta vez con leones en los cuarteles segundo y tercero, nos encontramos un cuartelado en la triada central de emblemas del arrocabe trasero, seguramente representando al monarca leonés en el momento en el que se decora la techumbre, Fernando III de Castilla, haciendo hincapié así en la legitimidad del hijo de Alfonso IX de León para reinar no sólo donde lo hizo su abuelo materno, sino también donde lo hizo su padre. 


Y flores de lis acompañando a leones las encontramos en tres emblemas cuartelados en aspa que, por tener esta disposición, creemos que representan a la reina Berenguela, ya que es con un cuartelado aspado con castillos y leones con el que se la representa en la tabica superior de los lienzos centrales de los arrocabes laterales de la techumbre. En línea con lo indicado en el párrafo anterior, se trataría de poner énfasis en la realeza leonesa de la monarca, una reivindicación en toda regla.


Y es que las crónicas nos cuentan que Berenguela finalmente salió triunfante, consiguiendo para su hijo dos coronas, la de Castilla en 1217 y la de León en 1230. Esta flor de lis con dos cetros cruzados nos habla de una monarca de dos reinos o quizá también de que en esos reinos correinaban una reina madre y su hijo, el rey Fernando III. 


Con una flor de lis enmarcada en un losange y enlutada se identifica a Alfonso IX de León en el tramo de arrocabe en el que se representa su fallecimiento. El conquistador de Cáceres, Mérida y Badajoz falleció en 1230 y, a pesar de representarlo al lado con un emblema que, en nuestra opinión y en línea con las crónicas coetáneas, delata su ilegitimidad y carácter de rey vasallo de Castilla, también se le representa con la flor de lis que le corresponde por su categoría regia.


Todo esto lo dedujimos interpretando estos emblemas junto a los que les acompañan en la decoración de la techumbre salmantina, teoría que se vería reforzada durante una visita al Real Monasterio de Las Huelgas, hogar de la reina Berenguela en Burgos, donde pudimos ver dos estelas funerarias en las que las flores de lis labradas sobre la piedra presentan un antiguo diseño exacto al de las que aparecen pintadas en la techumbre de Salamanca. Es muy posible que la estela que contiene un escudo con cinco flores de lis y tiracol identificara una sepultura temporal de Alfonso VIII, tal vez una que hiciera las veces de pudridero. Pero hay una estela más con una flor de lis, seguramente parte de la primera sepultura de otro monarca o heredero fallecido, quizá de la del infante Fernando o de la de Enrique I, hermanos de Berenguela, o tal vez incluso de la Leonor Plantagenet o de la misma Berenguela, quién sabe.



En cualquier caso, aquella similitud entre las flores de lis labradas de Burgos y las pintadas de Salamanca, situadas en dos lugares tan estrechamente relacionados con la reina Berenguela, fue un auténtico espaldarazo para nuestra investigación, pero no acabarían aquí las sorpresas ya que, entre los canecillos de la iglesia de San Marcos de Salamanca destaca una flor de lis labrada con un diseño exacto al que tienen las de las Huelgas de Burgos y las pintadas en las Claras de Salamanca. 


Podría estar allí por cualquier razón, pero seguramente no se trata de ninguna casualidad, puesto que los reyes de León, Alfonso IX y Berenguela, siendo ella además tenente de la ciudad de Salamanca, fundaron precisamente en esa iglesia la Clerecía de San Marcos, una asociación para la formación de los clérigos salmantinos, en el año 1202.

Además, en las pocas columnas que se conservan del claustro románico del convento de Santa Clara de Salamanca, cuyo origen fue una comunidad de mujeres Damianitas, de las que la reina Berenguela fue su principal valedora y protectora, también podemos ver flores de lis decorando los capiteles, además de las que se pueden ver en la decoración de la armadura de la iglesia del mismo convento. 





Aun así, a pesar de la acumulación de pruebas, como ya hemos dicho, siempre quedan dudas, que se terminarían disipando definitivamente tras una visita a la iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos, situada en el término municipal de Olmos de Ojeda, en la provincia de Palencia. 


Allí, en el rincón más oscuro del transepto nos maravillamos ante la visión de un bello sepulcro de piedra blanca soportado por leones, el de de Sancha Alfonso, hija natural 
de la dama portuguesa Teresa Gil de Soverosa y del rey Alfonso IX de León, fallecida en el año 1270. Siendo Sancha la primogénita del ayuntamiento del rey de León con su madre y consciente de que la flor de lis era emblema de reina leonesa, debió de pensar que merecía decorar su sepulcro con leones y lirios, lo que nos reafirma en la idea de que el emblema con cinco flores de lis sobre campo de gules no fue en origen las armas de los Maldonado, sino que éstos se limitaron a sustraer dicho diseño de la techumbre de las Claras cuando ya nadie sabía lo que representaba este emblema.  








En el sepulcro de Sancha Alfonso figura la fecha de MCCCVIII, que es la correspondiente a la Era Hispánica, lo que significa que, según nuestro calendario actual, murió en el año 1270. La relación entre Alfonso IX y Teresa Gil de Soverosa fue la más duradera que mantuvo el rey, durando desde 1218 hasta su muerte en 1230, dándose por supuesto que nunca llegaron a casarse, y de ella nacieron cuatro hijos criados en la corte leonesa, así que no es de extrañar que estos vástagos se consideraran con derecho a lucir emblemas reales. 

Sancha Alfonso estuvo a punto de ser canonizada tras encontrase su cuerpo incorrupto, pero el proceso quedó paralizado al descubrirse que se trataba de una hija ilegítima, lo que no parecía lo más adecuado para una santa. Durante un tiempo se jugó a la confusión ya que lo cierto es que existió otra Sancha Alfonso, ésta legítima hija del rey Alfonso IX y de su primera esposa, Teresa de Portugal, fallecida hacia 1243 y enterrada en el monasterio de Santa María de Villabuena, en El Bierzo. En todo caso, para nosotros Sancha Alfonso la ilegítima, la hija de Teresa Gil de Soverosa, siempre será la santa que intercedió para resolver definitivamente el misterio de la dama, el león y la flor de lis, así que no podemos dejar de mostrar aquí su bonita momia, conservada en el Monasterio de las Comendadoras de Santiago de Toledo.


Por si todo lo anterior fuera poco, la reciente adquisición del libro Los descendientes de Alfonso IX de León y Teresa Gil de Soverosa. Sus enterramientos, cuyas autoras son María Luisa Martín Ansón y Concepción Abad Castro, nos desveló que en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León se conserva una urna funeraria decorada con un león y flores de lis. No se sabe de quién eran los restos que albergó dicha urna pero, visto lo visto, apostamos que pertenecieron a otro descendiente del monarca leonés Alfonso IX. Ahora bien, nosotros no nos atreveríamos a afirmar que ese descendiente, tal y como indican Calderón Medina y Faustino Menéndez Pidal de Navascués, era ilegítimo y de la rama de los Soverosa, ya que la combinación de león y flor de lis estaba muy asentada en la realeza leonesa a finales del siglo XII y principios del siglo XIII, siendo prueba de ello el sello de Fernando II de León que da validez la Carta Puebla de Benavente. Por lo tanto,nosotros nos atrevemos a apuntar que esa tumba pudiera ser la de la infanta Leonor, la hija primogénita de Alfonso IX y Berenguela, heredera leonesa por nacimiento y fallecida con tan solo cuatro años de edad.


Signo rodado de Fernando II de León. Obsérvese la flor de lis en la boca del felino.


Imagen, con © Museo San Isidoro de León, del escudo de la urna funeraria que se conserva en el Panteón de los Reyes.


Reproducción del escudo de la urna funeraria por el heraldista José Moreiro Píriz.

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